miércoles, 18 de julio de 2007

Cuento

Esta es la historia de un cuento que no se dejaba hacer; mientras más el escritor lo perseguía y lo cercaba, intentando contarlo con sinónimos y palabras, él, suavemente primero y luego repentino, se desamarraba de su lazo y salía corriendo a disfrazarse, a ser otro, a no repetirse, de manera que el escritor quedase confundido sobre la veracidad de lo que contaba. El pobre hombre que pretendía vivir de las mentiras que creaba su fértil imaginación desesperaba entonces al ver que nada encajaba en su sitio, que donde antes había puesto una coma, ahora iba una risa. Entonces la contradicción se le antojaba, no como un resultado de su pobre memoria, o de su impericia, sino como una especie de burla: el cuento se estaba burlando de él. Mañosamente, a través de los homófonos, le sugería imágenes distintas cada vez que nombraba algún vocablo, que se transformaba en su contrario, de modo que todo se volvía un absurdo de direcciones falsas, un equilibrio de fuerzas perfecto, mientras las del pobre escritor menguaban, perdidas en el vacío de las formas.
Una vez lo acechó, llegó a aproximarse tanto a él con apuntes y definiciones que casi lo tuvo entre sus redes informáticas: el cuento dio vueltas durante tres días seguidos de su cabeza al ordenador, porque él había cerrado filas en torno a su cerebro para no dar paso a digresiones. Y así estuvo pensándolo tres días, rumiándolo como las vacas a su alimento, lamiéndolo, sobándolo, diciéndole: “de esta no te me escapas”, persuadiéndolo con astutos argumentos… Ya casi lo tenía acorralado cuando pensó en la fama que tendría al terminarlo: se imaginaba aplaudido, nombrado canciller de su país, premiado por las más ilustres universidades… Y justo cuando debía pensar en un final decente para la trama que yacía bajo su ambiciosa pluma, se distrajo.
Esta última distracción fue fatal: calculaba las ganancias que obtendría de su bien tejida historia, cuando aprovechó ésta para morderle el cuello, hinchado de orgullo prematuro, y acto seguido salió disparada hacia el espacio sideral, donde aún permanece, tentando, sugiriendo, dejándose tocar hasta que otro pensador se dé por enterado, intente rescatarla y termine transformado en buscador de tesoros inaprensibles.