domingo, 29 de marzo de 2009

Catalina

Gracias a mi primo Manolito por las fotos.

Con mi abuela y mi prima Jennifer, hace muchos años.

Catalina con sus plantas.
Sus hermosos ojos verdes.

Mis abuelos con sus hijas, aquí falta el varón.

De esta foto sólo quedan tres en Cuba: mi madre (de rubio), mi padrastro y mi abuela.


Nunca he escrito sobre ella. Quizás porque yo pocas veces escribo sobre las cosas realmente importantes para mí. No me siento capaz de abordarlas. Pero dejemos a mi persona aparte porque esta no es mi historia, esta es la historia de una gran mujer, mi abuela Catalina, que está a punto de cumplir 92 años y que hoy debe haber experimentado la inmensa alegría de volver a ver a una de sus hijas, que ha viajado a Cuba después de tres años para estar junto a ella en su aniversario. Tres años, se dice pronto, sin embargo el tiempo, como se sabe, es más corto o más largo dependiendo de quién lo cuente. Para mi abuela, a sus 92, seguramente han sido muchos más. Quién le hubiera dicho a ella hace unos años, cuando toda nuestra familia estaba unida, que a su edad iba a tener que sufrir la ausencia de sus hijas, nietos y biznietos, a algunos de los cuales probablemente ya no vuelva a ver, por ley de vida.

Pero mi abuela es dura de pelar y soporta con dignidad su carga, aunque de vez en cuando clame por sus tres hijas ausentes, pero se resigna, pues su vida ha sido dura de principio a fin. Una vida dura y larga que yo trataré de ilustrar aquí con unas cuantas anécdotas que recuerdo, como pequeño homenaje en su cumpleaños.

Catalina Carmelita nació en el 1917 en el pueblo de Las Maravillas, que entonces pertenecía a la provincia de Camagüey, en una casa de madera en medio del campo; una amplia casa familiar, rodeada de inmensas extensiones de tierra. Mi abuela me contaba que en su casa no sabían exactamente los animales que tenían, y que de pronto una puerca desaparecía y cuando la volvían a ver venía preñada o con su cría al retortero. También me contó que, como no había luz eléctrica, cuando mataban una res, tenían que poner a salar la carne para poder conservarla, lo cual hacían en unas grandes bandejas. Esto provocaba arcadas a un tío suyo que era muy fino y siempre pasaba junto a las bandejas tapándose la nariz y maldiciendo, hasta un día en que se cayó sobre la carne, anécdota que contaba ella entre carcajadas. Sí, porque mi abuela Catalina era una gran contadora de historias, poseía un talento natural para entretener con sus narraciones, y una mente brillante (antes de que el Parkinson hiciera estragos en ella), a pesar de su escasa cultura, pues no fue a la escuela y a leer aprendió de manera autodidacta. Por eso uno no se podía disgustar cuando decía algún disparate, o salía con alguna de sus supersticiones, porque en realidad lo hacía bastante bien para los pocos estudios que tenía.

Su vida no ha sido precisamente fácil. Desde niña trabajó en el campo y ayudando a criar a sus hermanos, pues era la mayor. Luego de jovencita, no recuerdo ahora a qué edad, se fugó de su casa con mi abuelo, que la vino a buscar como se buscaba entonces a las doncellas, montado en un caballo, aprovechando que se había ganado un dinero en la lotería. Pero al llegar a su nuevo hogar no la esperaba una vida mejor, al contrario, tuvo que terminar de criar a los hermanos pequeños de mi abuelo, que se habían quedado huérfanos. Así pasó de una esclavitud a otra, y luego llegaron los hijos y la mala vida que le dio mi abuelo, siempre de juerga con sus compadres, su boxeo o sus mujeres, mientras ella lavaba y planchaba para la calle para así poder mantener a su prole: seis hijos y uno adoptivo, porque en casa de pobres donde come uno comen tres. Y sin embargo la vida no le dejó huellas en su cuerpo ni en su cara. Aún recuerdo cuando de niña la veía desnudarse y observaba aquellos pechos perfectos, algo caídos ya por dar de mamar a tantos hijos, pero lindos, y su cara rellenita, de pómulos salientes siempre empolvada, que si algo no permite mi abuela es que la vean desaliñada. Aún hoy, cuando depende de otros para todo, se incomoda si tiene el pelo mal y hace que la vistan con todas sus prendas: su reloj nuevo, sus bata de casa de fresca franela y sus zapatillas cómodas, que le mandamos de fuera para que luzca como una princesa, siempre limpia y arreglada. Y así, desde su silla de ruedas, pues desde que se fracturó la cadera no puede caminar, lo observa todo y parece una reina sentada sobre su trono.

