lunes, 22 de octubre de 2007

Teléfonos que lloran (cuento viejo)

- Sí, qué hay... ¿Ahora? Estoy por el supermercado. ¿Cuánto? ¿Cinco minutos? En el semáforo de la esquina. Adiós.
- Cariño, vas a tener que seguir sola hasta la casa.
- ¿Qué pasó?
- Parece que hubo un accidente en las afueras... me preocupa cómo vas a seguir tú sola con tanto peso, esas bolsas pesan mucho.
- No te preocupes, vete tranquilo, un beso.
Aquella fue la última vez. Mientras caminaba de regreso a nuestra casa miré hacia atrás, pero no vi tu cara, lo único que alcancé a ver fue la ambulancia que se tragó tu cuerpo.
No me dijiste que el viaje era tan largo, de haberlo sabido no te hubiera dejado ir.
No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no. ¡nooooooooooooooooo!
Te he negado 29 veces, la edad que tienes, que siempre tendrás.
Te he quitado 29 años, te he devuelto a tu estado embrionario. Así no le haces daño a nadie, ni siquiera a tu madre.
Siempre supe que nuestro final iba a ser trágico, todo a mi alrededor me lo indicaba, era demasiado placer, demasiado dolor. Los grandes amores terminan de golpe, y duran toda la vida, el nuestro era enorme, es enorme.

