jueves, 29 de mayo de 2008

El placer adulto

Además de ser el slogan de una marca de chocolate es una frase que me gusta mucho pues hace referencia a esos detalles que le llenan a uno cuando ya ha dejado atrás la adolescencia, que es muy bonita pero muy confusa.

Placeres como por ejemplo el de conversar. Cuántos detalles memorables puede tener una conversación... Si es erudita, nos deja el buen sabor de aprender algo. El hombre siempre ha perseguido la sabiduría, y es una buena señal el que la gente se preocupe por algo más allá de la supervivencia. El espíritu es como una hoguera que se aviva con los años, y que cada vez necesita "más madera" -entiéndase lecturas, sensaciones y vivencias- para calmar su apetito voraz.
Las miradas son otra maravilla que a mi juicio dicen más cuanto más pasan los años y nos volvemos menos transparentes. Una buena mirada -si lo sabré yo- dice más que millones de cartas. Aquí iría un suspiro.

Escuchar música, de adulto, no equivale a aprenderse dos o tres estribillos del grupo del momento, ése que olvidaremos cuando salga el próximo hit. Oír la música, de verdad, es cuestión de disfrutarla, vacilarla despacito, deteniéndonos en los detalles, el piano por aquí, el bajo por allá, y volver a escuchar el mismo disco una y otra vez, y no querer escuchar otra música en el mundo que no sea la tuya, la que ya tienes grabada en la memoria, de modo que te sabes hasta la mínima inflexión, y la sigues mentalmente y sabes cuándo entran los metales, cuándo y cómo la canta el que la canta, y sabes que cuando te pones esa canción el día se detiene, los problemas se evaporan y tú instantáneamente te pones de buen humor.

No sé si a ustedes les pasa, pero yo tengo canciones asociadas a personas y cuando las pongo es como si volviera a verlas. ¿Y por qué las asocio? Puede ser por una conversación intrascendente de esas que parece que no calan, cuando "esa" persona te dice que "a mí me gusta mucho esta canción", y tú haces como que no escuchas, desvías la mirada y archivas la melodía y luego corres a buscarla y te la pones pensando en qué parte de la canción será la que más le gusta, y si por ejemplo pensará en tí cuando la escuche. ¡Ah, esas pequeñeces que enriquecen la vida de un oficinista! Todavía recuerdo un blues de Lenny Kravitz que me dedicó uno de mis antiguos amores y cuando lo oigo, aunque ya no piense en él, pienso en lo nuestro, en aquello que dejamos y que era tan bueno en su día, y aunque hoy ya no duela hay que ver lo bonito que es desempolvarlo, sacarlo de su caja como un vestido de novia y admirarlo, olerlo, ponérnoslo encima y comprobar que donde hoy hay un salvavidas mal disimulado en otro tiempo hubo una cinturita de avispa. Y así se pasa la tarde y al sacar la cuenta hemos sido felices doblemente, y todo por un pedazo de tela, una canción, un olor.

Otro día continuamos con los placeres. Ahora me voy a comprar un disfraz para esta noche.

5 comentarios:

Betty dijo...

tú ves Ivita? Cuando leo este post veo que no me pasan a mí sola esas cosas!!! te quedó bordado, como dirían por estos lares, pero es que cada párrafo, eh?!...nos vemos a medianoche

Queseto dijo...

¡Qué requetelindo, Ivis!

Ivis dijo...

Merci beaucoup a toutes les deux!

Amiga Atlántica dijo...

Ivis, enhorabuena por esta temporada en la que te estan saliendo unos posts maravillosos, pero qué bien escribes, qué bien redactado, qué bonita manera de desnudar tu alma, qué fondo más lindo tienes.
Un besazo, te lo mereces

Ivis dijo...

¡Gracias, Mar, guapa! Estoy entrenándome para cuando pueda escribir de verdad. Jaja.
Me gusta mucho escribir, lo que pasa es que no tengo tiempo ni a veces inspiración, pero la estoy buscando con todas mis fuerzas porque me es vital.
Un abrazo, Mar, querida.