viernes, 3 de agosto de 2007

Persecución


¡Que me pase eso a mí, con lo viejo que yo estoy pa´ esa gracia! No es fácil, no es nada fácil, vaya ¡eso es moral! ¿Tú sabes lo que es cogerle miedo a una jeva? Y a una jevita como esa, tan linda, tan arregladita... ¡Chico cuando yo lo digo, yo debo ser medio maricón!
La jevita se puso pa mí, fíjate pa mí, pal flaco, y yo mareao, pensando en películas de terror, en Drácula y esas cosas ¡No si yo lo que debería es ir ahora mismo y hacerme el jaraquiri ese que se hacen los japoneses, chico, por comemierda!
Y estaba rica, consorte, ahí, parada en la esquina de 23 y 12 esperando su botella, como quien no quiere la cosa, pero todos los tipos tenían que meterse con ella, no había hombre (hombre de verdad) que no la mirara, porque era, no sé, vaya, un ángel, asere (o una diabla, como pensé después). Traía puesto na´más que un vestidito blanco cortico, así fresquita, rozagante, acabada de salir de un anuncio de revista, vaya ¡increíble! Una jevita de esas que tú las ves y dices: “Na, esto no es pa mí” ¡Un manjar de dioses, chico!
¡Qué muñeca, consorte, qué muñeca! Me echó una mirada...¡y tenía un par de ojos claros! ¿o eran las luces de los anuncios? No sé chico, pero tenía unos clase ojos que eran, vaya, dos luceros. Y ese pelo, largo así por la cintura, y rizado, parecía de esas indias de las películas de Hawai, lo único que le faltaba era la sayita con las tetas al aire y el collar de caracoles. Y una figurita, que pa qué, vaya, modelo, modelo ¡una cinturita de avispa! Y unas piernotas, y unos muslotes de esos que si te cogen te ahogan, vaya. Y ella ahí, en el semáforo, pidiendo botella, haciéndose la que no sabía que tenía alborotados a todos los tipos, ¡con una carita de inocente, que había que verla! Yo me le acerqué, pero yo no soy de esos tipos que dicen piropos – yo sé que a las jevas no les gusta que les digan piropos – yo, “el flaco”, haciéndome el interesante, el riquísimo vaya, caminando como si la calle fuera mía, parecía como si de un momento a otro me le fuera a acercar y decirle: - Oye mami ¿tú ves todo esto que está aquí? Pues todo esto es mío... me hubiera gustado poderle decir eso, pero ya tú ves, yo soy un flaco en carne, mi socio, pero soy “el flaco en la Habana”.
Yo pasé... ¡y la muy cabrona se me quedó mirando! Yo dije: “¡Ay chiquita, te sa-las-te!” Pero na, seguí caminado, porque uno tiene su orgullo ¿no? Y como te dije, no me gustan los piropos. Pero le rogué a Yemayá, mi patrona, que cuando mirara pa´ atrá ella estuviera mirando. Y cuando miré: ¡Ay Dios mío! No solamente estaba mirando, sino que venía detrás de mí. Yo dije: ¡coño Yemayá, apretaste! Y hasta me asusté, vaya, porque que una jeva así le caiga atrás a uno, eso no se da todos los días. Pero seguí, pa´ ver qué iba a hacer la niña. Cuando estaba por el cine 23 y 12 ya tenía picazón, y volví a mirar... ¡¡Oye chico y tú puedes creer que todavía venía detrás de mí, la muy condenada!! Hice como que leía la cartelera, pa´ ver si se me adelantaba ¡sí porque yo soy un hombre, y a mí eso de que me vacilen por atrás nunca me ha gustado! Pero ¡na!, la jeva aflojó el paso, y tuve que seguir ca-mi-nan-do – no me quedó otro remedio –. Y ella ahí... detrás de mí, ¡coño si me sentía los ojos clava´os en la nuca! ¡Oye, eso no es fácil, te lo digo yo! ¡Qué situación más in-có-mo-da! Vaya como si no se te parara delante de una jeva que te gusta mucho.
De pronto no me dio tanta gracia, porque eso no se le hace a un hombre, ¡eso es cogerlo desprevenido! Y yo seguía ahí, caminando, y todos los tipos tenían que virarse a mirarla, yo que iba delante, oía los comentarios: “¡Oye asere, mira que manguito viene por ahí, consorte!” Ya estaba acomplejao, si la jeva estaba pa´ mí no me gustaba que me la estuvieran vacilando los tiburones.
Entonces llegué al entronque por donde me desvío pa ir pa la casa, yo dije, déjame echar un último looking porque seguro la jevita sigue por 23, vaya era lo más lógico, y miré pa´trá, y ella como si nada, mirando las margaritas, los jardines, qué sé yo, haciéndose la boba ¡con lo buena que estaba! Me dieron ganas de despertarla de una buena zarandeá ¡pa´ que se enterase de que con los hombres no se juega!
Pero no miró chico, y yo creo que lo hizo a propósito, sí porque era un poquito jodedora, y ná, dije: ¡pal carajo! se acabó el jueguito, estaba divertido pero ya, la pendeja esta no me va a sacar a mí de mis casillas, a mí, “al flaco”, ¡si no quiere mirar pues no nos despedimos y ya! Pero ¿tú puedes creer que la muy bicha cogió por donde mismo yo iba? ¡Ño acere, qué en-car-ne! Yo dije: “Seguro que es una loca, de esas que les gusta que se la tiemple un desconocido, o peor, una asesina en serie”. Me empecé a preocupar – mira que la calle no está buena y hay que cuidarse... que uno está malo y to´, pero de vez en cuando se me pega algo... y además está la chama, que no vive conmigo pero yo la mantengo, y a esa hora me acordé hasta de mi mamá, y de la comida que me estaba esperando calentica en la casa, vaya una cosa increíble, en esos momentos uno piensa en ca´cosa... Apreté el paso y doblé en la esquina ¡Coño chico y la jeva me cayó atrás! Ya no me importaba si era Shakira ni la Claudia Chifer esa, ni que viniera de Hawai ni na´, lo único que quería era que me dejara en paz, ¡compadre qué clase de veta me estaba sacando la nena aquella! Oye, hay que estar ahí pa´ saber lo que se siente ¡No-es-fá-cil!
Ya no podía aguantar más la curiosidad y la miré, en los ojos, en los mismos ojazos que antes me habían parecido dos luceros, oye chico y parecían los mismos ojos de Satanás, dos bolas de candela – de horror y misterio – y las greñas sueltas esas parecían las de los fantasmas de las películas que cuando se ponen así a contraluz se ven pelúos – oye, de espanto – hay que estar ahí, vaya que me cagué.
Cuando doblé la otra esquina, traté de serenarme, “cálmate flaco” – me dije – “es solo una jeva ¿qué pasa?, que no se diga” Y estuve a punto de quedarme parado detrás del muro, a esperarla para ver qué rayo quería, pero entonces pensé: “y si me saca un cuchillo, o quien sabe si en el bolso lleva una pistola, o peor, a lo mejor es una vampiresa de esas que te chupan la sangre y te dejan tirado en la calle”, oye, ¡qué va! Doblé esa esquina que jodía, como alma que se lleva el diablo, y dije “¡si me cae atrás en esta sí que no me salva nadie!”.
Compadre: ¿y cómo te cae que el bicho raro aquel, que yo creo que volaba y todo, se abalanzó pa´arriba de mí? Y yo la vi venir a un paso cada vez más rápido, hasta que se me heló la sangre y no pude caminar más, me quedé parado, asere no podía mover ni un cabrón músculo, cuando de pronto veo a un policía, compadre, sí, un fiana, y en ese momento vi los cielos abiertos, el policía aquel me pareció el mismo Dios vestido de uniforme. Ya la cosa esa debía estar cerquita´e mí cuando de pronto empecé yo a gritar: “¡¡¡ Policía, auxiliooooo!!! ¡¡¡Socorro!!! ¡¡¡Ayúdame!!! ¡¡¡Me quieren violar!!! Y el policía se ha mandado a correr pa´ donde yo estaba y ha cogido a la chama aquella, y le ha dado una clase de atrabancá – le puso las esposas y to-do – y lo último que yo alcancé a ver fueron los ojones verdes de la morena que se le querían salir de las órbitas, y ella gritaba y lloraba, y ya no recuerdo más nada, pero dicen los vecinos que la jevita lloraba y decía: “¡yo no hice nada, yo no hice nada, ese hombre está loco, yo vivo en la otra cuadra!”.
Compadre ¿y tú puedes creer que es verdad? La jevita es vecina mía, y yo no la conocía, compadre ¡¡qué clase´e penaaaaa!!

