sábado, 15 de septiembre de 2007

Fotos de mar

La Catedral de Palma de Mallorca. Invierno 2006.
Sólo para pasar el rato. Estas son algunas de las fotos que tengo guardadas en mi ordenador, son mías, poco a poco me armaré de paciencia y las iré compartiendo.

Una pluma en la playa de Cala Cap Falcó. Verano 2007.


Cala Cap Falcó,una playa de Mallorca, al atardecer. Verano 2007.
El puerto de Barcelona. Verano 2007.

Bebo y Chucho Valdez juntos en "La comparsita"

Otros fantásticos músicos cubanos. Lástima esto de que estuvieran 18 años separados, por culpa de las ideologías, qué estupidez.
Me encantan sus caras de ternura, marketing aparte.Los dedos de Bebo apenas se posan en el piano, qué maravilla.

Nueva Manteca

No podía faltar Paquito de Rivera con su saxo, si se trata de músicos cubanos. Y pensar que allá ni se le menciona, qué pena.
Tremenda camisa de flores se me tiró Paquito.

Frank Fernández y la sinfónica nacional de Cuba

Hoy estoy clásica, como ven. Esto me recordó a De la Gran Escena.

Arturo Sandoval y Dizzy Gillespie - JAZZ

¿Quién se acuerda de Arturo Sandoval? De Cuba lo desaparecieron cuando se fue, aquí lo encontré, nada menos que con este monstruo que es Dizzi Gillespie.
Ojo al movimiento de cinturita de Arturo. En serio, está muy bueno. La música, qué gran invento.

Señales

Cuando uno espera las señales
siempre llegan al cabo, siempre llegan
a señalarnos lo que ya sabemos.


Soy una buscadora de señales. Casi cada día encuentro algo, y eso que no soy supersticiosa, que si lo fuera ya habría puesto una consulta.
No siempre son cosas tangibles. A veces son palabras, escenas simbólicas, coincidencias más o menos curiosas a las que mi mente encuentra significado. Quizás eso le pase a todo el mundo, pero yo quiero pensar que son señales puestas en mi camino por alguien que me quiere y me protege o pretende darme una lección.
Con los años me voy volviendo un poco mística, yo que no creía ni en mi madre, que no entré nunca a las iglesias porque era malo (según decían allá en Cuba), ahora encuentro en todo una explicación, aunque no precisamente en el camino de las religiones conocidas, es algo muy personal. Supongo que a todos nos pasa en algún momento de nuestras vidas que estamos más porosos, o simplemente prestamos más atención a las cosas subjetivas, a "esas pequeñas cosas" de las que hablaba Serrat, a ese perfume que nos trae el recuerdo de aquel amor, a ese pedazo de papel que apareció en el bolsillo de una cartera vieja...
¿Cuántas veces sucede que pensamos en una persona y ese mismo día nos la encontramos por la calle o nos llama por teléfono? ¿Telepatía? ¿Sincronicidad? ¿Mensaje divino? No tengo ni idea, pero me reconforta saber que siempre habrá sorpresas, por más rutinarios que sean nuestros días.
El otro día me encontré una cruz, un crucifijo en toda regla, con Cristo y todo, y lo recogí porque yo soy como esas viejas que lo recogen todo y lo guardan. Yo tengo la teoría de que si una cosa está en tu camino es por algo, así que voy guardando las cosas que me llegan, no por el deseo de poseerlas, sino por esa superstición que arrastro. Así tengo en mi casa montones de papeles, entradas de conciertos cortadas por la mitad, flores y hojas secas como para hacer un herbario, un Bart Simpson gigante que me gané en una feria, feo como la madre que lo parió (he intentado regalarlo varias veces pero nadie lo quiere), libros (sólo los buenos, los malos los regalo), folletos, revistas (no del corazón), fotos, accesorios informáticos varios, algunos que ya podrían ser considerados fósiles, libretas de notas con notas que jamás volveré a leer, libretas con poemas cursis, en fin, ahora que lo pienso, ¿para qué rayos guardo tanta mierda?
Bueno, los budistas dirán ahora que ese es el apego a las cosas y que contra eso hay que luchar, y yo estoy de acuerdo, ahora, que no me disgustaría que viniese un budista a mi casa a hacer un trabajo voluntario conmigo, para ayudarme a deshacerme de tanta porquería, a darle una salida útil, porque lo que considero intolerable es tirar a la basura cosas que tienen un valor sentimental.
Me he ido por las ramas, como siempre. Yo quería decir que el otro día me encontré un crucifijo, yo que no creo en nada, y que enseguida pensé que era una señal. Desde entonces lo tengo junto a mi mesa de trabajo, ahora mismo lo estoy mirando, es bonito, sencillo, de madera contrachapada, con un papel policromo pegado encima, con dibujitos, les pongo una foto para que se hagan una idea. Y enseguida pensé en mandárselo a mi mamá, no sé por qué, me vino a la mente, y se lo mandaré, en cuanto vaya para Cuba una persona de confianza, porque creo que en esto también importa el mensajero. Lo mejor de todo esto es que mi madre es atea, y no sé qué pensará cuando reciba la cruz, dirá que me volví loca o católica, y quizás lo primero, porque lo segundo, con todo respeto, no creo poder serlo, el catolicismo lleva implícita demasiada represión, además de tener un lenguaje más complicado que el de la programación php.
Lo del crucifijo es una señal, lo sé, pero ¿de qué? ¿Por qué nos aparecen señales sin que podamos descifrarlas? También cabe la posibilidad de que no fuera una señal sino una simple cruz que se le cayó a alguien, o peor, que no fuera para mí, y yo con esa manía de recogerlo todo... En fín.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Utopía (al fín lo encontré)

