viernes, 20 de julio de 2007

Oscuras conclusiones

Oscuras conclusiones

Confusión de las formas
vientos raros
pasos inseguros ensuciando tal vez
o tal vez no, tu senda por la vida.
errores que ya habías olvidado
saltan contra tu cara y te recuerdan
que la vida es muy larga
que hay que andar con cuidado.

Debe ser el otoño que se cierne
sobre el alma de todos, lo que causa
este daño moral,
esta llovizna
de cosas indecibles
y oscuras conclusiones.

No hay salvación, observas,
están todos podridos
y hasta el más inocente lanza un dardo.
“He de buscarme un casco protector
para estos truenos
infames de septiembre”.

Olvídate de todos,
ya lo sabes
no sé por qué te vendes como saldo,
si sabes que al hacerlo te condenas.

Limpia tus pensamientos
con las lluvias
que te trae este otoño
inoportuno.



Círculos de confianza

El miedo a la soledad,
ese miedo al vacío que nos vuelve serviles,
tolerantes,
es la causa de casi todas nuestras penas.

Círculos de confianza,
círculos de rencor
como grilletes,
esposas que nos vamos colocando.

Miedo a la libertad,
miedo al olvido,
certeza de que todo cuando hacemos
repercute a su vez sobre otras cosas
el día de mañana.

Hipotecamos el presente
en aras de un futuro
retorcido.



Mierda de vasos

No sé si sabes que
ya no tengo vasos,
se me han roto todos
con no poca impotencia por mi parte.

No hay nada peor
que un vaso roto
y luego otro
y otro.

No todos de golpe
de un zarpazo
violento y estridente.

Sino de uno en uno y en silencio
disimuladamente,
para llenar tu espíritu de pena,
de esa impotencia que causan
los vasos al romperse,
porque, por lo general
nunca vuelven a ser lo mismo,
y hay que botarlos
y limpiar aquí y allá…

Mierda de vasos.



Hermoso y libre

Cuanto más nos aferramos
empuñando criterios como lanzas
más rápido esas ideas
se desvanecen.

Como humo, sí, como quimeras,
que ideas son ideas y no rocas.
No lanzas, no trincheras, sólo humo
hermoso y libre, afortunadamente.




Somos lo que escondemos

Imperceptibles acciones
que definen tu camino sin saberlo.
Microscópicos detalles
que revelan tu interior.

Somos lo que escondemos
lo que no decimos.




Los valores morales

Son distintos, complejos, delicados
los problemas del alma y sus medidas.
Basta andar para ver.



La necesidad de estar con uno mismo

Es necesario estar con uno mismo
cerrar filas en torno a la razón
que brota desde dentro.

No hay equivocación posible
si se escucha la música interior.



Memorándum

Hoy la vida me sonríe
No he de olvidarlo
Que la vida me sonríe hoy
Y me seguirá sonriendo siempre
Que yo quiera
Y que la vida quiera.



Caballos salvajes

Dime cuándo fue que puse freno
a mis caballos salvajes.

Creo que leí una vez que se podían
hallar allí, en los ojos de la gente.
durmiendo como ángeles ocultos.

En el fondo del fondo de los ojos
de esos locos, ahora domesticados
que ponen pasto mezclado con somnífero
a los suyos.


La fiera

Pobre de tí, hombre, crédulo,
no tienes esa ancestral sabiduría
de las abuelas.

Buscas la fiera sabia que habita en tu interior,
casi la sacas, te están creciendo pelos en la oreja,
cuando de esa misma oreja surge, mecánica,
la letanía del manual.

Te comes entonces a la fiera,
con un canibalismo
propio de las especies superiores,
o peor, la domesticas,
obedeciendo las costumbres
como el más dócil mamífero.

Te conformas pensando que un día,
cuando quieras,
esa fiera vendrá
y saldrá a la superficie.

Lo que no sabes
es que las fieras andan escaseando,
y que ya no saldrán cuando las llames,
se quedarán adentro,
o tendrás que sacarlas del bolsillo,
e inflarlas como palomitas,
a golpe de alcohol, o mezcalina.




Los hambrientos

Hace diez minutos ha pasado
la tristeza.