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Vengo subiendo por las escalerillas del aeropuerto, no te veo, te busco, sé que estás ahí, pero no te encuentro, escucho tu voz en el teléfono móvil, estamos perdidos, estamos ¿dónde?
– No sé, pone A-4.
– Camina hacia tu derecha, no, mejor dicho, hacia tu izquierda.
Camino, camino, miro, se me van los ojos hacia el horizonte de maletas, abrazos, despedidas. Subo, bajo escaleras, oteo, husmeo, me pego a los cristales, sé que estás ahí, en alguna parte de este laberinto de cristal, puedo predecirte, puedo hasta olerte, tanto te deseo...
He esperado ansiosa este momento, cinco meses, se dice fácil, se escribe igual, peor son los que esperan muchos años... al diablo con los que esperan muchos años, allá ellos, yo te necesito ahora, te necesité desde el primer momento.
Ahora corro para ganar tiempo, no sea que te alejes en otra dirección, estoy perdida, y para colmo el teléfono tuyo está apagado, ¿cómo se te ocurre en un momento así? Vuelvo a mirar a través de los cristales, los aeropuertos sólo sirven para generar ansiedad. Nada por aquí. Una escalera eléctrica, voy a tomarla, pero, ¿qué veo? ¿Eres tú? No lo puedo creer, estás tan diferente, cinco meses y estás tan diferente... esa ropa... no es tu estilo, bueno, qué se le va a hacer. Me parece increíble, y sin embargo te acercas cada vez más y yo no echo a correr porque las piernas me tiemblan, pero quiero abrazarte. Entonces, por fin, despego vuelo hacia el calor acostumbrado de tus brazos, todo me da vueltas, ¿qué es esto, Dios mío?, ¿ya estoy aquí contigo? ¿Y dónde están los fuegos de artificio, la banda de música, el sonido de tu corazón?
Me asusta este silencio sepulcral, me asusta no reconocerme en la escena tal y como me soñé hasta el infinito. Me asusta el hecho de que hayamos cambiado tanto que ya no seamos los mismos, me asustas tú, con esa melena y esa seguridad que antes no te conocía.
Pero te miro y no puedo evitar arder en deseos de abrazarte, si eres una frustración, qué bien lo disimulas.
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Son las ocho menos cuarto en la Habana, Cuba, y suena el teléfono; eres tú ¿eres tú? Me despierto sonriente, ese teléfono me devuelve el aliento a cada rato, lo miro, incrédula cuando dejo de oír tu voz, lo miro, como si pudiera devolverme tu presencia, y lloro de alegría, por poder escucharte, y de tristeza por no poder hacerlo más. "La próxima vez voy a grabarte", me prometo, pero luego lo pienso mejor y desisto; nada puede compararse con la realidad, el resto es un espejismo que me invento cada día para sobrevivir hasta nuestro reencuentro. Aún sostengo en mi mano el auricular viejo y pesado, y lo golpeo contra la cama con rabia, quiero morderlo, pero no me cabe en la boca, es demasiado grande. Lo araño con los dientes, imagino que eres tú detrás de los sucios agujeros y lo beso... pero sabes a hierro, a sangre, hueles a cerumen, en fin que no eres tú.
Y pensar que hace solo un momento estabas ahí, hablándome de algo que ahora no recuerdo, solamente tu voz permanece en mi memoria, como la persistencia de la luz en la retina, su eco sobrevive al paso del tiempo como una reproductora particular.
- ¿qué ropa tienes puesta?
- estoy desnuda.
- ¿desnuda? ¿y... dónde estás?
- sobre la cama.
Te siento suspirar, suspiro yo, y puedo sentir el calor de tu respiración a ocho mil kilómetros de distancia. Soy una oreja que absorbe una voz, que se la traga, todo mi cuerpo en función de escucharte. Sé que me deseas tanto como yo, pero tengo mis dudas: no sé si seré capaz de esperarte mucho tiempo más, ya son cuatro meses, cuatro meses y ninguna esperanza de volver a verte. Creo que desfallezco, mi cuerpo se marchita entre estas paredes, me miro al espejo y sé que no soy yo, que hay un monstruo en mi lugar, un monstruo deforme, cada vez más hinchado, un inmenso sapo que se alimenta de esperanzas, como todos los de su especie.
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“De vez en cuando la vida/ nos gasta una broma/ y nos despertamos sin saber qué pasa/ chupando un palo sentados/ sobre una calabaza". Es mi canción favorita por estos días. ¿En qué siglo estoy? ¿Amanecerá?
Este paisaje no es el mío, este mar tampoco. No hay cangrejos en la noche, no hay mosquitos, todo es tan artificial, qué pena. Debe ser por eso que le llaman "el viejo continente", tan erosionado ya, tan hecho polvo el viejecillo, que ni su mar tiene olas. Es un mar tan muerto como la bragueta de un anciano. Yo caminaba en las noches por mi isla, por la orilla del mar, y era una fiesta. Las olas no perdonan en mi isla, y la brisa no deja pie en tierra. Es una brisa traviesa: juega a despeinar la arena. Y el salitre lo corroe todo, y todo es susceptible de corroerse... aquí todo es de plástico, no hay magia, no hay esencia.
Sigo sobre la cama, hace frío, no quiero despertar. Un teléfono suena, no me importa. No quiero escuchar otro sonido que el del viento contra la ventana, no quiero ver otra luz que la que se cuela por los agujeros del cortinaje, ni respirar otro aire que el que conserva aún tu olor. Quiero morir en este cuarto donde nadie me ve, al lado tuyo.
Sé que estás aquí, te he visto llegar y acostarte a mi lado. No dormía, aunque tuviera los ojos cerrados. Te he sentido colarte debajo de las sábanas para descansar, pero no descanses hoy, por favor, y bésame. Me he puesto la ropa interior que te gusta, ¿ves? Así, abrázame, no me sueltes nunca, mi ángel, mi dueño. Haz de mí lo que quieras, ahora soy tu esclava.
Me besas, te beso… con saña, como si quisiera absorber tu energía, un beso desgarrador y tierno como el beso de la muerte. Ahora estoy encima de ti, es todo lo que deseaba, y no me da pena decírtelo, contigo nada me avergüenza, estoy encima de ti y estoy ardiendo, tú sabes cómo hacerme enloquecer. Sabes bien que si me tomas por la cintura pronto empezaré a hacer aguas como un barco malherido, por eso me envuelves con tus brazos de árbol fuerte, y yo me siento como un insecto que ha quedado atrapado entre tus ramas. Eres el árbol que me da comida y abrigo, y yo soy una hormiga enamorada. No sé cómo es el mundo fuera de ti ni me interesa. Me aferro a tu osamenta con todo mi esqueleto, mis manos y pies no son extremidades suficientes para retenerte, por eso me invento nuevos mecanismos; la boca, por ejemplo, está prendida de tu pezón izquierdo, y aunque sé que querías demorarlo me he atado la pelvis a tu falo con una llave inglesa. Ahora sí copulamos como insectos, rompiéndonos la piel por el deseo. Ángel mío, señor mío, colúmpiame aunque ésta sea la última vez.
Un ruido de teléfono te espanta, no lo puedo creer, tan cerca estábamos... ¡y ahora ese chillido maldito que no se calla! Es tu teléfono... ¿quién puede estar jugándome esta broma de mal gusto?
Debe ser tu madre, pero no quiero saber de nadie, ya lo he dicho, ven ¿qué miras? ¿Quieres que lo descuelgue? No, no me obligues, por favor, mira que no estoy de humor, además, ya ha parado de sonar, ¿ves? Ya no importa. Sí, han dejado un mensaje, pero luego lo escuchamos, anda ven.
Está bien, lo haré, es increíble que no le haya pasado nada a este aparato, quise guardarlo, pero creo que tendré que apagarlo, me resulta muy extraño. Ya está, a ver... qué raro, es una mujer, y estaba llorando, pero no me pareció a la voz de tu madre. ¿Puedes explicármelo? ¿Puedes decirme quién, que no sea tu madre, puede llorarte de esa forma? ¿Quieres volverme loca? ¡No te escondas!
Claro, qué fácil, ahora no das la cara y ya... ¿pero dónde te metiste? ¡Mi amor! ¡Mi ángel! ¿Dónde estás? Ya no gritaré más, pero no te vayas, por favor.
Tienes que comprenderme, son los celos, no me puedo controlar... pero ya estoy calmada, además a lo mejor era tu madre, debe ser que la voz le cambió por el llanto, sí, seguro era tu madre... anda ven.

