miércoles, 29 de agosto de 2007

Orgullo y dignidad

Ya van varias veces que tengo que quedarme callada cuando alguien menciona la escandalosa pérdida de valores éticos y morales que se nota en la sociedad cubana actual. Lo mismo he tenido que hacer cuando me llegan quejas sobre ciertas actitudes deshonestas de compatriotas que se aprovechan de la buena voluntad de los turistas para estafarles o contarles miserias que, aunque reales (qué duda cabe), dejan en mal sitio el tan reconocido orgullo cubano, esa gallardía que siempre nos caracterizó y que hoy parece escasear en la isla.
Y aquí sé que me estoy metiendo en un berenjenal, porque este tema tiene mucha tela por dónde cortar y muchos culpables, incluyendo los que estamos fuera y nos hemos desentendido un poco del curso de las cosas dentro de la isla, que es mi caso y el de muchos emigrantes que preferimos enajenarnos a observar impotentes el deterioro general del país.
Hasta hace poco mi impulso natural habría sido el de justificar estas actitudes, invitando a mis interlocutores a ponerse en nuestro pellejo, explicándoles que, ante una situación difícil como la que se vive allá, con escaceces y restricciones disímiles, todo se relaja, incluyendo la educación formal, un valor, por cierto, en franca decadencia desde que a los ideólogos revolucionarios les dio por hacer creer que todos éramos iguales, tal y como dictaba la teoría marxista-leninista (¿mala interpretación?, ¿mala filosofía?).
Lo peor fue que ese igualitarismo, esa igualdad forzada, se erigió sobre una base mediocre y de mal gusto, desechando todo cuanto oliera a refinamiento por considerarlo -vaya idea equivocada- "rezagos pequeño burgueses". El resultado de aquel experimento, lo digo para quienes no conocen mucho de Cuba, fue una sociedad en la que florecieron la doble moral, la envidia, la vulgaridad, etc. Vamos, lo más facilito, ¿para qué complicarle la vida a las masas populares que ya bastante entretenimiento tenían con la lectura de El Capital? Y entre tanto el "hombre nuevo" agonizaba en el vientre de su madre (porque nunca llegó a nacer, que yo me enterase).
Como iba diciendo, antes yo solía justificar con condescendencia tales actitudes ("la justificación es la prostitución del espíritu", me viene ahora a la mente una consigna, para variar). Mientras vivía en Cuba, y aún cuando estaba recién llegada, no veía nada malo en tener un poquito de doble moral, pero es que ni pensaba que ese replegamiento en función de las circunstancias fuera doble moral, ni siquiera sabía distinguirla. Tan deformada estaba, que no era capaz de ver estos dobleces que en mí misma se manifestaban (aún continúan manifestándose, aunque cada vez menos desde que me he propuesto erradicar esta rémora. Cuesta bastante porque la doble moral es muy cómoda y si uno la deja ella pervive ahí, agazapada pero presente, por los siglos de los siglos).
Últimamente cada vez me cuesta más dar por buenas determinadas cosas de nuestro país, y me siento más y más indignada cuando sufro, directa o indirectamente las consecuencias de tantos desmanes, tanta desidia, tanta acumulación de mierda.
Ya no se trata de problemas máso menos sencillos como que el pueblo llano no sepa hablar y mucho menos pensar por su propia cabeza mientras nos siguen vendiendo el cuento de que la educación que tenemos es la mejor de latinoamérica (además de la salud, claro), esos atrasos, en definitiva, los padecen casi todos los países latinoamericanos, aunque jode el embuste. Tampoco se trata de que se se hayan perdido (o al menos mi generación no conozca) ciertos detalles como las buenas maneras, las frases de agradecimiento, la cortesía en el trato, sobre todo en los servicios. Ya no se trata de que el pueblo se la pase enajenado bebiendo ron y jugando dominó (una opción muy válida, pero definitivamente no la única), de que, a falta de otras diversiones, todo se resuma en el sexo, omnipresente y enfermizo, o que el mal gusto esté generalizado en una población que hace lo que puede por sobrevivir entre tanta miseria.
No se trata sólo de eso. Se trata de cosas más profundas y dolorosas. Se trata de los miles de cubanos y cubanas que se han convertido en ladrones de guante blanco, embusteros por necesidad, que van acostumbrándose a hurtar aquí y allá, en los centros de trabajo, en cualquier sitio, da igual lo que sea, porque todo hace falta, y que no sé yo si llegado el momento sabrán poner fín a tan mala costumbre.
Se trata de esas mujeres y hombres que se prostituyen cada vez con más facilidad, y yo no soy moralista sino que creo que cada cual debe hacer con su vida lo que quiera, pero pienso en los malos ratos, en el gravísimo error de tomar la excepción como norma, y en esos adolescentes que crecen viendo este fenómeno con naturalidad. Pienso en el excesivo amor a las cosas que he podido constatar en una sociedad que se decía socialista y que hoy es víctima del consumismo más feroz, un consumismo de pacotillas, pero consumismo al fín y al cabo.
Pienso en el daño moral que nos ha hecho esa falta de seriedad de un gobierno caprichoso, extravagante e improvisado, que ha creado seres traumatizados, ya sea sin personalidad o con múltiples personalidades, sospechosamente adaptables, ambiguos, escurridizos, holgazanes, lerdos, informales, vulgares, incapaces, en fín.
Creo que me he pasado un poco con las críticas de una manera incómoda incluso para mí, pues todo esto me afecta directamente, pero este exorcismo va contra los que engendraron al Frankenstein que es hoy el pueblo cubano, no contra el pueblo que, en definitiva, es quien sufre las consecuencias.
Todo esto venía a cuento de que un amigo español que conoce mucho Cuba y ha ayudado en varias ocasiones a cubanos me comentara que lo que más le llama la atención es que los cubanos tenemos mucho orgullo, ese patriotismo absurdo que nos han inculcado, pero, dice mi amigo, que a ese orgullo no lo acompaña la misma dosis de dignidad, entendiendo por eso la dignidad de toda la vida: pagar las cuentas, no pedir por pedir, mantener la palabra, etc. No sé si darle la razón o discutir, quizás estoy un poco acomplejada por estas opiniones y me he pasado al lado hipercrítico, pues para que critiquen otros, critico yo.
Me duele tener que escribir esto, teniendo en cuenta que parte de mi familia, una parte muy cercana, vive en Cuba y temo por que puedan sentirse mal al leer esto, pero ellos saben que no va contra ellos, yo conozco su calidad humana, pero espero que etiendan que es imposible tapar el sol con un dedo y todo esto que he dicho es de sobra conocido.
Por último, para ser justa, quiero decir que los cubanos también tenemos muchos valores destacables, algunos de ellos (la solidaridad y el compañerismo, el humanismo) precisamente estimulados por la Revolución, ya se sabe que las cosas no son nunca en blanco y negro.

