
©Ivis Acosta
Ésta es Yoani, la mujer que remueve los cimientos del régimen cubano y trae de cabeza a los "segurosos" con su frenética actividad bloguera. En mi reciente visita a Cuba tuve la oportunidad de conocerla personalmente y hablar con ella sobre blogs, y también sobre su vida, que es un poquito más complicada que la de cualquier cubano de a pie gracias a su condición de inconforme, (disidente, como se les dice allá). Esta particularidad hace que, por ejemplo, no pueda comprar ningún artículo, ni el más insignificante, en el mercado negro (que es el salvavidas de las familias cubanas en lo que a alimentación se refiere), y que por este mismo motivo, no pueda relacionarse normalmente con sus amistades, pues es consciente de que su persona posee lo que ella llama "radiactividad". Por si fuera poco, no puede viajar al extranjero, puesto que el permiso de salida de inmigración le ha sido negado en más de una ocasión, por lo que debe conformarse con el suelo patrio hasta que sus "mayores", como ella les llama, le levanten el castigo.
Ante esta presión, Yoani sigue denunciando con terquedad lo que sucede a su alrededor, criticando a un régimen que no se caracteriza precisamente por aceptar críticas, mediante esa eficaz herramienta que son los blogs, herramienta a la que la mayoría de sus coterráneos no puede acceder porque, casualmente, tampoco pueden disfrutar de libre acceso a Internet, más por culpa del bloqueo interno que del impuesto por los Estados Unidos, eterno culpable de todas las desgracias.
Me la crucé cuando yo salía de un hotel al que había ido a conectarme; en Cuba hay pocos lugares desde los que uno puede conectarse a Internet, de modo que el encuentro no fue tan casual. Quedamos para vernos otro día y así lo hicimos, y en esta segunda entrevista fui testigo privilegiada de cómo desarrollaba su trabajo de bloguera con la rapidez de una experta, haciendo malabares para sortear los ataques informáticos en forma de virus que le entran constantemente a su portátil, así supe del trabajo que le supone postear sus textos, que debe enviar por email a una persona que le administra el sitio, ya que el mismo, como se sabe, está bloqueado en todo el territorio de la isla.
Yoani me aseguró que ella recibe por email y lee todos los comentarios que le dejan los lectores en el blog, aunque le es imposible responderlos, por la cantidad y por lo caro del tiempo en internet. No obstante, según me dijo, intenta ir dándoles respuesta a través de sus posts. Dentro de estos comentarios, como es de suponer, se incluyen los ataques que le lanzan sus enemigos dentro y fuera de Cuba, ataques que ella no se molesta en contestar porque no le ve sentido a alimentar polémicas estériles, más bien ella lo tiene claro: que cada cual piense lo que quiera (que si es agente de la CIA, asalariada del grupo Prisa, agente de la Seguridad del Estado o una impostora que firma los textos de su marido, periodista de profesión). Todo eso a ella le parece inevitable, aunque me confesó que a veces esos ataques le duelen y la dejan hundida, sobre todo cuando no provienen de sus enemigos naturales, sino de blogueros como ella. Ésos, y no otros, son los que más le duelen, pero ya está acostumbrada, poco a poco la piel se le ha ido curtiendo, al igual que va desenvolviéndose cada vez mejor ante las cámaras y aceptando con naturalidad su estatus diferenciado, tanto que bromea sobre el hecho de ser un objetivo para la Seguridad del Estado y que por ello la sigan a todas partes. "Si es verdad que me siguen yo los debo hacer caminar por toda la Habana, para que hagan ejercicios", me dice en tono jocoso mientras nos tomamos un café en la pastelería francesa junto al cine Trianón. "Hay quienes dicen que mi estilo se parece al de mi marido, y yo digo: ¿cómo no se me va a haber pegado algo de su estilo tras 15 años de matrimonio?", continúa bromeando. Y es que Yoani resulta ser un amor de persona, seria pero a la vez relajada, firme pero con maneras suaves, como buena cubana.
Le pregunto si la gente te reconoce por la calle, a lo que me contesta que cada vez más la saludan, la interpelan, y que por eso -bromea- se ha comprado unas gafas oscuras, de esas grandes, para poder pasar algo más desapercibida, aunque no lo logra del todo. Al preguntarle si le gustaría dedicarse a la política, casi que se persigna y me dice con rotundidad que "de ninguna manera", que ella no tiene temple de política, y que por eso estudió para filóloga.