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¿Desde cuándo estás ahí? ¿Qué haces? ¿Qué me miras? Yo sé lo que significa esa sonrisa de pillo. ¿Qué idea descabellada está pasando por esa cabecita? Ven, acuéstate a mi lado, quiero sentirte, tengo frío. ¿El teléfono de nuevo? ¡No querrás que llame a ninguna zorra llorona! ¡No cuentes conmigo para eso! ¿Qué? ¡Tú estás loco! ahora sí lo creo, ¿¡pero qué cosas se te ocurren!? Malo, eres malo, estás todo el tiempo maquinando locuras. A ver, ¿así? ¿Te gusta? Qué imaginación... Pues no está nada mal... me gusta que me mires. Sí mi cielo, mírame, tócame, pon tu mano aquí en mis senos, déjame tocarte a ti también. Así, así, así...
¿Sabes lo que es un engranaje prefecto? Eso es lo que somos, una máquina de placer infinito, un sistema ideal en el que la energía no se disipa, quizás por eso mismo un sistema imposible, una bomba de tiempo, siempre a punto de desaparecer.
Es como si siempre hubiera sabido que iba a perderte, que no me durarías. ¿Por qué esta pérfida costumbre de augurar desgracias? Quizás porque vivo un paso por detrás del mund y lo he visto doblar por las esquinas. Pero no me arrepiento de haberte masticado lentamente, y aún sigo rumiándote en esta habitación de infartos y sudores.

