jueves, 28 de junio de 2007

Hermanos del alma

Hoy he quedado traspuesta con el recital de poesía que ha hecho Antonio Orihuela, poeta andaluz que vino a leer a El Último Jueves, invitado por Antonio Rigo.
Qué gozada de poeta, de poesía, de momento, de vida (según parece), qué maravilla, me he quedado con ganas de más, de traérmelo a mi casa para que me lea un poco cada noche antes de dormir. Así es como -a mi entender- debería ser la poesía, sincera, directa, quemante, no esos rompecabezas que a veces nos quieren vender como poemas unos señores estirados y muy cultos, pero con poca esencia.
De qué valen los libros si no pueden hacer mejores a quienes los leen, de qué vale la cultura si no nos libera de la vanidad, de los prejuicios. No valen de nada, más bien resulta un desperdicio: tantos libros en manos equivocadas, tanto lujo (porque la cultura es un lujo que muchos no pueden permitirse) para nada.
Pero luego viene este desconocido y te convence de que existe esa chispa que andabas buscando, ese ideal que creías perdido, y tú te sientes optimista, renovado, eufórico porque por fin ¡por fin! has hallado algo verdadero.
Y sin que hayas intercambiado una palabra con él, ya lo sientes hermano del alma.

domingo, 24 de junio de 2007

Contenta y relajada

Hola amigos,
pues así me siento hoy, contenta y relajada. He tenido un fin de semana maravilloso, he disfrutado con amigos de verdad, de los que están ahí y uno puede relajarse junto a ellos porque se siente querido y protegido, y qué importante es, pienso, sentirse parte de algo, al final todos deseamos sentirnos dentro del mundo, por mucho que sepamos que hay algo de gregario en este gesto, ¿qué más da?
Ahora me viene a la mente un fragmento de Rayuela donde Horacio, ese tipo maravilloso y loco que de todo hacía filosofía, comenta acerca del gregarismo. Y dice una frase que me encanta: "es preferible una módica indecencia a una decencia gregaria". Y bien, comparto bastante eso de no estar rodeado de gente por el temor a quedarse a solas con uno mismo. Más bien pienso que pobre del que no sepa estar a solas consigo mismo, del que tema mirarse en el espejo, tener el valor exacto de sus defectos, y aquí parafraseo al autor de un libro que leí por curiosidad pues se llama Ibis, igual que yo (aunque a mi madre le gustaba más con v que con b y se tomó una licencia). Es un libro de Vargas Vila, un escritor creo que colombiano, un poco cursi él, que decía algo así como: "tener el valor de tus virtudes es un negocio. Tener el valor de tus defectos, es el valor". El libro está lleno de frases lapidarias como ésta, lo que le da un aire de manual de instrucciones.
No quiero ser pedante y citar constantemente libros, pues además no soy de las que se ha leído todo lo que debería, pero volviendo al tema de la compañía, los grupos, la socialización. Yo he tenido a lo largo de mi vida opiniones diversas acerca de los grupos. Al principio no sabía vivir sin mi correspondiente pandilla, era algo tan natural que ni me lo cuestionaba. Luego comencé a creerme diferente y a sentirme fuera de grupo en cualquier ambiente, no sé por qué, pero pasé por una etapa de rebeldía tonta, sin darme cuenta de que incluso esa rebeldía, con todo lo que conllevaba, era maniquea. Pero maniquea y todo, me llevó a actuar como una espía, a ser una paria dentro de mi tribu. Era como si lo mirase todo desde el público, sin intervenir en la representación, supongo que se estaba formando mi personalidad de escritora. El caso es que los grupos y yo no ligábamos, o mejor dicho, que ligábamos tanto que era sospechoso. En mi versatilidad era capaz de compartir tertulia por igual con científicos, rockeros, estudiantes de derecho, médicos, cubanos del bajo mundo (no era mi especialidad, lo reconozco, pero qué divertidos e instructivos pueden llegar a ser), aburridos y sobrios literatos, de esos que se ponen a buscar la pelusa de la recontrapelusa, y también esos mismos literatos ya borrachos, muchísimo más divertidos, ricachones de lo más cool, pobres de solemnidad, solidarios militantes, diseñadores... Yo podía con todos, me los aguantaba a todos, muchas veces con sincero interés, pero sin llegar a sentirme como ellos, siempre salvando las distancias, en una actitud de sospechosa frialdad. No lograba integrarme en ningún grupo, no era de fiar, yo misma no hubiera confiado en mí misma entonces, que no hace tanto. Era como una extraterrestre caracterizada de diferentes trajes con la misión de espiar submundos del género humano. Pero luego me cansé.
Me cansé de ser tan abierta que por poco se me caen los sesos, de ser tan diplomática, de no dar afecto verdadero, de no echar raíces. Me cansé de comprender, de ser una curita, un bálsamo, una especie de psicóloga sin consulta ni honorarios, de ser buena lo mismo para un roto que para un descosido, de ser tan perro verde, en definitiva. Y no es que no fuera sincera en mis afectos (sé que ahora parecerá que me desdigo) pero mis afectos eran tantos y tan diversos, que no podía dar abasto, ni aunque fuera superwoman habría podido mantener tantas amistades con tan disímiles intereses. Por eso ahora voy descartando, creo que al fín voy encontrando mi sitio, mi lugar en el mundo (me ha costado). Quizás el grupo me ha escogido a mí o yo he bajado la guardia porque me estoy poniendo vieja y me gusta sentirme arropada , o quizás he legado a la conclusión de que da igual si se trata de moteros o evangelistas pentecostales, hay de todo por todo o en todas partes cuecen habas (tanto hablar pa llegar a la brillante conclusión, qué desperdicio de palabras).
El caso es que ahora me siento feliz con mi grupo de amigos, con los que estuve este fin de semana, aunque no son, ni mucho menos, todos mis amigos verdaderos, tengo más, tengo muchos, de hecho, de mi periplo por diversos submundos me ha quedado un ramillete de amigos de todas clases, en eso sí soy rica, y como dice el refrán que el que tiene un amigo tiene un central, yo puedo considerarme millonaria. Lástima que mi persona sea limitada y no pueda corresponderles con la misma intensidad, dios sabe que lo he intentado.
Ellos, mis amigos, no son perfectos ni mucho menos, son más bien pobres, pero ricos de espíritu, no son muy guapos, pero tampoco son feos, son simples, ese es el secreto, son buena gente, ese es el segundo secreto. Me aceptan como soy, ése es el tercero.
Molt bona nit a tothom.

