jueves, 1 de noviembre de 2007

Día de los fieles difuntos


Cementerio de Génova. Mallorca.




Echar raíces

Para Margaret, con amor


Cuando asistí por vez primera a un funeral en esta tierra que entonces me era ajena y vi que el dolor era un lenguaje universal, comencé a sentirme más cerca de este pueblo. Nada une más a los seres humanos que la desgracia.
Cuando el funeral fue de un amigo, alguien con quien había compartido comidas, charlas y paseos por la playa en tardes de domingo, entonces supe que, definitivamente, había comenzado a echar raíces yo también, como si dentro del hueco de su eterna morada hubiese caído una semilla del árbol de mi vida, ya para siempre ligado a esta isla por los lazos verdaderos del afecto.
Cometemos el error de contar el tiempo de nuestro desarraigo como tiempo físico (días, meses, años); no nos damos cuenta de que el verdadero tiempo debe ser contado en vivencias. En mi caso, seis años y medio como emigrante no significarían nada si en todo este tiempo no hubiese atravesado por experiencias vitales - cuatro matrimonios, tres nacimientos, dos funerales - que han dejado en mí más huella que cien cursillos de integración. Hoy puedo decir que he vivido en esta tierra porque en ella he hecho amigos con los que he compartido el dolor y la alegría. Ya nunca más podré sentirme extraña, y si lo hiciera estaría negando ese privilegio que me fue concedido como ser humano.
Hoy es el Día de los Fieles Difuntos, un día de homenaje y de recordación, de visita al cementerio con flores. Recuerdo que hace dos años me enviaron allí a escribir una crónica, y entre muchas cosas curiosas encontré a una familia de colombianos que había ido a visitar la tumba de su antigua empleadora, una señora mayor a la que cuidaban. Aquello me conmovió sobremanera: esa fidelidad, ese agradecimiento, me hicieron pensar que no todo está perdido entre los hombres, que aún somos capaces de entendernos, pese a los prejuicios, con el lenguaje universal del amor.
Pienso en los miles de inmigrantes que, como aquella familia colombiana, han venido aquí para trabajar cuidando ancianos y que llegado el momento fatal, son quizás los que más sufren esa pérdida, pues estos empleadores han representado durante ese período inicial el único referente, la puerta de entrada hacia este mundo, el aprendizaje de un código nuevo de comportamiento. Quizás por ello el lazo continúa más allá de la muerte.
Y ya que hemos llegado hasta este punto, no hay que olvidar que en muchos casos esta es la tierra a donde van a dar nuestros huesos de inmigrantes. Y cuando enterramos a un familiar, entonces ya es un hecho que esta tierra, que un día nos fuera ajena, se convierte para siempre en la nuestra.

10 comentarios:

Al Godar dijo...

Tienes mucha razon. De nada sirve contar los dias. Hay que contar lo que vivimos. Buen post.
Casualmente, hoy yo tambien escribi algo sobre los inicios y la ayuda para comenzar. Un poco en broma, pero muy cierto.
Saludos,

Ivis dijo...

Gracias, Al Capone.
Un saludo.

Ivis.

GeNeRaCiOn AsErE dijo...

‘el verdadero tiempo debe ser contado en vivencias’

cono pues vale tía, muy bueno eso, es toda una imagen eterna y nos toca a todos por igual.

abracillos mi socia. t

Amiga Atlántica dijo...

Ivis, Arere, estoy con vosotros en eso de no contar con el tiempo en días, años u horas, sino con las experiencias.
Parece que nacemos con la vida vacía y que poco a poco la vamos llenando con las cosas que nos suceden a lo largo de nuestra existencia.
Y con respecto al territorio, al sentirse inmigrante, yo creo que no es necesario elegir ser de un sitio u otro, personalmente no renuncio a sentirme de ninguno de los lugares en los que he vivido, todos tenían sus cosas buenas, y ahora me siento tan gallega como cualquiera que haya podido nacer en Galicia.

Ivis dijo...

Gracias, queridos Tony, por tu elogio. Un abrazo para tí también.

Amiga: yo también creo que nos vamos llenando de las experiencias de los sitios a donde vamos a parar, tú galleguiña, yo un poco mallorquina. Hasta el carácter me ha cambiado, te lo juro.

CAMINO INCIERTO dijo...

Maravillosa entrada (post).El sentimiento humano es universal.Hay por ahí un refrán que dice más o menos que no sólo se es de donde se nace, sino también de donde se pace.Deberían desaparecer las palabras emigrante,inmigrante,extranjero o forastero.Somos ciudadanos del mundo.Te visito a menudo porque eres alegre , positiva y sensible.Saludos

Ivis dijo...

Muchas gracias, querida, por tus comentarios. Un saludo, ya he pasado por el tuyo y parece interesante. Me siento halagada.

General Electric dijo...

muy conmovedora reflexión, Ivis, por un segundo, hacia el final, vi incluso esos huesos que se tragará la tierra... es bueno de vez en cuando que nos lo recuerden para ir aprendiendo a encariñarse con ella

Morgana dijo...

Me ha conmovido mucho tu relato, se que ya tiene un tiempito, pero te leo poco a poco.

gracias!

Ivis dijo...

Gracias, Morgana, me alegro de que te haya gustado. Un saludo.