miércoles, 12 de febrero de 2014

¡Ay, la vida!

La vida es una eterna paradoja.
Un hombre muere y a mí me da por volver a escribir.
Un cantautor inmenso, a quien tuve la oportunidad de conocer en persona, se va de este mundo por la puerta ancha, y yo me remuevo en mis raíces como si hubiera acabado de escuchar todas sus canciones juntas. Y aunque así no ha sido, ellas, las canciones, retumban en mi cabeza como un eco lejano, devolviéndome a mí misma hace más de una década: ingenua, confundida, bella, dispuesta a comerme el mundo o a arreglarlo, creyéndome escritora, poetisa, al menos intentándolo. ¡Qué ternura!
Es lo que tiene el arte, que llega a conmoverte cuando menos te lo esperas; que te enseña lecciones sin querer; que es, como la muerte, implacable. Como la muerte que se ha llevado a Santi -que-en-paz-descanse- y siga siendo en la muerte tan artista y jodedor como lo fue en su vida, en su intensa vida, ¡ay, la vida!


2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Muchacha, apareciste! Gracias, Santi, por tus canciones y por devolvernos a esta musicapoetayloca, lo que no pudo lograr Violeta...

Queseto

H. San Jorge dijo...

Se nos fue tan rápido que a veces a un no me lo creo.