viernes, 22 de junio de 2007

Poemas adolescentes

Lujuria

¡Lujuria, ven a mí!, tráeme contigo
aquellas noches de sábanas revueltas,
de velas encendidas,
de gritos apagados,
de gemidos.

La nostalgia entorpece mis sentidos,
no puedo más, de amor encarcelado.
Fluye en mis venas, cual río caudaloso
sin destino,
sin frenos,
desbocado.

La nostalgia me tiene prisionera,
recuerdos de los días ya pasados.

Los días del amor a pierna suelta,
del comer por no morirnos de hambre,
del galopar sin fin de nuestros cuerpos.


Mas, ven lujuria, ven a atarme las manos,
Ven a desabrocharme los estribos.
¡Gobiérname! ¡Enloquéceme! ¡Suavízame!
Agótame por fin de tantos besos.
¡Transpórtame! ¡Bautízame! ¡Renáceme!
Quítame de una vez esta pereza.

Cansada estoy de andar por esas calles,
sola, triste, de amor necesitada.

¡Necesito lujuria en carne propia!
Pecar y no ir al cielo, ser blasfema,
morir de amor, bajar hasta el infierno
quemada por los besos voluptuosos
del hombre que con besos me desarma.




Al futuro

El día en que no corra por mis venas
esta sangre bullente, este desvelo,
esta intoxicación de ser yo misma
esta debilidad de grandes sueños.
Entonces me zambulliré en mis penas
dormiré, como oso en el invierno.

El día en que me toques y no encuentres
un corazón latiendo aquí en mi pecho,
cuando al acariciarme no respondan
mis pezones, mis poros, mis cabellos,
cuando calle mi boca y mis pupilas
se resistan a percibir lo bello.

El día en que me gane el pesimismo,
cuando sea alimento de los cuervos
yo ya no seré yo, seré otra cosa
amorfa, triste, arena del desierto,
otro grano de harina indistinguible
en la masa de pan del universo.

El día en que mi hijo me pregunte
por qué estoy triste, por qué estoy sufriendo
y yo le dé un discurso explicativo
sobre el amor, en vez de darle un beso,
ese día, abandóname, querido,
ese día, tal vez, esté muriendo.



Realista

Ya sé de cierto que no soy imprescindible
en este mundo que nos corresponde.
Nadie muere de amores por mí,
nadie agoniza ahora por la falta de mi ser.
No pienso suicidarme, no estoy loca,
además siempre es posible atormentar a algún incauto,
pues me gusta, y lo digo sin sonrojo
jugar a enamorar, y a enamorarme.
El juego de la seducción me atrae
(qué vicio saludable y qué problema).
Detesto no tener un objetivo,
un amante real o imaginario,
un motivo de verso, o de desvelo,
la noción de pertenecer a algo:
un partido, una raza, lo que sea,
algo que ate mi sexo a la deriva.



Libertario

Cuando el amor te llegue, no le huyas
porque morir de amor es imposible,
lo lógico es morir de desamor.

No temas florecer, abre tus alas,
acepta ésta llovizna bendecida
que la vida te entrega, dadivosa.

Desata tus encantos, mariposa
y vuela presurosa por la vida,
que no siempre hay un jardín de rosas.

Que la felicidad nunca es bastante,
que son tan sólo instantes de locura,
y que tú eres lo más importante.

Regálate, pues bien, un día de asueto,
tira lejos esa melancolía,
y deja disfrutar a tu esqueleto.

Quédate, entre las sábanas, dormida,
cuando suene el reloj, con ese amante
que hace rato te trae embobecida.

Es tan corta la vida, que es bastante
para sentirse bien, tener un día,
con colchón, y con sábanas, y amante.



Advertencia

Hay un hombre en mi cama,
respira dulcemente
ajeno a mi escrutinio.

Este hombre magnífico
duerme cual hoja seca
que el viento hubiera
arrastrado hasta mí

Todos sabemos
que el viento es caprichoso
y que más vale no contradecirlo.

Me ha dejado este hombre
posado aquí en mi cama.
Y tengo que admitir que es todo un hombre.
No le sobra ni un dedo,
no le falta una tuerca,
he dicho que respira,
si lo toco se mueve
(tiene eso que llamamos
sensibilidad).
Lo cual no significa
que llore más tarde
si le leo un poema.

Tiene pelos, espalda,
tan amplia que podría
tenderme sobre ella.
Y la temperatura de su cuerpo
es tibia, para ser conservadora.
Aunque si me recuesto contra él
podré saber exactamente
con cuántos grados arde mi deseo.

Hay un hombre, repito,
lo digo por si acaso,
no vaya a ser que luego
me acusen de liviana.

Duerme como angelito
¡angelito!
Con ese cuerpo terrenal
y esa boca profana.