Gracias a Cleger, que entró aquí y me permitió conocer su blog donde tenía colgada esta maravilla que llevaba yo un tiempo buscando inútilmente en youtube.
Con este corto llamado "Utopía", Arturo Infante hace una crítica mordaz de la Cuba actual, que se debate entre la vulgaridad creciente de una sociedad en plena crisis de valores y el proceso, que comenzó hace ya unos años, de "masificación de la cultura", a través, entre otros canales, de la televisión educativa. El resultado es una gran contradicción.
Es genial. Yo no puedo parar de reírme cada vez que lo veo.
Que lo disfruten.

Somos lo que escondemos

Imperceptibles acciones
que definen tu camino sin saberlo.
Microscópicos detalles
que revelan tu interior.

Somos lo que escondemos
lo que no decimos.

Fe (ni un ya no estás)

Ya una vez hablé de esta canción de Alberto Tosca, pero me dije que no pararía hasta colgarla en el blog, y aquí está para el que quiera escucharla.
La interpretación es de Xiomara Laugart, una de mis cantantes favoritas.
La instrumentación puede sonar algo caduca, pero estamos hablando de un éxito de los ochenta.
Espero les guste.
Saludos.

Rayuela capítulo 7 (voz de Julio Cortázar). His voice.

Disfrútenlo.

Complicada

Lo siento por este silencio, no se imaginan las ganas que tengo de sentarme y escribir mis cosas, pero la realidad se impone, y de momento tengo que conformarme con escribir apasionantes reportajes sobre cómo cuidarse la piel después del verano, acerca del arte como inversión (con ése al menos aprendo), sobre los zapatos que se llevarán este otoño, en fín, apasionante, sin contar la de textos que tengo que corregir, bueno, no me quejo, peor sería tener que recolectar papas o poner sellos, al menos con este trabajito las neuronas hacen gimnasia.
Les mando un saludo gordo, pronto estaré de vuelta, espero no se aburran con las cositas que les voy dejando, ya sé que no es lo mismo, pero qué se le va a hacer, además, esto tiene que ser llevadero, que sino se convierte en una especie de cruz.
Espero comprendan,
revolucionariamente,

Ivis.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Isla Negra y Pablo Neruda

Esta es la casa donde vivía Neruda, en estos días se cumple un aniversario de su muerte.

victor jara -Plegaria a un labrador

Esta también estaba en el programa.

Te Recuerdo Amanda

Esta se la dedico a Mauricio. Mañana 14 teníamos que hacer un homenaje a Salvador Allende, Víctor Jara y Pablo Neruda. Iba a ser muy bonito pero el destino quiso que no pudiéramos hacerlo. Uno se puso enfermo, falló el audio, yo ando complicada... pero bueno, ya habrá tiempo para hacer más cosas como ésta.
No podemos quedarnos inmóviles al borde del camino.