Con look de ejecutivo de segunda,
con metas terrenales, objetivos
a corto, mediano y largo plazo.
Con un cartel que dice: “yo me adapto,
hazme un contrato fijo”.

Estrategias, balances, y propuestas
a flor de portafolio.

Con hijos y mujer
solos en casa,
con sueños aparcados
por tiempo indefinido.

Me ha sorprendido ver esa sonrisa
en su cara de triste,
esa sonrisa cómplice, de iguales
(supongo que no me ha reconocido).
Hoy llevo el antifaz de los hambrientos.




Vengo de lo eterno

Tú me persigues a mí y yo persigo la belleza.
Y un lugar tranquilo para pensar
y para no hacer nada.

La poesía, sí, la poesía,
ese hobby de vagos soñadores.

Tiempo para pensar y deprimirse,
para pensar y alegrarse,
para pensar…

Para evadirse tras delirios de grandeza,
de estos días pequeños y mezquinos.

No hay alegría como la del sueño
no hay más tristezas que abrir los ojos
y ver el mundo lleno de truhanes y suicidas.

Sí, ya lo sabes, no vivo en este mundo,
confieso de una vez que vengo de lo eterno.




La dignidad y los charcos

Una persona que mira arriba
es una persona altanera
o pretenciosa.

Digna, sí, pero a qué precio,
la dignidad es algo subjetivo.

Y una persona que mira arriba
no es más digna que el poeta
que se detiene en los charcos.

La dignidad está ahí
pese al punto de vista que se escoja.



Decir que existo sin ofender

Quiero decir que soy esto y lo otro,
decir que existo sin ofender
decir, soy igual que tú,
es algo obvio
entonces, no me pises.

Respétame, vecino, soy de ley
pero no soy imbécil, como crees.
soy extranjera, quizás diferente
pero en ningún momento retrasada.

Pido respeto, a tí yo te respeto,
intento comprenderte aunque seas raro,
es lo que tiene la otredad, nadie la entiende,
y pocos la traspasan sin ofensas,
sin enredarse en esa telaraña
de límites difusos
entre lo mío y lo ajeno.

Yo no quiero ser tú, sino yo misma,
préstame tu paisaje, tu oxígeno
y yo te prestaré mis energías
para que sigas creciendo entre algodones
creyendo en democracia, en la belleza
en eso que te venden como vida.



La vida vulgar

Temo a la vida vulgar, temo al abismo reductor del ser, esa rutina.



La nada

Sola, como siempre debí estar
sola, quiero estar hasta que sea
mi hora.

No quiero despedidas
que tristes se me antojan.
No quiero luz de velas
que la luz siempre es luz aunque no alumbre.

La oscuridad me llama, me adormece
con su gas silencioso, que vuelve las palabras
incoherentes mezclas de ideas.

No quiero más ser yo, ¿puedo ser otra?
¿Puedo cambiar después de haber cambiado
tantas veces como me fue posible?


He jugado a ser dios, y aquí está el precio
que tengo que pagar, hay un vacío.


No lo puedo llenar con otra máscara,
Porque ya estoy muy grande para juegos.

Es la hora de ser, yo no soy nadie
soy nadie y estoy sola.
Y la nada empieza a gustarme
demasiado.



El trance

Este juego que inventamos es muy bueno
pues juega con nosotros sin saberlo,
utilizamos la vanidad del otro y ¡mire usted!
la nuestra se ha salido por los poros

Claro que ya no sé si mi indecencia
esta pose de poetisa trasnochada
se originó en mi ser, o fuera de eso
que reconozco como mis atributos.

Fue el auditorio que exigió otra víctima
otra cabeza más para encumbrarla
y, por supuesto, luego, hacerla añicos,
o colgarla para que los incautos
sepan a qué atenerse si se lanzan
a leer poesía frente a otros
sin estar preparados para el trance:
vertiginosa izada hacia las cumbres
del Olimpo, de las musas
donde te invade un éxtasis supremo
que dura lo que dura tu entusiasmo,
o lo que seas capaz de resistir
equilibrista expuesto a los azotes
de quienes te encumbraron falsamente
para luego escupirte a los zapatos,
zarandearte, vengarse a través tuyo
de lo que les pasó por vanidosos
o lo que no les pasa, por cobardes,
por no tener aplomo, ni entusiasmo
o las dos cosas: juventud y ganas
de merendarse el mundo de un bocado.