Vértigo de ti
caigo en tu campo
gravitacional
y me quedo dando vueltas y más vueltas
en esta ciudad sucia de tus pasos.
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- ¿Nena?
- Dime, mi ángel.
- ¿Por qué no haces alguito de comer?
- ¿Por qué no lo haces tú?
- Es que a ti te queda mejor.
- Machista de porra... hay que ver que tu descaro no tiene nombre.
- Si quieres puedo darte apoyo moral.
- ¿Cómo es eso?
- Sostén... yo te sostengo por detrás mientras tú cocinas, así no te caes.
- Bueno, ya eso es otra cosa.

He cocinado los mejores platos de mi vida para ti, eso es algo muy romántico si se mira bien, pero también he cocinado junto al mejor ayudante que se pueda pedir, aunque las más de las veces sólo me dieras “apoyo moral”
Pero ahora no cocino más, y pienso morirme de esta huelga. Mientras, me alimentaré de este deseo que se resiste a ceder, como una vela que nunca se apagase.
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¿Otra vez ese teléfono?
Me resisto a dejarme importunar por ruidos de este exterior adverso. Sé que afuera es un sueño y mi pasado un recuerdo. No puedo volver a mi isla, no puedo salir a la calle, no quiero vivir.
Duermo, para ahuyentar este silencio, y me dejo guiar por mi cerebro hacia ese tiempo feliz, cuando las cosas triviales eran definitivas, cuando los detalles sí importaban y nos dábamos el lujo de desmerecernos mutuamente.
Siempre supe que me traicionarías, por eso ahora no me sorprende el hecho de que otra voz te llore detrás del teléfono.
Qué rabiosa vocación para el desastre, qué deseos de saltar a vacío por saltar, qué hermosa manera de morir la de morir de amor. Juntos transcendimos la barrera de lo racional para sumergirnos en este laberinto de emociones extremas, dolorosas a veces, maravillosas las más.
El nuestro fue un encuentro carne a carne sin promesas ni esperanzas, a veces pienso que si hubiéramos tenido más tiempo y menos accidentes no hubiéramos sabido aprovecharlo tan bien. Gozamos el momento, el maravilloso momento, tanto que le dimos envidia al mismo Dios, por eso quiso apartarte de mi camino. Pero ¿qué Dios loco es capaz de hacer sufrir a quien ama? ¿Qué Dios nadapoderoso prueba fuerza contra la fuerza brutal del amor? Este Dios pequeño que nos ha tocado en suerte no entendió que lo nuestro era invencible. Pobre Dios, déspota y envidioso que no entendió la esencia, nuestra esencia.
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Hace no sé cuanto tiempo que estamos aquí encerrados en nuestra historia, y ya empiezo a sentir frío. Amor mío, abrázame, acúname ahora como Romeo a Julieta, soy tu Julieta moribunda, ayúdame a pasar a través de la luz, aparece y dime que esto tiene sentido, yo sé que te amo pero me estoy cuestionando ciertas cosas.
Empiezo a tener hambre, las tripas me ronronean y pienso más en comer que en ti, ha pasado una semana en la que ha sonado como diez veces ese teléfono. No me muero, no me explico cómo no me muero, quizás tenga que cumplir una misión ahí fuera. ¿Cuáles eran mis sueños? No recuerdo, y tú encima desapareces, y a veces te veo sangrar y se me quitan las ganas de abrazarte.
Vete, no me abraces, que esa sangre es la prueba de tu traición. Por un momento creí en ti, pero ese teléfono ha sonado demasiadas veces y ya no puedo considerarte inocente. Sí, he sido yo la que ha abierto la llave, sangrarás por mi cuenta hasta que me aburra, no me mires así, no tengo la culpa, yo no quise venir hasta aquí para escuchar teléfonos que lloran. Yo te amaba fuerte, no con esta tara.
Tal vez Dios tenga la razón, ese Dios cada vez menos pequeño que sabiamente se impone. Quizás deba salir y ver el mundo, quizás soy muy joven para morir, el amor eterno no existe más que en sueños.

15 comentarios:

Isaeta dijo...