8 comentarios:

Jose Varela dijo...

Prima, ni se que decir sobre este escrito. Evidentemente "la doble moral" es consecuencia de tener que vivir bajo un sistema de gobierno totalitario y dictatorial como el que hemos tenido en la isla desde 1959. Tambien a que "el instinto de sobrevivencia" hace que el ser humano en general busque las vias de proteccion para envitar perder la vida. Yo naci a pocos años del triunfo de la revolucion, por lo que deberia ser "el hombre nuevo", sinembargo por creer en Dios, durante los 30 años que vivi en Cuba tuve que defender a capa y espada mi creencia, para no tener que vivir con dos morales. Todo es Karma, y lo que el pueblo de Cuba es hoy se debe a haber vendido su alma al Diablo. Si un dia cambiara el sistema socialista, lo que vendria despues serian cien años de caos y reorganizacion. Y si a los cubanos de la isla les comienzan a construir McDonals, Wendy's, Wallmart, Sears, Malls, y todo lo que esta sociedad de consumo ofrece sin haber tenido un tiempo de sanacion espiritual, la moral y todo lo que un ser humano debe cargar con orgullo quedarian definitivamente fuera de lo que seria nuestra cubania.
Te recomiendo que seas tu un ejemplo de pureza en tus sentimientos, que donde quiera que vallas proyectes tu honestidad y que dediques los años que te queden de vida a evolucionar y desarrollar los talentos que el Dios del Universo puso en ti a modo de que seas luz y bendicion para los que a ti se aproximen.

By the way: Pienso ir a Cuba en Diciembre por primera vez desde que sali de alla en el verano del 1994.

garrincha dijo...

sí te has metido en un berenjenal, y te felicito, porque es un tema que duele aunque se ignore.
tengo que darte razón en muchas cosas.
en otras no sé qué decir, porque odio generalizar y esquematizar algo desde estrechez de la visión personal o cargar la mano en lo anecdótico.
te digo una cosa, la revostrucción cubana sembró cosas buenas y la cagó en otras.
pero muchas veces, preocupado por las mismas cosas que te preocupan a ti, me he preguntado cuánta gente tiene una dignidad muy camaleónica al margen de una sociedad como la cubana, endémica en muchos aspectos.
vamos, que hay gente que se ha criado sin ética ni autoestima y roba, miente, se escurre, haraganea y alardea con el mismo talento, estén en cuba o en suecia.
adivina dónde le va mejor siendo así.
la revostrucción fue una cagástrofe con muchas cosas.
creo que hay otras, y bien feas, que ya estaban allí.
pero repito, te felicito por haberle entrado al berenjenal.
ojalá la gente opine sin caer en excesivos localismos o aferrándose a experiencias personales como prueba.
un abrazo, y te repito lo que le dije a la yvette inufio: ni se te ocurra dejar este blog.
ni jugando.

Ivis dijo...