Casco y mala espina

Era demasiado hermosa para ser intelectual.
Entonces me mandé a hacer unas gafas
extragrandes.
Dejé crecer mi pelo como jungla,
por supuesto bajé, ya que mis curvas
me impedían del todo ser etérea.

Y aquí estoy hoy, por fin reconocida,
miembro activo del club de los poetas.
Dondequiera que hay juerga me presento
y hay algunos que, incluso, me saludan
con un leve ademán de bienvenida
(ya me creen su igual)

Más, qué pena, mi pluma ya no danza,
más que para escribir palabras huecas:
notas de prensa, cuentas (que no cuentos)
documentos de auténtica rutina.
“Qué pena, ahora que doy el tipo”, pienso
que sea tan sólo casco y mala espina.




El club de los poetas gordos

Los poetas son vagos seres revolucionarios,
opuestos al estilo que se impone
contrarios a la moda del momento.
La moda de estos tiempos horrorosos
es no dejarse ver, ser invisibles,
o al menos esqueléticos mendigos
con ropas harapientas, de diseño.
Entonces los poetas, indignados,
se llenarán de grasa las barrigas,
para contrarrestar tanto cadáver
ya ni exquisito, tanto hueso flaco,
tanto culo caído.

Sería muy gracioso
ver una reunión de luchadores
de sumo intelectual,
que se agarrasen
ya no por las rodillas
sino por las grasosas
vanidades hinchadas
de lípido y glucosa
y endorfinas.



Peces de rutina

Sigo apurando los minutos hasta el fondo,
sigo nadando sola en este mar lleno de peces de rutina.



La censura del oído

Como en una armadura encarceladas
Las palabras no fluyen en mis versos,
Transparentes.

Antes deben pasar por la censura,
La espiral de conciencia,
Este oído exigente y melindroso
Que sacrifica todo en pos del ritmo
Y la rima asonante, consonante y suicida.



Hay días

Hay días en que mi pelvis
es una espiral histérica que domina mi cerebro y mi interior
y todo huele a sexo y a jolgorio.

Vivir en esos días
es toda una aventura que me deja extenuada,
alegre, pero el cuerpo hecho pedazos
seca, pero feliz y realizada
habiendo conocido
lo que es la plenitud,
habiendo dado
el súmum de mí misma,
mis entrañas.
Habiéndole dejado aquella huella
de uñas a la tierra
por pura vanidad
por ser yo misma
y por joder.



Conclusión

Después de analizarlo varias veces
con métodos estadísticos confiables
creo que nunca seré rica.

Soy poetisa.



Lentitud

Me gusta prolongar las cosas
inútilmente
hasta ver qué dan de sí.

A veces los extremos dan sorpresas
agradables.

Improvisar,
algo de adrenalina,
otro color.

Exprimir los minutos a las horas,
burlarnos del reloj.



Notas

1.- No despreciar el poder corrosivo de una gota de hastío.
2.- Ni el poder revelador de un sueño apenas entrevisto.



Envejecemos

Envejecemos
¿qué duda cabe?
Para más datos preguntar a los vecinos.


Comerte al mundo

Tú tienes cara de poder comerte al mundo
y a mí me vuelven loca los hambrientos,
con mi eterno complejo de Alma Mater.



A un pretexto

No sé si lo sabes, eres un pretexto,
carne de poesía, motor espiritual,
eres la chispa que me hacía falta
para prender.

El fuego que crece bajo mi soplido,
pretendiendo comerme.

Un fuego que se cree invencible
(no sabe que soy aire que lo inflama,
causa de su delirio huracanado).

Y un día seré agua, no lo olvides,
te apagaré esa rabia sin consuelo,
esa rabia que no ha encontrado cauce
porque no me has quemado,
no lo dudes,
que, aunque luces bonito así, encendido
eres sólo un pretexto, y yo soy aire y agua.
aire para encender,
agua para apagar…

El día y a la hora que yo quiera.