Y ¿cómo resistirse
ante tanta belleza?
El pecado sería
no morder la manzana.

Y ¿qué puede pasar?

¿Qué más tarde se pudra o me indigeste?
¿Qué se ofrezca a otras bocas, la villana?

Acepto el riesgo,
que no todos los días hay manjares de dioses
encima de mi cama.



Transparencias

Tal vez un día logre descubrirte
la esencia, y alcanzar donde no llego.
Hasta donde no me dejas llegar,
o hasta donde no quiero.

Mas por ahora me conformo,
con tenderte mis brazos y apresarte,
aunque no logre abarcar con ese gesto
toda la dimensión de tu estatura.

Me basta con cubrirte con mi manto
y el juego no parece complicarse.
Es sencillo: te quiero por ahora
y me quieres, o al menos eso dices.

Te quiero y te retengo por las buenas,
sin realizar esfuerzos sobrehumanos,
sin dejar de ser yo y sin alterarte
el gusto a ti, que tanto me provoca.

Te quiero sin temores ni exabruptos,
sin miedo al abandono o al olvido.
Mi amor es algo así como una fuente
volcada sobre un río.

Nada espero de ti que no me dieras,
nada te doy de mí que no me pidas.
Queriéndonos así, la primavera
nos durará, quizás, toda la vida.



Sensaciones

Esta luz y estas sombras no son para poetas,
son para el hombre y tú, para la carne,
ese olor a violetas no es real,
es perfumada esencia de la noche.

Esta noche real, esta llovizna,
esta noche sedienta de caricias,
el cuerpo desgarrado de las corrientes secas,
el dedo, la nariz, la boca que no cesa.
El sueño, el insomnio, los fantasmas,
la noche que se inquieta,
la calma que se instala, la tormenta,
la feroz embestida de la lluvia.


De vampiros

Las sombras de la noche se evaporan
al llegar la mañana con sus ruidos,
su música molesta, inconfundible,
señal de que comienza un día nuevo.

El sol es el antídoto del miedo,
de las enredaderas, los fantasmas,
con él no valen ya los sortilegios
los vampiros regresan a sus cajas.

La magia de la noche está en su esencia
oscura, vaga, turbadora, muerte.
Evocar la verdad es sacrilegio
encender una vela, mala suerte.

La luz pone las cosas en su sitio
se pierden las aristas, los matices
y todo resplandece con su brillo
con colores reales, con insulsos barnices.



Autorretrato

Tengo miedo amor mío
de mostrarme ante tus ojos tal cual soy,
y defraudarte con cualquiera de mis mediocridades.

Soy pequeña
no llego a tu estatura de poeta.

Soy inquieta,
me pierdo en el camino de la fe
tan fácilmente
que yo misma me asombro cuando al verme
descubro que he torcido mi camino,
que he perdido el motivo de mi lucha
quién sabe en qué planeta, retozando
con los astros fugaces que deslumbran
y se apagan después.

Soy voluble,
mi amor se desvanece a cada rato,
necesito alimento cada día
para amarte otra vez.

Soy horrible,
pienso cosas que a veces me avergüenzan,
soy capaz de trazar sórdidos planes,
soy capaz de mentir, y de mentirte.

Soy humana,
me atormentan algunas tentaciones,
pasiones terrenales,
emociones
que ansía mi vivir.

He cometido errores,
demasiados,
por mi debilidad, por esas cosas
que la vida nos guarda en una esquina.
La vida me ha dejado las manzanas,
y yo las he mordido.

Soy muy frágil,
sin ti me siento yo desamparada.
Es por eso que temo me conozcas,
pues no sé si después de conocerme
sigas pensando en mí como la misma
mujer que tú conoces y que admiras.



Días de lluvia

Es magnífico sentarse y ver llover
a través de la ventana,
cuando uno está tan solo.

Es mejor que correr tras de la efímera,
perversa e impalpable
felicidad.

Qué palabra tan hueca y rimbombante,
absurda y asediada,
de muchos, un afán.

Para mí es un enigma,
no sé cuando la tengo,
y en noches como ésta,
se me va.

Sólo queda esta lluvia
que no cesa.
Como el llanto que falta a mis ojos,
como el mar.

Eterna y atrevida,
penetra en mi santuario
me moja sin quererlo,
me invita a recordar.

En mi vida he tenido
lluvias alegres,
cobijada en los brazos
de algún que otro galán.

He tenido aguaceros
memorables,
de los que no he querido
despertar.

Mas ésta es una lluvia diferente,
acorde con mi espíritu,
oportuna.

La escucho palpitar,
con su cadencia de árboles,
y no pienso en más nada.

Ahora yo soy la lluvia,
esa lluvia que cae.



Mente volando

Aquí estoy,
con las manos abiertas hacia el cielo,
pretendiendo agarrar un no sé qué,
algo que me falta.

Inmóvil, la respiración cortada
casi como muerta espero.
Oteo el horizonte y espero
en medio de la calle
varada.
Indiferente al tráfico y al tiempo,
a la gente que pasa por mi lado
mirando con recelo.

Yo no los veo.
Concentrada en buscar lo inalcanzable
miro a lo lejos.
Con todos mis sentidos
miro y no veo.
No veo lo obvio,
no veo lo simple,
busco algo etéreo.

Algo que me alimente,
que me anime.
Algo que me entusiasme,
que me llene.
Algo ¿trascendental?
que me trascienda,
que me atraviese,
que me derribe,
o que me haga volar.

Espero,
desespero,
busco y no encuentro.

Poeta,
soñadora,
se van sumando
los improperios.