No entiendo exactamente el meollo de la historia pero me gusta su carga erótica muy bien dosificada. Y el lenguaje ágil que usas para escribir. Me gusta.

Ivis dijo...

Gracias, Isaeta. Un saludo.

GeNeRaCiOn AsErE dijo...

El teléfono también por dos anos fue un puente para conectar con miAmor y en cinco minutos nos conectábamos cada sábado con una furia del carajo, ansiedades, delirios, tristeza y esperanza ‘todo mezclado en cinco minutos’ por suerte la historia salió bien y hoy cocinamos juntos. Últimamente yo mas que ella. ; ) Gracias por el cuento, por compartirlo con nosotros.
Nos pillamos, T

aretino dijo...

Muy triste esa historia, Ivis. En el fondo de eso se trata la vida, de lo que perdemos.

"... un sistema ideal en el que la energía no se disipa, quizás por eso mismo un sistema imposible". ¡Excelente definición del amor pasional!
Gracias por la historia.

Güicho dijo...

Una amiga mía, que hoy vive en Miami con un viejo amigo mío, solía "conectarse" por teléfono con su hoy ex-amor, que se fue primero, y luego se fue completo. Pero antes, como decía, se "conectaban" por teléfono.

Cuando ella estaba en su propio proceso de irse, no me acuerdo por cual razón tuvo una entrevista con unos sujetos del MININT. Estos le dijeron: "Sí, tú eres Fulanita la del teléfono caliente con Menganito! Muchacha, si hasta había bronca por coger el turno de audiovigilancia del domingo en la noche por ustedes dos!"

Pero déjenme contarles como siguió la historia, aunque no venga al caso.

Cuando Fulanita llegó a Miami, "casada" con un guajiro ganador de Visa, Menganito estaba enredado en el caso de la droga del aeropuerto, y no quiso saber de ella, ni de la hija común. Consiguió escapar de las tres responsabilidades.

Fulanita acabó en brazos de mi antiguo socio Zutanito, que la amó con locura diez años atrás. Hasta dejó una carrera afuera por ella, pero Fulanita en Cuba no le dio bola. No, ni señal de por dónde venía la bola. No, ni aviso de que había bola. Después de eso Zutanito intentó irse en bote. Lo cogieron y le echaron un año. Cuando salió se encontró con Perenceja, que estaba embarazada y abandonada. Perenceja y Zutanito aunaron fuerzas y se reconstruyeron. Se fueron cuando la balseada del 94. Mas cuando Zutanito vio a Fulanita en Miami unos años después, en sus hormonas y conecciones nerviosas se armó un zafarrancho ya impronosticable. Y esta vez Fulanita le dio bola. La bola entera. La bola con su caja y su manual de uso. En ese momento Perenceja estaba embarazada del primer hijo Zutanito.

Zutanito no sabía qué hacer. Yo pasaba por allí, y Zutanito me preguntó: "Cómo lo ves?" El último consejo que le había podido dar fue en Cuba 15 años atrás. Y había sido corto y obvio: "De aquí hay que irse." A él le llevó 5 años más por el amor loco a Fulanita. Yo tambien conocía a Fulanita de antes, porque su hermana fue novia de mi primo favorito y las dos pasaban por mi casa. Decidí no eludir la pregunta. Era obvio también. Le dije: "Fulanita, pero espera a que nazca tu hijo."
Cuando el hijo de Zutanito cumplió tres meses, él se fue a vivir con Fulanita. Perenceja, abandonada, se gastó los 15.000 dólares de la tarjeta de Zutanito. Zutanito aguantó, trabajó horas extras, y lo saldó. Siguió siendo padre de los dos niños. Al año y medio Perenceja se casó con alguien.

Hoy Fulanita y Zutanito siguen juntos y están esperando el primer hijo común.

aretino dijo...