Sesenta años estuvo casada con mi abuelo Juan Ferrer, un hombre autoritario que le dio no pocos disgustos, pero que a pesar de sus idas y venidas se mantuvo con ella hasta su muerte. Ella le sobrevivió, haciendo honor a su estirpe de longevos (algunas de sus tías llegaron a cumplir más de cien años), y ahí está aún, dando guerra.

Sus únicos caprichos, de joven, eran las escapadas que se daba de cuando en cuando al cine con su amiga Teresita. No se perdía un estreno donde saliera Jorge Negrete o Pedro Infante y otros galanes de la época. Sus amores secretos con los que supongo soñaría en la intimidad de su cocina, aunque mi abuelo fue el único hombre que conoció.

Aún recuerdo las sopas que le encantaba hacer día sí, día también. Sopas con huevo duro dentro, y con fufú de plátano, que a mí no había quien me hiciera tomar, pero que ella brindaba con verdadero entusiasmo a cualquiera que se acercara hasta la casa a la hora de la comida. Y ¡ay del que no le aceptara un plato! Eso era un desaire tremendo. La hospitalidad de mi abuela era a prueba de balas.

Siempre andaba por el suelo, no sé cómo se las arreglaba para caerse tanto, la pobre. En una de esas se fracturó la cadera y a partir de ahí ya no volvió a caminar. Ahora ya no anda, aunque dicen quienes la cuidan que hay días en que hace por levantarse sobre sus propios pies, es en esos días en que la visita un espíritu burlón que la transforma en otra abuela bien diferente a la que todos conocemos: una cómica viejuca que maldice y suelta malas palabras y que se inventa historias: que no le dan de comer, que le roban sus pertenencias por la noche mientras ella está dormida, pequeñas obsesiones que son fruto de una vida de carencias.

Hoy 29 de marzo es su cumpleaños y estoy segura de que de todas partes del mundo, desde todos esos rincones donde estamos dispersos, la llamaremos y le rendiremos los honores que se merece, porque ella es la reina, es y será la reina en nuestros corazones, el alma de nuestra gran familia.

14 comentarios:

Michell Pérez Acosta dijo...

Ivis,
muy tierno artículo.Creo q tu abuelita no merece menos q eso..trasladando la locación a Los Palacios (Pinar del rio)y a La habana, m parecía estar leyendo la historia d mi ya fallecida abuela paterna.
Saludos desde mi rincón del mundo..

Ivis dijo...

Hola Michell, gracias por visitarme a estas horas.
Un abrazo.

nelsy dijo...

MI PRIMA ME GUSTO MUCHO EL HOMENAGE QUE LE HICISTES A LA ABUELA, LA VERDAD QUE VIVIR TANTOS AÑOS NO DEBE SER NADA FACIL, COMO ME GUSTARIA ESTAR ALLI CON ELLA, HACE 11 AÑOS QUE NO LA VEO, PERO MAÑANA LA LLAMARE. TU Y MI HERMANO SON LO MEJOR DE LA FAMILIA UN BESO TU PRIMA

María Gina Valero Ortiz dijo...

Y que cumpla muchos mas, UNA GRAN MUJER que suerte tienes Ivis , aún puedes estar con los tuyos , eso es un premio, que tenga un feliz dia la dulce señora Catalina.

Queseto dijo...

¡Felicidades, Catalina! Por toda esa vida, por toda esa familia, y por esa nieta que ha heredado de usted el arte de contar historias.

Tenemos en común, querida Ivis, abuelas longevas. La mía, por desgracia, nos abandonó dulcemente hace unos meses, a los 101 años... pero me sigue acompañando y su retrato es lo primero que veo al entrar en mi casa.

Ivis dijo...

Prima, qué bien que te pasaras por aquí a dejar tu comentario. Nada de eso, en la familia somos muchos y todos bebimos de la misma fuente, así que no estoy de acuerdo contigo.
Un besote, ojalá puedas ir pronto.