Gracias primo, gracias Garrincha, por sus comentarios. Es cierto que se me fue un poco de las manos el artículo, el tema es muy amplio y yo muy imparcial y apasionada. Estas cosas hay que verlas desde la distancia, con mente fría, aunque también es cierto que llevaba tiempo pensando en este tema, no el suficiente, por lo visto, porque veo que he sido un poco injusta. Pero bueno, lo que falta que lo complete el debate, si es que levanta polémica, y sino ya iré pensando en cómo mejorarlo.
Por lo pronto ya estoy pensando en un tema de humor que se llamará "como matar a la doble moral" (con un palo, a pellizcos, etc.)
Garrincha, tienes mucha razón en eso de que hay mucha gente hipócrita y maleducada que no han nacido precisamente en Cuba, y aquí se me ocurre un contraste impresionante, que es lo que yo creo que confunde más de los cubanos: puede que haya este doblez, pero en muchísimos casos es para conseguir algo inmediato, es una picaresca sana, no como he visto aquí, que la gente está pensando en las consecuencias a corto, mediano y largo plazo, y donde los "camajanes", por usar un término del argot cubano, pueden darle clases a los camajancitos de Cuba. Es la escuela de la diplomacia, de la politesse, y ahí estamos los cubanos un poco verdes. Pero claro, sigo generalizando, ¡qué manía! Lo siento. Gracias a ambos por sus apreciaciones, en cuanto a mí, difícil lo tengo para ser ejemplo de nada puesto que no quiero, Dios me libre de ser tomada como ejemplo, que eso tiene un precio que yo no estoy dispuesta a pagar.

garrincha dijo...

dos caricaturistas, dos muelas.
eso debe querer decir algo, pero no tengo ni idea de qué es.

Ivis dijo...

Garrincha, no te entiendo pero me encanta.
Jajaja.

Anónimo dijo...

La verdad que has capturado mi desasosiego de dias pasados. A lo loco te comento..me meti en un forum de cubanos EN Cuba (periodico Vanguardia) por mas señas y se me cayeron, de golpe, mis sueños de futuro en la Isla. Ni me preguntes por que, fue una brisa que me paso de pronto. Es saber que pasas de ser el hijo, sobrino, amigo a ser "el que manda dinero" suena feo. Y duele. En fin, disculpame por usar tu blog para hacer catarsis. Pero desde Texas, con mi vida "resuelta" a veces me complican/duelen otras vidas..

Ivis dijo...

Es una sensación fea, pero si de algo te sirve te propongo que no lo mires como algo personal, es cuestión de supervivencia, de pillería un poco burda, de doble moral pero sin mala intención ¿existe eso? Yo creo que sí, es ignorancia, si tus familiares supieran el daño que puede hacerte, teniendo la sensibilidad a flor de piel, ya sea por la distancia o al regresar por el encuentro con una realidad que te golpea y te remueve los sentimientos, un comentario suyo fuera de lugar, un enfriamiento de las relaciones (que es mútuo, déjame decirte, pero supongo que el que viene de fuera lo acusa más porque es quien está ante un medio que ya le es ajeno, y si ya vas prejuiciado, más). Si ellos supieran lo mal que puede sentarte una cosa de estas, estoy segura de que no dirían nada ni actuarían de este modo torpe o mezquino.
Los lazosfamiliares no se han roto (por más que la distancia y el aislamiento propio de Cuba conspiren para que así sea), yo lo he comprobado cada vez que he ido, mi gente es mi gente y eso no tiene discusión, ah, pero ha variado la manera de ver la vida, la seriedad ante la vida, ya el que está fuera (y no quiero generalizar) arrastra un peso que es el de la responsabilidad, el de la tristeza, el dessarraigo, yahas visto cómo (con qué poco sentido del humor) se toman las cosas en el mundo real, no ese "todo vale" de Cuba, esa pachanga, y entonces a tí te sientan mal cosas de las que quizás en otro momento te hubieses burlado. Y es cierto que quizás ahora tú eres quien tiene el dinerito, pero hay que relativizar, pensar que todo eso pasará, que es una etapa, que esa ceguera se pagará con un abrir de ojos tardío y traumático para muchos, un tiempo que ya tú has ganado, y que el tiempo pondrá las cosas en su sitio, y todo el mundo tiene la oportunidad de pasar por lo mismo, sentirse mal, desconfiar, sentirse utilizado...
Yo a día de hoy me arrepiento de haber sido tan dura, y tan superficial con algo que es tan complicado y profundo.
Pero el amor lo cura todo, no lo olvides. Y perdona el sermón.

Yo Ana dijo...

Querida Ivis, mientras más te leo más te admiro. No se si verás este comentario, pero solo quiero añadir que aunque tienes mucha razón y yo también sufro de lo que aquí llaman "verguenza ajena" cuando alquien me espeta a la cara la "desverguenza" del cubano, creo que es sano no olvidar que estando allá adentro la mayoría de nosotros, con más o menos dignidad, vivíamos esperando el maná del cielo para no morirnos de inanición, y es que el instinto de supervivencia es el primero de todos, el más elemental, y solo se puede sentir verguenza con la barriga llena, aunque no tengas el corazón contento. Ahora sigo leyendote, disfrutando y sufriendo cada una de tus historias y poemas. Te reitero mi admiración y aprecio. Un abrazo, Ana