Hablaré del dolor. El dolor tremendo que me causa dejar a los míos, cada vez que tengo que partir hacia tierras extranjeras. el dolor de no poder compartir con ellos las cosas cotidianas, los pequeños momentos de hastío o de ternura. El grandísimo dolor de irnos desapegando de los rituales que conforman la esencia del ser hasta volvernos ajenos a nosotros mismos. El dolor de tener que emigrar forzosamente porque una plaga de incompetentes se ha adueñado del país, privándonos de la ilusión de vivir decentemente y con alegría nuestras vidas.
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Pero también se hace necesario hablar del amor, porque sin el amor nada de esto sería posible. Él es quien hace tolerable la distancia, el vacío de la ausencia y el larguísimo tiempo que transcurre entre visita y visita a la familia. Él es eso que no se ve y que sin embargo permea las capas de la atmósfera, goteando sobre las cabezas y los recuerdos, para que todo permanezca intacto a lo largo de los años, para que los abrazos sigan siendo los mismos de siempre, cargados de afectos y emociones imperecederos. Es el que nos impele a hacer gestos heroicos, a construir catedrales, para que sus alturas nos recuerden el motivo de nuestra lucha, para despertar del letargo, del sinsentido cotidiano y percibir la luz del faro inconfundible de nuestro puerto.
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Mauricio
La vida nueva que asoma por entre sus dientes me sobrecoge. Es tan hermoso... tan inocente, que da gusto verlo moverse, libre en su torpeza, sabio, anárquico y vital. Toda la frescura del mundo cabe en su risa juguetona, y todo el asombro, en esos ojos que se encandilan al contacto con la luz.
Mauricio, nombre de guerrero, nunca imaginé estar pensando de este modo, con este grado de amor, en alguien tan pequeño de estatura. Mauricio, pedazo de mi alma recién colonizado por tu risa, belleza en fuga que no admite adulación ni ofrendas, amor sinceramente interesado que no logra ofender. No dejes de alumbrarnos.
2 comentarios:
¿Tuviste un hijo?
¡Felicidades!
Eso explica tu largo silencio en este lugar...
No, no he tenido un hijo... todavía. Mauricio es mi sobrino, mi único sobrino y lo más parecido que he visto a un hijo, ya llegará para mi la maternidad. Un saludo y gracias por tus comentarios.
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