Todos buenos

Todos somos buenos:
tú en tu planeta de neón
de no sé qué burbuja, eres bueno.

Yo en mi inconstante desandar,
batiendo alas infinitamente
también lo soy.

Pero como todo en esta vida
la bondad
también tiene gradaciones,
hay bueno, menos bueno, no tan bueno…
Tú y yo pertenecemos a la raza de los no tan.

La incredulidad

Crecer es darnos cuenta
de que a veces los consejos
no son buenos.

Es medir las palabras que decimos
y evaluar el discurso que nos llega,
porque no todo es bueno y conveniente.

Dejamos de ser niños ese día
en que somos conscientes de que estamos
solos y extraviados ante el camino,
con un mapa borroso entre las manos,
y un libro de instrucciones incompleto
cuya única premisa nos desarma:
"haga usted lo que pueda en esta vida".

Pero la sospecha de que hemos ganado
experiencia vital nos llega cuando
entendemos por fin de qué va el juego:
todo vale si a ti te lo parece,
no hay reglas inviolables, ni hay justicia,
tan sólo un burocrático balance
que para colmo a veces llega tarde o jamás.

La ley
es que no hay ley que no se pueda
vulnerar.

La marea

A veces cierro los ojos
para no deslumbrarme
con los fuegos de artificio.

Otras, bajo la vista
cuando choco con esos
que saben lo que pienso.

Pero otras simplemente
cierro fuerte los ojos
y no es de vergüenza,
tampoco de sueño,
es cuando sé que va subiendo
la marea.

martes, 11 de septiembre de 2007

Hermoso y libre

Cuanto más nos aferramos
empuñando criterios como lanzas
más rápido esas ideas
se desvanecen.

Como humo, sí, como espejismos,
que ideas son ideas y no rocas.
No lanzas, no trincheras, sólo humo
hermoso y libre, afortunadamente.

Mierda de vasos

No sé si sabes que
ya no tengo vasos,
se me han roto todos
con no poca impotencia por mi parte.

No hay nada peor
que un vaso roto
y luego otro
y otro.

No todos de golpe
de un zarpazo
violento y estridente.

Sino de uno en uno y en silencio
disimuladamente,
para llenar tu espíritu de pena,
de esa impotencia que causan
los vasos al romperse,
porque, por lo general
nunca vuelven a ser lo mismo,
y hay que botarlos
y limpiar aquí y allá…

Mierda de vasos.

Círculos de confianza

El miedo a la soledad,
ese miedo al vacío que nos vuelve serviles,
tolerantes,
es la causa de casi todas nuestras penas.

Círculos de confianza,
círculos de rencor
como grilletes,
esposas que nos vamos colocando.

Miedo a la libertad,
miedo al olvido,
certeza de que todo cuando hacemos
repercute a su vez sobre otras cosas
el día de mañana.

Hipotecamos el presente
en aras de un futuro
retorcido.

domingo, 9 de septiembre de 2007

Elis Regina, Águas de Março

Este domingo es ligero como esta canción. Un regalito.

Creo que ya lo he encontrado

Antes, hace unos años, estuve muy preocupada por encontrar mi vocación, mi lugar en el mundo, y en esa búsqueda un día surgió esto:

Un lugar en el mundo


A veces pienso en lo difícil que es encontrar el lugar que nos corresponde en el mundo, mucho más en uno como éste, tan delimitado en sectores: los carpinteros por aquí, los doctores por allá... ¿y el que no sea nada? Pues no hay sitio para un don nadie, o quizás la bodega de los don nadie, donde se los añeja sin que vean la luz hasta que sean alguien y puedan ser situados en algún compartimiento.
Una vez conocí a una mujer muy sabia, que predicaba la palabra de un dios, ella me dio una esperanza para mi búsqueda de purgatorio: sabía cuál era su lugar, un sitio invisible, lejos de la bodega y de los albañiles, y esa noche dormí en paz. Al día siguiente pensé: tengo que hacerme su amiga, debo apoderarme de su sabiduría, con ese pensamiento egoísta de quienes no tienen lugar en el mundo. Acto seguido intenté llamarla por teléfono, pero el suyo siempre estaba ocupado. Nunca más pude escuchar aquella voz serena, y me sentí frustrada, ignorante, y le escribí una carta donde decía: quiero ser tu amiga, cuando en realidad quería poner: quiero ser tu sombra y beberte la sangre; y la mandé al correo esperando su vuelta con algunas letras cargadas de consejos, pesadas y concisas letras que suponía debían abrirme los caminos para encontrar mi sitio en el Olimpo invisible de los sabios. La carta regresó a la semana, tal cual la había mandado, sin ser abierta, sin un rasguño apenas, ni por curiosidad, mi sobre dentro de otro mayor; mi dirección escrita como al descuido, pero sin ser abierta. Se me nubló la vista de llanto y de desdicha por no poder llegar a la sabiduría y así alcanzar mi lugar en el mundo.
Sobrevino entonces el despecho, como humana terrena, como escritora herida en su ego-istmo o como una aburrida camarera.
Me dije que no escribiría más, y así lo hice, no toqué más la pluma ni el teléfono para dirigirme a doña erudición. Pasaron muchos días, hasta hoy en que me siento bien, en paz con mis ancestros, y he reflexionado un poco sobre lo que ha sido mi vida – esa búsqueda inquieta de una cueva en qué pasar los años, esa persecución en la que he sido un poco de cada cosa: cosmonauta, asesina, casi siempre adolescente, y sonreí recordando a aquella mujercita que, al fin y al cabo, no era tan sabia, porque adoraba a un Dios. Pensé en ella y me dije que quizás no lo era tanto, en definitiva, pero que era especial, y su aura, ese reflejo inequívoco de haber encontrado su sitio, se la había granjeado ella misma, tal vez luego de serias deliberaciones o choques provechosos.
Pensé también que a lo mejor yo había encontrado mi lugar en el mundo, porque ya no veía en ella ni en los dioses algo sobrenatural, sino que mi mirada se había posado en un horizonte en cuyo rasero todo estaba al nivel de la tierra y, de paso, a mi propio nivel: pintores, albañiles, drogadictos, la puta de la esquina… No existen ya bodegas para raros, ni seres superiores, ni mujeres tan sabias, sólo seres pasando de uno a otro pasillo: sabio, necio, necio, imbécil, sabio… como líneas discontinuas o estados estacionales.
Y concluí que quizás mi lugar sea estar a una distancia determinada de esa mujer tan especial, saber que existe y mirarme en su espejo para reconocer mis defectos e intentar cambiarlos, como vía crucis para llegar a mi lugar, a mí misma o a la idea superior de mí misma. Girar en torno a ella, equidistantes, noche-día-día-noche, saber que si algún día pasa algo habrá un oído atento, un reservorio de penas y nada más. Desde entonces el sitio dejó de preocuparme.

Gigantes












Ayer hizo un día precioso aquí en Mallorca, de verano pero sin calor. He de encontrar un término para definir esa luz dorada de finales de verano que hace verlo todo más brillante, sin deslumbrar.
Les dejo con unas fotos de ayer por la mañana, lo de los "gegants" o gigantes es una tradición de las fiestas mallorquinas, son como los muñecones de carnaval en Cuba. Representan a personajes importantes en la historia de Mallorca, como los reyes, y otros simplemente son personajes paradigmáticos: el payes (hombre de campo), la payesa (campesina), ambos con sus trajes típicos, el xeremier (el que toca la xeremia o gaita) y otros. La verdad es que he aprendido a querer a los mallorquines y sus fiestas, mucho más tranquilas, por cierto, que las cubanas, pero: ¿aún quedan fiestas populares en Cuba? ¿Aún quedan carnavales?

jueves, 6 de septiembre de 2007

Oscuras conclusiones

Confusión de las formas
vientos raros
pasos inseguros ensuciando tal vez
o tal vez no, tu senda por la vida.
errores que ya habías olvidado
saltan contra tu cara y te recuerdan
que la vida es muy larga
que hay que andar con cuidado.

Debe ser el otoño que se cierne
sobre el alma de todos, lo que causa
este daño moral,
esta llovizna
de cosas indecibles
y oscuras conclusiones.