Y yo esperando,
nubes lloviendo,
aves volando,
rostro sonriendo,
autos frenando,
cuerpo cayendo,
libros rodando,
vidrios rompiendo,
gente mirando,
la policía,
mente volando,
risa subiendo,
mente volando,
mente volando,
mente volando,
mente volando....



La poesía

“No gastes más neuronas" - la poesía
está a punto de extinguirse para siempre.
Ya nadie quiere leer sufrimientos,
pensar en las metáforas ya pasó de moda.
"No gastes más neuronas”- me decía
aquel fulano incrédulo y sabihondo.

Pero en mi terquedad, atrincherada,
no escuché sus consejos, y seguía
buscando en lo pequeño de las cosas
el porqué levantarme de mis días.

Muchas veces choqué, la realidad
apareció ante mí sin compasión,
las piernas me temblaron, mi optimismo
pesaba más que yo.
Me fui con mi optimismo a hacer equipo
con otros optimistas y reclutas
ingenuos como yo.

No he cejado en mi empeño
de encontrar poesía en todos lados.

La vida es eso, pura poesía,
metáforas, tristezas, alegrías...
Todo un rompecabezas de estribillos.
Si logramos armarlo, que martirio
saber lo que nos guarda cada día.

Sin un resquicio
para el azar, o para la aventura.
Sin una gota de novedad
al doblar la esquina.

Una tablita a la que asirse
o una chispa
que despierte en cada uno de nosotros,
la poesía...



Mártir, tonta

Amo y sufro de una manera absurda
no concibo la vida sin el goce
y el dolor de una inmensa sacudida.

Quiero vivir así, no me es posible
voy tendiéndome lazos a mí misma
caigo en círculos, aros invisibles
que traigo en mi vestido encadenados.
No me puedo zafar aunque lo intente:
tengo miedo de mí, de mi persona.
Para unos soy luz, y sin embargo
soy del sol una sombra en el espejo
un haz arrepentido que se rompe
en miles de colores, y con ello
deja ya de existir.

Soy tan sólo una luz encadenada,
una luz que no alumbra ni calienta
perdida, silenciosa, insomne, torpe,
hambrienta, enajenada, mártir, tonta.



Paisaje

Este diario mío, qué fastidio
de páginas en blanco y al acecho
de ideas originales y exquisitas.
Cuánto silencio rico,
cuánta palabra pobre.
Qué ironía.

Me encanta la ironía, los contrastes,
tanto paisaje bello sin los ojos
que traten de engullirlo.
Tanto verde al descuido,
belleza en despilfarro,
sin hoteles,
ni vistas,
ni conquistadores,
pintores o fotógrafos.

Este paisaje que no quiso
ser retratado,
apresado en la lente,
reducido
a un trozo de papel,
foto,
o afiche.


¡Bravo, paisaje!

Utilizas tus armas,
te defiendes.
Proteges tu originalidad,
y así tienes un gancho
asegurado.

Bravo por ti que ya conoces
a ese monstruo del marketing,
del que se dice
que quienes lo practican son dichosos.

Eres todo un proyecto
de belleza,
pintura,
poesía,
promoción,
y hasta pornografía.


Te dejo, pues, paisaje, en tu hermosura,
dueño de cuanto abarcas y posees,
gestor de tus empresas,
negociante,
nos veremos las caras otro día.



Putrefacción

Siento como me pudro
lentamente
y nadie a mi alrededor
puede hacer nada.
Ni siquiera,
el amante que besa mi cuello oloroso
a fragancia de flor.

Y yo gozo de saber
que están contados
mis días de princesa mañanera.

Y yo río,
al ver los cuerpos atléticos
de las revistas,
grasosos,
bronceados,
bellos,
son cuerpos domesticados
por el constante ejercicio.

Pero yo me pudro
y como no puedo hacer nada
por evitarlo,
me contento con burlarme
de la belleza.
De esa belleza instantánea,
cegadora,
la deslumbrante belleza
de un joven cuerpo desnudo.

Y yo me miro
en el espejo enemigo de mi cuarto,
ese terco soplón que no me engaña
ni ante las amenazas que le grito.

Ese espejo asesino de mi imagen,
y esta boca, asesina de mi cuerpo,
van a acabar conmigo.

No me importa,
que se pudra mi carne, que se pudra,
pero sin paños tibios.
¡Si al final soy un monstruo ante el espejo
quiero serlo ahora mismo!

... Lo que más me atormenta,
de mi putrefacción, es el período
que demoro en hacerlo,
una lenta condena a plazo fijo.

Si al menos yo supiera
que tengo una semana de permiso
gozaría hasta el último instante
de este amable resquicio.

Le diría a mi amante
que amase mi morada con locura,
que mordiese mis senos sin remilgos,
hasta que de mi piel brotara sangre,
y mi vientre inflamado fuera un foso,
ganado a fuerza de martillos.

Luego desvencijada,
maltratada mi carne por excesos
me sentaría a esperar frente al espejo,
de mi cuerpo el brutal estropicio.

... Y metamorfoseada, cual cigarra,
reiría con los dientes que me queden
de esos que se resisten a enfrentar
la vulgar decadencia de lo vivo.




Imploración a las musas


La edad de la inocencia
cuando las musas bajan sin llamarlas
es una edad preciosa
y casi siempre malgastada.

Si al menos por ahora
que conozco los límites del mundo
alguien me susurrara las canciones
que solían brotarme en aquel tiempo...
sería capaz de todo:
de sacarle una lágrima al vacío,
de hacer soñar a un viejo
o sonreír a un muerto.