Sería grandioso, amor

Aunque delires como yo
no hay garantías
de que soñemos lo mismo.

Sería una alegría
encontrarnos a veces en lo alto
y decirnos adiós.

Sería grandioso, amor
que fuera cierto.


Cursi y enredadera

Te quiero con un cariño
desesperanzado y triste
que, sin embargo, se agolpa
aquí en mi pecho
y me hace absolutamente cursi
y enredadera,
y ponerme la ropa de domingo
para esperarte,
como si no supiera
que ya es lunes y estás tras las ventanas,
y no llegas hasta mí
como quisiera:
con tu sonrisa azul
y tu mirada verde y angelada.



Chispas de gato en celo

Si yo me encontrase contigo,
si un día estuviésemos en la misma órbita,
chocarían nuestras constelaciones
en un beso de satélites
con chispas de gato en celo
y rayos, y centellas, y truenos.



Una estrella fugaz

Aquella noche descubrí una estrella
subí al espejo y me miré a la cara
con sonrisa burlona y picaresca.

Siempre he sido mala para lo bueno
buena para lo malo
y para ti, incondicional.

Pero aquella noche descubrí una estrella
que brillaba en el cielo y deslumbraba
y pasado el efecto pareció un espejismo.

Pasé horas sin creerte en mi pupila
negando aquel hallazgo, sospechando
del cielo que te puso frente a mí.

Hoy lo sé, desconfiaba de tus luces,
brillabas demasiado,
un segundo después te consumiste.



Fuegos fatuos

Pienso en ti, sudores fríos
dolor en vientre, cosquilleo
pensar que ayer no te conocía
y que hoy que te conozco no te tengo.

Pienso en ti, ¿será mi sino
andar detrás de luces, fuegos fatuos?

Nada puede impedirme que te piense,
primavera-dolor del alma mía.



Para el hombre que sólo me conoce a pedazos

Tú apenas me conoces,
mejor dicho, crees que me conoces,
cuando has visto de mí sólo una parte
de esta luna que soy.

Has atisbado formas,
circunstanciales giros de mi rotación
y crees que me conoces,
y por ello me hablas como si fuera de tus ojos
presa.



Todos buenos


Todos somos buenos:
tú en tu planeta de neón
de no sé qué burbuja, eres bueno.

Yo en mi inconstante desandar,
batiendo alas infinitamente
también lo soy.

Pero como todo en esta vida
la bondad
también tiene gradaciones,
hay bueno, menos bueno, no tan bueno…
Tú y yo pertenecemos a la raza de los no tan.



Como gatos rasgarnos la moral

Había que arrasar la mesa y ponerse en acción
mas no lo hicimos.

Como salvajes, correr tras de la pieza
mas no corrimos.

Como gatos, rasgarnos la moral
maullar, subirnos al tejado y revolcarnos
y dar vueltas y vueltas
correr, saltar las vallas…

Y en cambio tú me diste tu sonrisa
y yo te di un papel, que era mi alma.

Hablamos y hablamos y volvimos a hablar hasta cansarnos
de la casa, el trabajo, las noticias,
los ideales, el tiempo, el destino…
Intentando llenar con las palabras
el tremendo vacío.

La luz que vi en tus ojos
se fue apagando sola
y la mía tres cuartos de lo mismo.

Tú pagaste la cuenta y mientras tanto
yo guardé en la cartera mis instintos.

Nos fuimos despidiendo
con beso en la mejilla y un suspiro
coloidal e impotente,
cargado de deseo reprimido.

Yo no lo sé de cierto
pero dicen que allí donde dijimos
adiós, se secó un árbol
justo en el sitio en que nos despedimos.



Amor de verano

No hay verdades ni mentiras
no hay culpas ni traidores
sólo hay dos cuerpos que se desnudan en la tarde
y se miran a la cara y se emocionan.
Sólo hay un amor inmenso flotando en el aire
entre las olas, debajo de las olas.

Sólo hay la certeza de este minuto tierno y volátil
y la total incertidumbre del mañana
y el miedo a separarnos
y sentir este dolor en el costado.



Los prejuicios

Los prejuicios
son algo más que previos
son barreras
tan altas que hay que ser pez volador para saltarlas.