-¿Y entonces, qué te gustaría hacer en el futuro?- le pregunto, a lo que contesta que no le disgustaría dirigir un periódico que practicase un periodismo verdaderamente independiente y veraz, dentro de Cuba, y si hay posibilidades, montar una academia de periodismo que ofrezca becas a los alumnos que no pudieran pagarse los estudios. Y digo yo que si lo hace con el mismo entusiasmo que le está dedicando a esto de los blogs, seguro que lo logrará.
Una de las cosas que más suspicacias ha levantado entre sus detractores, aquellos que le han puesto el cartelito de "segurosa" ha sido el hecho de que haya vivido dos años en Suiza y luego regresara a vivir nuevamente en la isla. Le pregunto acerca de esto y me saca de dudas al instante: regresó cuando vio que era difícil llevarse a su familia con ella, especialmente a su esposo Reynaldo, que es un hombre muy apegado a su tierra, muy cubano. Como muchos saben, Yoani rompió su pasaporte en un viaje de regreso y se quedó a vivir nuevamente en Cuba, un acto bastante inusual para un cubano cualquiera, pero no para esta muchacha que conoce y disfruta de su cultura como pocos. "Yo conozco más de cultura cubana que muchos de los que dirigen este país -me explica-. La conozco porque la he estudiado y porque me gusta mi cultura, a mí me gusta ser cubana, salir a la calle y escuchar los comentarios de la gente, que te saluden, que se metan contigo, eso no lo hay en ningún lugar del mundo". Durante ese tiempo que pasó en Suiza trabajó en una libería latinoamericana y pudo familiarizarse con internet. Así conoció de la existencia de los blogs, y a su regreso a Cuba ya venía con la idea de utilizar esta herramienta desde la isla.
Me parece estar viéndola hablar, con esa seguridad que la caracteriza. Sus ojos inteligentes lo observan todo y toman buena nota de los detalles, que para eso es escritora. La mañana avanza plácidamente en esta conversación que se hace ligera, fraternal. El tiempo pasa volando. Me pregunta por el evento bloguero, yo le digo que estamos ahí, un poco parados, pero que ahora seguro volvemos a coger la marcha, que la gente se ha descuidado porque teníamos mucho tiempo por delante, pero que ahora tenemos que meterle un sprint, y ella afirma que sí, que hay que hacerlo. Precisamente en esas están ellos, me cuenta, tratando de celebrar el suyo aunque sea virtualmente, después de que los citasen de la policía, a ella y a Reynaldo, para prohibirles expresamente celebrar cualquier tipo de reunión. ¡Qué emoción! Me digo yo para mis adentros, qué valientes son que desafían a la mismísima policía, pero la cosa no va de bromas, como sabemos, la cosa es seria, y se va poniendo cada vez más difícil, no obstante ellos no se cansan, y hacen de los limones limonada, y aprovechan la ocasión para lanzar un dominio nuevo: "Una isla virtual", que es el nombre del concurso que han lanzado para todos los blogueros cubanos residentes en el interior. Y como no pueden reunirse en persona, lo hacen virtualmente a través del Itinerario Blogger.
Yo aprovecho para pasarle unos tutoriales que había grabado para dárselos, pero noto que quizás son muy básicos para el nivel que ya tienen los blogueros cubanos, al menos los que se reúnen en torno al blog Generación Y. Yoani me explica que esto se debe a que ya cuentan con una bibliografía sobre el tema blog, cuyos fondos han hecho públicos en el espacio dedicado al Itinerario Blogger, a fin de no repetirlos. Ahora anda detrás de la traducción al español del "Manual para bloggers y ciberdisidentes" que ha sacado "Reporteros Sin Fronteras", que puede encontrarse en internet en formato pdf, aunque de momento sólo en inglés o francés. Yo me quedo asombrada ante el dominio que tiene de todas estas herramientas e informaciones, pero estoy en Cuba, recuerdo, un país donde todo es posible, a pesar del subdesarrollo. Sin embargo, le digo, la mayoría de los bloggers de fuera no estamos tan duchos en la teoría, aunque horas de internet hacen lo suyo, mientras que ellos gastan más el tiempo estudiando en abstracto, hasta ese día feliz en que haya internet libre en Cuba a un precio razonable.
Como a las dos horas me percato de que tengo otro compromiso, el tiempo se ha ido volando y yo he quedado gratamente sorprendida ante la sencillez y el carisma de Yoani. Nos despedimos y yo me quedo a partir de ese momento con la extraña sensación de que a mí también ya desde entonces me vigilan. "Qué tontería –pienso- ni que estuviéramos hablando de poner bombas", y me río, pero en el fondo me quedo con la paranoia de que alguien, desde entonces, sigue mis pasos.