Venid, musas, venid ángeles, vengan
a declamarme versos al oído,
venid todos a por mi, me estoy hundiendo
en la mediocridad del día a día.
Salvad a esta poeta sin estrofa,
salvadme por favor, de tanto olvido.


Alerta

Creo que crecí mucho, demasiado
ya no sé cómo jugar con los niños,
ya olvidé las canciones de cuna
y mi perro se aburre al lado mío.

Si pudiera reírme como antes,
soltar la carcajada sin vergüenza,
volver al tiempo aquel de los infantes,
el tiempo del candor y la inocencia.

Si pudiera reírme como antes
reiría de amor, y sin prudencia.



Monstruos

Acabo de parir un hijo muerto
y lo tomo en mis brazos,
pero este hijo muerto no me habla,
no me mira, no bebe de mis senos.

Hijo mío- le hablo- ¿no me escuchas?
¿acaso no te atrajo el mundo mío?
¿no te gusta esta madre que te acuna?
¿esta voz, que susurra en tus oídos?

El hijo permanece indiferente
no abre siquiera un ojo, no respira,
yo que lo amaba tanto he comenzado
a odiarlo con irrefrenable ira.

¿No me escuchas acaso? ¿no me escuchas?
¿no te conmueve mi alma desvalida?
¿comenzaste tan pronto a darme lucha?
¿acaso estás jugando con mi vida?

Pero nada despierta de su sueño
al fruto de mis noches de vigilia
al juez de mis excesos, al engendro
de alcohol, de drogas, sexo, pesadillas.

Me aburro de ser tan contemplativa
y lo lanzo hacia el aire, y lo recojo
le pego una nalgada, enfurecida
lo sacudo, lo bato con enojo.

Soy una mala madre que no quiere,
a este hijo que no habla, ni gatea
que no puede ser visto, que no quiere
abrir sus tiernos ojos a la vida.

Todos tenemos hijos que no nacen
hijos que nacen muertos, escondidos
en recónditos páramos del alma
donde enterramos todo lo prohibido.


Envidia

Encontraré a mi muerte un día de estos,
quién sabe si más tarde o más temprano.

Me mirará pasar arrepentida
de no haberme llevado por la fuerza
a su casa de puertas siempre abiertas
a quien quiera llegar,
mas infranqueables,
para aquellos que penan por salir.

Mi muerte se preguntará al mirarme
qué hago yo aquí en el mundo de los vivos
con tanto desconsuelo en la camisa,
tanta melancolía en los bolsillos.

Charlaremos en torno a los negocios,
canjearemos:
soledad por tristeza.

Me propondrá compartir su apartamento:
"queda allá no muy lejos
del centro del olvido”.

Tal vez así nos aburramos más,
quizás hasta lleguemos
a divertirnos menos.

Yo quedaré confusa con la oferta;
nunca antes había pensado en eso
de hacer con mi tristeza transacciones.
Poner un puesto en pleno cementerio
de angustias y deseos reprimidos.

Y al calor de la próspera ganancia
mi muerte empezará sin darse cuenta
a tomarme cariño.

Y (ya lo veo venir), ya lo imagino
que un día nuestro fructífero negocio
se encontrará de luto, pues mi muerte
se habrá suicidado, dejándome una nota:
“eres más muerte que yo,
lo reconozco,
me es imposible conmorir contigo”.



Anti-reloj

Romperé los relojes de mi casa,
voy a romperlos, sí, porque me asustan,
me vuelven una autómata regida
por un montón de piezas, de chatarra.

Y el que llevo en el brazo, ese martirio,
esa soga en mi cuello, ese verdugo
que me recuerda siempre qué no he hecho,
lo dejaré caer así, al descuido.

Al grande de la sala, al cantadero
le meteré una flor entre sus ruedas
una flor fresca, húmeda, viviente,
que oxide, con su savia, el esqueleto.

Nunca serán personas, nunca pájaros,
aunque canten las horas, aunque griten
aunque tengan colores no son árboles,
no dan flores ni frutos, sólo números.

Pobres relojes tontos, pobrecitos
en sus cárceles de oro encapsulados.
Recorriendo su pobre repertorio
una tras de otra vez, al infinito.



Epidemia

Ya entraste por mis poros
ya echaste tus raíces contagiosas
que se extendieron, cual tentáculos, por mi cuerpo.

Ya se quedó en mi mente, eternizado
tu olor a bosque, tu sabor a sangre.
Ya me ataste las manos y las piernas
con retoños que parten de mí misma,
cuervos, amamantados por mi esencia.
Ya cubriste mi boca con tus besos
y abarcaste mis senos con tus manos,
ya contagiaste el aire que respiro.

Ahora sólo te falta – digo yo (que no digo)-
que me saques los ojos y que muera.


No me asistas

No me asistas, te pido, no me asistas
no me llenes los días de absurdos cotidianos,
no me tiñas el tiempo de falsa poesía,
no me pongas la tele tan temprano.

No soporto, te advierto, esas urgencias
por corretear detrás de lo alcanzable
esos pedazos de cielo sin estrellas
esas ofertas que apestan de baratas.

A mí me dejas, yo no me meto en nada,
sólo quiero escuchar el mar, tú vete
a correr por el mundo de piltrafas.

Cómprate algo, no sé, ve al tenderete
donde venden los sueños de mentira,
y déjame vivir, ya sin tus bretes.



Cadáver exquisito

La noche de los lápices, jugamos
como todas las noches,
las palabras,
jugaban a callarnos.

Y yo, boca cerrada, no entran moscas,
descubriendo motivos como velos,
descorriendo cortinas, desnudando
la carne que no resiste ataduras,
que no quiere ser cubierta,
los sentimientos más puros.