Cuántas cosas hacemos en su nombre
Y cuántas, que quisiéramos, no hacemos.



Ahora que eres real

Hubiera preferido que no fueras
predecible y humano,
que te quedaras siendo una metáfora.



Pesimista

La mejor manera de quedarse sin sueños es follárselos.
Pasarlos por la piedra para no tener más sueños,
o para que estos deseos inalcanzables,
hechos de aire y material sensible
se vuelvan realidad, es decir, nada.


Una sonrisa

Una sonrisa para adentro es mi secreto
una sonrisa por los días que he vivido.


Los espejos

Ya no temo mirarme a los espejos
soy yo misma y mi sombra es sólo mía.


Salto al vacío

Conozco esas miradas
los amantes
que comienzan a ir juntos por la vida
y –no sé bien por qué- se congratulan
de su mucho valor, de este tremendo
paso adelante en el vacío.

Creo que se abrazan
para darse coraje mutuamente:
si andar en uno es malo
andar en dos, peor.


Mirándome de fuera

Porque el mar está sucio y agitado
creo que me duele el alma.

Porque no hay nada claro en mi memoria
y se enlazan las noches y los días
lo bueno con lo malo
y sigo confundida y alelada
como fuera del mundo y de mi cuerpo.

Mirándome de fuera
sin poder hacer nada
para salvar mi cuerpo de las llamas
del destino fatal que me convida
a quemarme y perderme de mí misma.


La necesaria libertad de los amantes

El amor
no es el sentido de posesión,
no es el cómodo escalón en que subirse
para alcanzarlo todo de un abrazo.

El amor
es darse cuenta de la inutilidad del egoísmo
de todo gesto que limite
la necesaria libertad de los amantes.



Antes del beso

Tras del éxtasis llega la cordura,
los deberes cotidianos, la paciencia.

Son tan pocos instantes en la vida
en que olvidamos todo lo que somos
que tenerlos es ya tesoro en mano.

Si después del tropel de sentimientos
llega el orgasmo, el éxtasis, el cauce,
hagamos una fiesta, pero nunca
olvidemos que también fuimos felices
antes del beso.


La incredulidad

Crecer es darnos cuenta
de que a veces los consejos
no son buenos.

Es medir las palabras que decimos
y evaluar el discurso que nos llega,
porque no todo es bueno y conveniente.

Dejamos de ser niños ese día
en que somos conscientes de que estamos
solos y extraviados ante el camino,
con un mapa borroso entre las manos,
y un libro de instrucciones incompleto
cuya única premisa nos desarma:
"haga usted lo que pueda en esta vida".

Pero la sospecha de que hemos ganado
experiencia vital nos llega cuando
entendemos por fin de qué va el juego:
todo vale si a ti te lo parece,
no hay reglas inviolables, ni hay justicia,
tan sólo un burocrático balance
que para colmo a veces llega tarde o jamás.

La ley
es que no hay ley que no se pueda
vulnerar.



Amo al árbol

Amo al árbol que yace junto a mí
porque es de roble
bueno y noble.

Amo a ese árbol
no sé por qué motivo.
Quizás porque me escucha y desde su silencio
sé que me entiende
y aunque no pueda decirlo
lo veo en sus hojas verdecidas,
lo veo en su sombra acogedora.

Un día le hice daño, sin quererlo
rasgué su tronco fuerte y poderoso,
con manos miserables.

Lo creí viejo y seco,
pero nunca fue el fruto más sabroso,
y nunca mi conciencia más amarga.

Quizás estaba escrito
que yo habitara un árbol como éste
en esta vida.
No un pájaro, no un pez, un árbol fuerte.
Admirable volumen de músculos y nudos.
Más frágil si más recio.

Bello y fuerte como un felino en guardia.
Seco y dulce como un hombre de antes.
Silencioso.



La vida verdadera


Cantemos a la vida cotidiana
La vida verdadera.
A ese amante paciente que nos brinda
Calor y compañía.
Y aunque no siempre sepa interpretarnos
Nos escucha.

Es muy fácil sufrir por lo prohibido
Lo etéreo.
Lo ilusorio despierta sensaciones
Deliciosas.
Pero aún más sabroso es ir viviendo
Cada día
Un pedazo de sueño que se cumple
Una dulce rutina.