¡JAJAJ Guicho! Creo que ese mierdero promiscuo, romántico y quasi trágico entre "alguienes" que traes a colación, es un excelente tema para una novela cubana del S XX. ¡Delicioso!

GeNeRaCiOn AsErE dijo...

Hay gua-teque el viernes 26 en nuestra casa a las 4 pm. Todo el mundo está invitado.

Osvaldo Cleger dijo...

Excelente historia, Ivis. Da ganas de estar del otro lado de la línea... con tragedia y todo

aretino dijo...

Cleger, parece que te dejaste cautivar por el calor de esas ensoñaciones. A mi me sucedió lo mismo, ¡se me humedecieron los... ojos con tanto "coco" de la niña!

Ivis dijo...

Tony:
Qué final tan bonito, menos mal que no se parece al de mi historia. Aunque conozco historias (a montones)de gente que se separa y por esa fatalidad de no poder salir de Cuba ya no vuelven a unirse. Qué triste.
Menos mal que todo es ficción, aunque aquí hay una parte autobiográfica, la de la separación.
Aretino, gracias por tu visita, me gusta mucho tu blog, y esa "lección de anatomía" está para partirse de risa. ¿Sabes? esa definición es de termodinámica, algo quedó por ahí de aquella aventura universitaria.
Por cierto, he visto tu último comentario, así que los ojos, ¿no? Ya sé que al escribir estas cosas me expongo a esos piropos, qué le voy a hacer. De todos modos por si sirve de algo repito que es un cuento viejo, ya soy mayor para estas comederas de cabeza. Jajaja.

Ivis dijo...

Güicho: Tremendo culebrón, me encanta. Esas cosas solamente pasan en Cuba, no sé si fue herencia africana, española, o algo que le echaron al cerelac, pero la promiscuidad nuestra es reconocida.
Casi más que el culebrón me encantó la forma en que lo narras, muy divertida.
Asere, allí estaré. Vamos a armarla.
Cleger: gracias por el piropo, cuidado que se te enfría el café.
Saludos a todos.

Yvette dijo...

Me gusto mucho.
Creo que casi todos tenemos parte en esas historias de aeropuertos, telefonos, internet... acortando las distancias.
Como tu bien dices, no siempre todas las historias tienen un final digno, pero bueno asi es la vida.
Saludos!

General Electric dijo...

Hola Cubanita

casi me descongelo leyendo esto,,, Medea tuvo que prestarme su ventilador para ayudarme a recuperarme...

no sé por qué crees exponerte en lo que narras... recuerda que la voz narrativa no se debe confundir con la autoral... pero en fin... esos son comentarios para otros dottorcitos que hay por ahí... lo mío es la guara y el vacilón...
hablando de exponerse... qué me dices de esto:

- Si quieres puedo darte apoyo moral.
- ¿Cómo es eso?
- Sostén... yo te sostengo por detrás mientras tú cocinas, así no te caes.
- Bueno, ya eso es otra cosa.

Quien crees tú que estaba echándose to' la escena... el panga, un servidor [;o))) ]

Ivis dijo...

Yvette, y en Cuba más, todos hemos padecido algún abandono. ¿no?
General, así que rascabucheando, ¡tremendo cráneo!
Bueno, eso de ser observados es la ilusión de muchos ¿no?
Un abrazo a toda tu geometría.
Gracias por la observación, sucede que una se siente a veces psicoanalizada, no sé por qué, y pone el parche antes de que salga el grano, pero ¿sabes lo que te digo? Me da igual.

ALNITAK dijo...

..."mi cuerpo se marchita entre estas paredes, me miro al espejo y sé que no soy yo, que hay un monstruo en mi lugar, un monstruo deforme"

Conozco la sensacion, muy bien que la conozco. Se siente uno como un paria, como un desconocido, como si acabara de matar a su propia madre.
Y te preguntas: cual fue la razon fundamental que me condujo a este sitio? A santo de que lo he perdido todo...?