Quiero un amor, que me transporte
al banco de aquel parque,
a aquella fuente
que tiene un cupido que vomita
agua limpia de frondoso manantial.

Quiero dormir a la orilla del río,
donde el agua me alcance para no oír
ni el ruido de los pájaros, ni el agua,
cuando cae en la roca.

Quiero un silencio enrarecido.

Vengo a llevarte, música, no intentes
besarme los oídos.



La mueca

Una mujer camina por las calles
luciendo su mejor sonrisa
como un juguete de vidriera
que pide a gritos ser comprado.

Hay sonrisa para todos,
está la diplomática,
la sonrisa seductora,
la de niña inocente,
y la de convencer a quien sea necesario.

Pero lo cierto de todo es
que tras de la sonrisa hay una mujer triste,
una mujer extraña,
que por este motivo no encaja
ni aún en su propio cuerpo.

Esa mujer sonrisa es como un pozo
de infinita tristeza,
un volcán en peligro de erupción
que nunca se sabe cuándo y cómo estalla.

El llanto la sorprende sin quererlo
en medio de una fiesta,
o en la calle
mientras hace las compras
cualquier día del año
(da igual que sea festivo).

Y la sonrisa que sigue pegada
a su cara, como una careta,
le desfigura el rostro en una mueca,
le desvirtúa el llanto
en una risa histérica.

Pobre mujer que no puede llorar,
que anda de risa en risa tras el llanto.

Y cuando llora
entonces se transforma
ya no en un arcoiris,
ni siquiera un Pierrot,
sino en una grotesca,
triste,
inexplicable
caricatura.


Fama y aplausos

Hagamos algo que sirva para todos,
algo multipropósito, por ejemplo:
un poema de amor,
un cuento de relajo,
una peli de acción,
un artículo de belleza,
una dieta,
una receta de cocina,
un solo de decoración,
una reseña deportiva,
una historieta,
un editorial,
un anuncio masivo, masivo, masivísimo,
una concentración.

Solo así pasaremos al salón de la fama
que es el nombre secreto
del cuarto del olvido.




Poema para un joven

Se te notaba al vuelo:
tenías la cabeza
de flores y de pájaros,
las nubes se agolpaban en tu frente
los ojos tormentosos amenazaban lluvia
y un golpe de relámpago
apenas tus pupilas chocaran con la tierra.

Así como los enanos
reconocen su estirpe en el gentío
yo supe que eras yo,
otro yo disfrazado de guitarra.

Más joven, más ingenuo yo,
menos dolido,
sin las descargas eléctricas
que pulverizan al alma en pleno vuelo.

Eras yo cuando volaba,
cuando me ilusionaba
el canto de un pájaro,
y el caer de las aguas del río.

Eras yo cuando tocaba entre mis senos
y el motor de mi sangre hacía un ruido
ora rápido, o lento, ora quejido.

Te miré con razón y con envidia
de haberte conocido.
De no reconocerme hoy que me acuesto
y me duermo en las noches
tal como si mi cama fuera un nido.



Maldita indecisión

Inconforme que soy, que aún teniendo
el mundo entre mis manos no me sacio.
Las nubes con que sueño
me impiden ver el sol.

Estoy enferma
de grandes sueños,
de melancolía,
y de amor.

Camino y pienso
mientras camino
cómo sería mi vida,
si no hubiese sido
tal como es hoy.

Y cada paso que doy
lleva un paso arrepentido.

A veces miro atrás,
otras regreso
a buscar lo que dejé
en el camino.


El hombre de los pies de plomo

El hombre de los pies de plomo
Me sostiene,
Me pone cuerpo a tierra,
me devuelve a esta vida
Que es la mía
Aunque yo nunca me lo crea.



La marea

A veces cierro los ojos
para no deslumbrarme
con los fuegos de artificio.

Otras, bajo la vista
cuando choco con esos
que saben lo que pienso.

Pero otras simplemente
cierro fuerte los ojos
y no es de vergüenza,
tampoco de sueño,
es cuando sé que va subiendo
la marea.

miércoles, 20 de junio de 2007

Medio bruja

Debo ser medio bruja o bruja entera.
Hoy por dos veces he nombrado a gente que luego me ha llamado por teléfono. Esas cosas pasan, lo sé, pero dos veces el mismo día es como mucho, ¿no?
Este tipo de cosas lo deja a uno sorprendido. Quizás sea verdad que existe algo, quizás sea pura lógica, ideas que vienen formándose, coincidencia de pensamientos, telepatía...
Eso en mi Cuba se llama ser "mediounidad", pero yo no creo en esas cosas, más bien me inclino a pensar que hay sensibilidades, relojes que ponemos sin saberlo y que un día, el día señalado, se activan para recordarnos que es el momento de pensar en tal o mas cual cosa o persona.
Lo que sí creo es que nuestro cerebro no está bien investigado, deberían prestarle más atención los científicos.
Por cierto, que ahora que me acuerdo, yo iba para científica, pero me quedé en semilla. Cuando ví que inventar la vacuna contra el cáncer no iba a ser tan fácil y que antes tenía que lavar muchas pipetas y dejar pasar los días tras los vidrios de un laboratorio en el que nadie sabía hablar de otra cosa que no fuera adn y otras malas palabras que encima no rimaban bien desistí. Saqué la cuenta de lo poco que iba a poder ir al cine, leer libros y pasear y me rajé. Bueno, para ser sincera la causa principal fue que no me gustaba tanto, o que las otras cosas que iba a perderme me llamaban más la atención.
Tengo sueño, ya ni sé lo que escribo.