5 comentarios:

JOSÉ TADEO TÁPANES ZERQUERA dijo...

Hola otra vez:
Mi mañana hoy ha tendido tu nombre. No he podido pararme hasta llegar al último de tus versos. Me has atrapado, y he disfrutado de lo lindo. He llorado también, y he festejado esta maravilla que es el encuentro con la poseía. Mientras te leía, decía a mis amigos del chat que estaba ocupado leyendote, y les pasé tu link. Algunos demoraron en contestar. Ya charlaremos ellos y yo de tu poesía. A mí de momento, me ha dejado un algo en el alma, porque tus versos se han hecho un hueco allí. Son versos okupas. Nada, un verdadero placer, que espero se repita. No me divorcies de tus versos. Besitos:
Tadeo

Ivis dijo...

Tadeo,
Esto es mucho para un solo corazón. Me siento muy honrada de que alguien sensible como tú me lea y me dedique un minuto de su tiempo. Eso es más de lo que esperaba.
Muchas gracias, Tadeo, un millón de gracias.

JOSÉ TADEO TÁPANES ZERQUERA dijo...

Hola Ivis:
No te tomes mis palabras como un cumplido, porque he dicho lo que siento en lo más hondo de mi corazón.
Creo que eres una magnífica poeta, y tienes una sensibilidad y un talento natural para el verso que no me creo nada que no hayas cultivado, porque si no lo has cultivado, si no hay horas de lecturas poéticas detrás de estos trabajos, si no hay acercamiento a poetas para que te den consejos sobre estos temas de la escritura, entonces serías un verdadero genio.
Tu poesía es un compendio hermoso de aciertos poéticos, y algunos pocos desaciertos que no hacen más que humanizarte, porque de lo contrario, pensaría que eres la reencarnación de Dulce María Loynaz, o algo así, porque tienes que saber que pocas veces encuentra uno tantos chispazos de la más alta poesía reunidos en una poetisa no mundialmente conocida.
Aparte de tus dotes innatas para el verso, envidio yo de ti, esa libertad, ese sacarte los poemas de las entrañas. A veces el oficio hace que uno se saque los versos de ese sitio confortable, pero frío, y aunque haciéndolo, puedes conseguir buenos versos, cuando los versos se sacan de donde los sacas tú, entonces es cuando se consiguen los mejores resultados, así que en eso te admiro, porque yo muchas veces tiro del oficio y me olvido de mis entrañas, y es algo que me critico a mí mismo.
Luego quiero decirte que algunos de tus versos los había leído ya en la red, en ciertos foros literarios, no me preguntes cuáles, porque visito y he visitado unos cuantos. Ojalá que hayas sido tú quien los publicara, porque de lo contrario tendré que darte la mala noticia de que alguna chica los publicó a su nombre. Bueno, eso pasa, pero cuida tu obra, regístrala si no lo has hecho ya, pues tienes aquí un pequeño gran tesoro. No lo olvides, que te lo dice uno que sabe de "sangre" ( AMOR VERTICAL)
Besitos:
Tadeo

Isaeta dijo...

Estoy de acuerdo con Tadeo. Leí todos los versos de un tirón, y cada vez que terminaba un poema, incluso los más breves, me quedaba aquella sensación mágica de haber recibido un contundente golpe en la cabeza. Es lo único que pido de la poesía: que sea abierta, fácil de leer, como si se apurara el mejor vino de un solo trago, pero una vez bebido, confirmas casi de inmediato que tiene cuerpo, lucidez y espíritu.
Debes tener un mundo interior muy especial y una sensibilidad que te permite sacar punta a las palabras y domarlas a tu antojo.
Hacía mucho que no leía poesía. De hecho, la de muy pocos me gusta y tampoco me siento digna de hacerla... es demasiado salvaje y se me escapa siempre. Pero la tuya, lleva en sí la chispa del genio. Aliméntalo, déjalo fluir y ponle voz, que tiene ángel.

María dijo...

Guardo este blog en mis Favoritos para ir leyendo y disfrutar de su poesía. Me ha gustado mucho. La suerte está de mi lado al encontrarlo.