Gracias, Gina y gracias, Queseto. Sé que tu abuelita está en el mejor lugar de tu casa. Oye, ¿has pensado lo que será durar tanto como ella?

Jose Varela dijo...

Prima,
Gracias por este escrito tan hermoso, por dejar aqui tus memorias de nuestra abuela Catalina. Yo lo que recuerdo de nino (antes de que tu nacieras) es que todos los domingos mis padres nos llevaban a pasar ese dia en casa de los abuelos. Y tal como a ti, ella siempre nos ofrecia una sopa que confeccionaba con platanos verdes. Ella los hacia tostones y los dejaba cocinar dentro del caldo. A diferencia tuya, a mi hasta el dia de hoy, me encantaba el sabor de esa sopa hecha con amor y con el carino que siempre nos ha dado a todos abundantemente.
Yo tuve la suerte y el privilegio de ser su primer nieto (ya cumplo 45 anos) por eso pienso siempre me ha dado un lugarcito privilegiado en su corazon.

Hanónimo dijo...

Oye, qué lindo post. Es como si te volviera a encontrar.

Ivis dijo...

Primo, mil gracias por las fotos y por la anécdota. A través del email me han mandado otras que pongo a continuación:
Mi primo Bely se acordó de uno de sus frecuentes despistes, cuando un día vino un señor buscando a uno de apellido Suárez, y mi abuela, que entendió mal le dijo: "¿cigarros suaves?, no, gracias, aquí nadie fuma".

Gracias Hanónimo por tu visita. Me alegro de que te gustara.

Tu padre dijo...

Una anécdota que jamás se me ha olvidado es cuando tu mamá y yo nos hicimos novios, estábamos en una parada de la guagua y aún no habíamos declarado nuestra relación en el seno de la familia. Los dos estábamos muy abrazados y de pronto apareció Catalina, tu mamá y yo no sabíamos qué hacer y de pronto ella dijo: "lo único que quiero es que la cuide y no la haga sufrir", desde aquel momento ya se hizo pública la relación y desde entonces esa frase jamas la he olvidado e incluso despues de nuestra ruptura matrimonial, siempre he tenido con tu mamá una atención especial, por lo tanto mi regalo de hoy para la cata, quizás muy pequeño e insignificante es haber cumplido con ella su alerta sobre su hija mas pequeña.

Anónimo dijo...

felicidades a la señora cataline y a ud. ivy .la ultima foto me parece estar mirando a mi propia abuela.

Ivis dijo...

Gracias por todo.

He recibido por email el mensaje de una amiga que también ha querido felicitar a la Cata, y es el siguiente: Querida Cata te mando un beso y un abrazo muy fuerte,te recuerdo con mucho cariño de la casona de 25 en las tardes cuando llegaba del trabajo siempre tomaba un café contigo y con Juan son recuerdos preciosos todavía recuerdo su olor a fricasé de pollo en aquella cocinita, sus peleas con Juan que eran cariñosas porque le buscaba la lengua y ella siempre le contestaba pero jamas la vi de mal humor siempre con cariño siempre risueña y dulce fueron para mi una gran familia las fiestas eran maravillosas yo me sentía parte de la casa, que cumplas muchos mas y que yo pueda volver a verte un día, desde el 95 no he vuelto pero si dios quiere cuando vuelva espero sigas estando con todos los tuyos,recuerdos y besos para toda la familia ferrer martinez siempre los llevo en el corazón, felicidades marxia jimenez

Anónimo dijo...

Ivis:Ante tal avalancha de posts en esta semana me he rasagado,pero no puedo dejar de agradecerte el que nos regales este relato tan hermoso sobre tu abuela.
Que Dios le de mucha salud a esa luchadora nata,tan comun pero especial en nuestra cultura cubana.
Un saludo ROBERTO:

Betty dijo...

hola Ivita! estoy un poco en off, ya sabes, pero chapeau para las abuelas, ciertamente reinas de la ternura y la sabiduría, las mías ya no están, y una estuvo siempre lejos, pero mi abuela materna tiene un lugar especial y amado en mis recuerdos, son las que nunca defraudan, llevan la serenidad de los que están de vuelta y te quieren bien. Que viva muchos años esa abuelita tuya de bellos ojos, algo de lo cual heredaste, y que muchos buenos ratos le lleguen como este...un beso