lunes, 18 de junio de 2007

Estoy pedestre

Llevo unos días sin despegar los pies del suelo a mi pesar, numerosas obligaciones y compromisos se han confabulado para evitarlo. ¿Por qué tenemos siempre un aguafiestas que nos hace bajarnos de la nube?
Tengo miedo de no poder volver a volar como lo hacía antes. Es como la fábula de la manzana, una vez que la pruebas pierdes la inocencia y con ello todo el halo que te protegía de la vulgaridad del mundo.
Con frecuencia me olvido de mis metas, distracciones de todo tipo vienen hacia mí y me entretienen, y yo me voy tras ellas alegremente, olvidándome de mí misma y de lo más auténtico que brota de mi interior, y es el principio del fín. La mala memoria es como un jabón que te hace resbalar y caer. La mala memoria y la falta de confianza en uno mismo son las peores enemigas. Hay otros, pero nunca tan jodidos.
Al menos esta nota me hace recordar que un día tuve unos planes. Será preciso retomarlos por mi bien.

jueves, 14 de junio de 2007

Me voy a los madriles

¡Yujuuuuuu, qué rico, salgo de la isla por unos días! Y es que esta isla a veces puede ser muy agobiante. Tanto dar vueltas y vueltas por los mismos lugares cansa.
Bien es cierto que es maravillosa, y con una calidad de vida bastante alta, pero todo tiene un límite.
A veces los que no han estado en Cuba no pueden comprender que los habaneros digamos que estamos acostumbrados a una gran ciudad. Y es que La Habana es una gran ciudad, con muchos municipios, allí puedes pasar años sin visitar un barrio, o toda una vida sin conocer algún rincón, y eso te hace diferente, más abierto quizás. Aquí en esta isla le entra a uno una paranoia... te parece que todo dios te conoce, eso puede llegar a ser contraproducente, sobre todo en materia laboral. Sabes que si quedas mal en un trabajo, puedes tener problemas en otro, porque aquí lo más gracioso es que entre mallorquines todos se conocen, es un poco de locos.
No sé a mis conocidos, pero a mí me ha sucedido el saludar a alguien y percibir que esa persona me conoce, sabe quién soy, dónde vivo, con quién, y no es muy agradable la sensación, aunque, por otra parte, ahorra las presentaciones.
Total, que me he ido por las ramas, ¡que me voy unos días! A un bodorrio de esos de copete, vamos a ver qué tal. Me reencontraré con amigos de Cuba, me la pasaré bomba, como dicen por aquí.
Hasta la vuelta, pues, un saludo y buen fin de semana tengan todos,

Ivis.

miércoles, 13 de junio de 2007

La vida es bella

No cabe duda, la vida es bella. No sólo es bella sino bellísima. Hoy es un día bonito, tengo tantas cosas que celebrar... Hay tanta gente buena en este mundo y yo tengo la suerte de conocer a unos cuantos, soy feliz, hasta donde se puede ser feliz cuando estás fuera de tu tierra, pero aún así disfruto cada día intensamente, soy una privilegiada, en resumen.
Espero que quienes lean esto no se sientan mal si no son igual de felices, sino que se contagien y reflexionen acerca de sus prioridades en este mundo, no vinimos a sufrir, eso es un cuento.

Dicho por la sabiduría popular: "hoy es el último día del resto de mi vida, por favor, no me lo amargues".
Dicho por Chaplin, en ese bonito poema, un poco gastado por el uso: "una sonrisa cuesta poco y produce mucho".
Dicho por Celia Cruz: "No hay que llorar que la vida es un carnaval".

En fín, que sean felices, coño, ¿queda claro?

Besos,

Yo.

domingo, 10 de junio de 2007

Un día de domingo

Así se llama una canción brasilera que me gusta mucho, y yo al parecer estoy hoy experimentando todos los síntomas de tristeza dominical.
Pero no pasa nada, me digo a mí misma para darme ánimos, mañana será lunes y estarás perfecta e ilusionada con la vida que te aguarda, suponiendo que así sea.
Cuántas cosas están atascando mi felicidad... mejor dicho, ¿cuántas cosas están atascando mi felicidad? No lo sé, es una cuestión subjetiva que, en todo caso, no conviene exponer aquí, porque de hacerlo habría que remontarse a la historia de Cuba, y no me apetece sacar aquí viejos rencores.
Más bien voy serenándome a medida que escribo, otra vez utilizo la escritura como terapia, lo siento, pero es el mejor arma que conozco. La otra es dormir, pero eso ya lo he hecho.
¿Por qué me encuentro triste? Una vez escribí un poema que comenzaba así:

Agonizo por las noches
agonizo
de insomnio
de café
y de recuerdos.

Sufro el dolor ajeno
me duelen los porrazos
que no tocan mi piel.

¿Por qué me siento triste?
¿Acaso por aquellos
que nunca ven la luz?
¿Por todas esas vidas
que pasan por el mundo sin saberlo?
Sin que el mundo se entere
que ha servido de abrigo
a seres que respiran
y sufren y vomitan
fornican y se ríen, cantan, juegan?