6 comentarios:

J. Ferrer dijo...

Agradecido por el enlace, Ivis. Gracias a que lo hayas puesto acabo de descubrir este blog al que pongo enlace de inmediato. Un beso

Cuco dijo...

Ay mi madre si caminas como escribes....!

Ivis dijo...

Gracias a ambos, no saben qué ilusión me hace tener visitas en mi blog.
Saludos y buena lectura, ¡hasta pronto!

miguel dijo...

Soy un bichito

mfr46@yahoo.es

o

http://mfr46.mine.nu

JOSÉ TADEO TÁPANES ZERQUERA dijo...

Hola Ivis:
Me ha gustado mucho este cuento. Tiene su aquello. Sabes, es que como yo en la Habana vivía en El Había (Habana del Este) estar en 23 y 12 me provocaba mucha intranquilidad. A veces tenía que caminar desde allí bordeando el cementerio hasta la parada del M2 (el camello azul), o esperar la 204 o la 58 para ir hasta mi destino.
Luego la cercanía entre 23 y 12 y el cementerio me hizo pensar en muchas cosas: un espíritu, un vampiro o algo así.
Luego, he vivido esa misma experincia, de una mujer desconocida caminando detrás de mí. Eso sí, en mi caso, todo fue color de rosa, porque al detenerme, quien me perseguía sólo buscaba calor humano. Un placer leerte. Besitos:
Tadeo
PD.¿Te he dicho que escribes muy bien?

Ivis dijo...

Jajaja, Tadeo, ¿así que a tí te pasó? Pues es muy simpático que le pase eso a un hombre cubano, que suelen ser los típicos perseguidores. Por tanto no es extraño que se asusten cuando una mujer les cae atrás.
23 y 12 no es para mí tan inquietante como la calle Colón, de noche,¡ahí sí que te sale algo! jajaja.