Estoy llena de amor. He descubierto que la vida es un lugar confortable para estar, y que no hay que ponerse triste sin motivo, por más que nos gusten esos dulces momentos de melancolía. He alcanzado la paz de mi alma, por fín, después de tantos golpes y sobresaltos, y hoy me siento satisfecha, feliz, como una flor dispuesta a abrirse al mundo: orgásmica y carnal.
Atrás quedan los días de sufrir y escribir estupideces, papeles entintados que hoy sólo me servirían para quemarlos y calentar mi casa. Hoy duermo con la cabeza apoyada suave pero firmemente en mi almohada, suave y firmemente, igual que camino y pienso.
Amo tantas cosas y a tanta gente linda... hombres y mujeres, amigos y amigas, hermanos de la vida. Amo mi cuerpo a pesar de mi figura no tan esbelta como desearía, pero lo amo por lo que es capaz de dar y de aguantar, porque él soy yo, y como Whitman digo: "me celebro y me canto a mí misma".
Y por todo esto, yo, que no soy creyente, doy las gracias al cielo y rezo para que no se me escurra pronto todo este amor que hoy me desborda.