No era un buen poema, pues como de costumbre me fui "por los cerros de Úbeda", pero esa idea inicial creo que estaba bien, pues es cierto que yo sufro el dolor ajeno, y a veces me siento triste pensando en la tristeza de los otros. No es que quiera venderme aquí como la más solidaria, que no lo soy ni mucho menos, pero eso sí, predisposición para la tristeza tengo para comer y para llevar, será algo hormonal. ¿Que hay que ponerse triste? Búsquenme a mí, la tristeza siempre me encuentra cuando llama a mi puerta. ¿Qué hay que llorar? Pues ahí que vamos. Somos inseparables, mi tristeza y yo.
Pero bueno, ya sé que esto no es importante, así que cambiemos de tema.
Un tema como, por ejemplo, el apego de la gente a sus rutinas y el miedo que tenemos a perder el control sobre las cosas. La gente, empezando por mí, por eso mismo, como me afecta, quiero hablar de ello.
Dicen los budistas que el apego es una de las causas del sufrimiento, yo estoy de acuerdo, aunque discrepo de ellos en eso de no sentir apego por las cosas, puesto que no me parece natural. Los seres humanos somos como otros animales, en el fondo. Marcamos el terreno, vamos delimitando nuestro espacio y con ello dejando constancia de nuestro poder. Es un comportamiento natural, como lo es, para mí, el comer carne, puesto que estamos hechos para ello, otra cosa es que voluntariamente nos obliguemos a no sentir celos, a no tener demasiado amor por las cosas materiales, a no comer tanta carne, porque todo eso nos hace daño. Pero no hay que olvidar que la bestia está ahí, acechando.
Por eso sonrío y miro hacia otro lado cuando noto en alguno de mis congéneres una debilidad de este tipo, y es que en el fondo todos necesitamos sentirnos seguros, tener la ilusión de la seguridad.
Sin embargo yo cada vez lo tengo más difícil para entusiasmarme hasta el punto de creer ciegamente en algo, ninguna ideología me inspira suficiente confianza como para descansar sobre ella. Ninguna tierra me parece ya mi tierra. Soy una paria, ni mi casa, ni mi cama, ni el planeta me parecen seguros ni, por supuesto, de más está decirlo, míos.
Qué malo es esto que dentro del catálogo de las ilusiones representa la ilusión de ser una conciencia despierta, algo que quizás no sea más que un delirio, pero que quita el sueño como una enfermedad real.
Tristeza retrospectiva, futurista, comprensiva de todas las tristezas de mi alrededor, de aquellas con las que me identifico, soy un limpiapeceras de tristezas, un agujero negro que atrae toda la tristeza de este mundo.

Creo que este domingo me ha sentado mal.

Pensándolo bien, ya que soy así de sensible, voy a tratar de captar las alegrías, como si cambiase de canal, a lo mejor soy tan feliz que paso a llamarme "doble felicidad", como un restaurante chino que hay o había aquí en Palma.
Por supuesto, desvarío ¿esperaban otra cosa?

jueves, 7 de junio de 2007

Les dejo con unas fotos de Cuba











Este enero estuve en Cuba. He aquí algunas fotos que sacamos.

Qué agobio

Queridos amigos:
En estos días ando un poco agobiada, entre que el ordenador no me funciona y lo he tenido que llevar a arreglar, que ando haciendo un curso de publicidad, que tengo que examinarme del carné de conducir este miércoles (sí, el de Cuba no me vale aquí) en fín que les ruego me disculpen si mis comunicaciones son breves y escasas.
Les prometo volver en cuanto tenga más tiempo con más fuerza, quizás más temprano que tarde, si me da la locura una de estas madrugadas.
Besotes,
Yo.

lunes, 4 de junio de 2007

Estuvimos en el museo de San Carlos


Sí, estuvimos este sábado, éramos pocos pero con mucho interés. He aquí la foto que nos hicimos junto a la silla de Maceo. Por cierto el señor que nos atendió, Antoni Llull, es un magnífico guía y un apasionado de la historia que atesora este museo. Gracias a él por su amabilidad. Creo que la visita vale la pena, el edificio es precioso, también es digna de admirar la excelente colección de armas que recientemente donara un militar apellidado Llorente, una maravilla. Les dejo con otra foto.

viernes, 1 de junio de 2007

Gente linda I


Aquí os dejo con algunos amigos, gente linda que vale la pena.
No se pongan celosos los que no aparezcan, pronto subiré más fotos.
Foto1: Con amigos en el lírico. Jose Joaquín, Antonio Saura y Marcela, preparando el encuentro con los escritores cubanos.
Foto2: Preparando el concierto "Canciones de otro mundo, poemas de este mar" en casa de Mauricio, con Toni Rigo y Aldo.
Foto3: Con Luisa en el Varadero.
Foto4: Cumpleaños de Margaret en casa, con Inma, Lorenzo, Jorge y su madre, Rufi y Margaret.
Foto5: Gabi, mi ex compañera de trabajo, en el restaurante de su marido, Pepe Pintos, excelente cocinero.
Foto6: Con María, Toni y Ramiro, tumbados en el sofá de mi casa como cerditos después de comer una suculenta comida cubana.
Foto7: Pilar y Angelines, en casa.
Foto8: Inma y Víctor, preciosos.
Foto9: Mi padre, mejor dicho, mi hermano mayor.




Persiguiendo falsos héroes

Nos pasamos la vida persiguiendo falsos héroes que encumbramos sin saber por qué razón. Seguimos la rima a otros que tomaron la iniciativa de señalar a este o aquel como modelo de algo que a lo mejor ni habíamos pensado, pero que, dado el caso, nos viene bien para tapar nuestro vacío interior, para disimular nuestras inseguridades, y sobre todo para no tener que pensar por nuestra propia cabeza.
Tomamos el modelo y, si podemos, lo compramos, solucionando de esta sencilla manera el problema que nos preocupaba. Y siempre hay un modelo para cada cosa, ante cada situación, es más fácil comprar el modelo que fabricarlo, o que serlo.
Porque si nos decidimos a ser auténticos, a pensar por nuestra propia cabeza, pasa lo paradójico, que se convierte uno en modelo de otros, y todo vuelve a comenzar.