No hay salvación, observas,
están todos podridos
y hasta el más inocente lanza un dardo.
“He de buscarme un casco protector
para estos truenos
infames de septiembre”.

Olvídate de todos,
ya lo sabes
no sé por qué te vendes como saldo,
si sabes que al hacerlo te condenas.

Limpia tus pensamientos
con las lluvias
que te trae este otoño
inoportuno.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Gozar, comer,partir. 3ra parte (partir)

Con permiso de Arturo Infante, ese joven y genial director de cine, quiero dedicar este corto a todos los que se han ido y a todas esas familias que ya nunca volverán a ser lo mismo.

Interactivo Rumba Pa´ofrendarle (Live @ Karl Marx,La Habana)

El cubano que no sepa bailar una rumba está frito.
¡Tremendo voltaje!

Los hambrientos


Hace diez minutos ha pasado
la tristeza.

Con look de ejecutivo de segunda,
con metas terrenales, objetivos
a corto, mediano y largo plazo.
Con un cartel que dice: “yo me adapto,
hazme un contrato fijo”.

Estrategias, balances, y propuestas
a flor de portafolio.

Con hijos y mujer
solos en casa,
con sueños aparcados
por tiempo indefinido.

Me ha sorprendido ver esa sonrisa
en su cara de triste,
esa sonrisa cómplice, de iguales
(supongo que no me ha reconocido).
Hoy llevo el antifaz de los hambrientos.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Literatura y sueño

Ahora me dispongo a traicionarte con mi literatura, bien sabes que con ella puedo ser otra entre otros, en otro tiempo, y eso no debería gustarte menos que si me fuera ahora mismo con aquel amante. La literatura es un pretexto para traicionar al ser amado, como el sueño. Ayer te traicioné en sueños, y no me arrepiento, bien sé cuánto me debes traicionar tú mientras estás despierto. El amor, lo sabemos, no es eterno. El amor es eterno cuando se abandona a tiempo, en plena guerra, eso deberías saberlo. Pero tú nunca has tenido tiempo de pensar en el amor, siempre cambiando de un lado para otro, amando superficialmente, dejándote convencer por el convite barato.
No sé si he sido yo la que más te ha tenido para sí, la que más te ha guardado de tu naturaleza bruta y ambiciosa. Pero creo que ya me he cansado, y no quiero que este sentimiento se nos pudra por culpa mía. No quiero que me aborrezcas cuando duermes, ni que me beses en la frente como a una hermana. Sé que necesitamos estar lejos, ser tú y yo misma, no tener hijos, ser libres hasta que se nos haya olvidado tu forma y mi forma, ese suspiro que exhalamos al final de un orgasmo y que ya reconocemos cada uno en el otro. Cuando se haya olvidado la forma de tu mano en la mía, el paso acompasado, la cadencia del andar y del sexo, el olor de las mañanas y de las noches, el sudor, el sitio preferido para el beso, entonces quizás podamos volvernos a mirar como desconocidos, saber si nos gustamos o si nos hemos vuelto indiferentes.
¿Por qué tenemos que vivir en la mediocridad del día a día? ¿Por qué te pertenezco y exijo que me pertenezcas? Ese maldito sentido de posesión que se lo come todo: el respeto, la magia, el amor…
Sin embargo llega el consuelo, ese sentimiento sedante y placentero que se impone con el tiempo. Consuelo de saber que uno tiene a alguien que casi le pertenece, por motivos desconocidos y algo indignos; tranquilidad paradójica de las noches que se debaten entre el abrazo cariñoso o forzado del amante real y la entrega total, voluntaria, al sueño liberador de las pasiones más atrevidas de nuestro subconsciente.
Durante el sueño me desconozco, me libero y soy otras, por eso cada día duermo más, porque puedo, gracias a ese exquisito narcótico, recuperar esencias perdidas del ayer más remoto, de cuando era apenas una niña y mi cuerpo no se había aún abierto a la cosquilla del placer. Mediante ese canal expedito logro retrotraerme hacia los juegos inocentes de aquella callecita donde nací, cuando sólo importaba jugar con mis amigas, y no existían las prisas. Luego he volado en sueños hasta la adolescencia, esa etapa triste y anodina en que no era yo más que un espejo de los deseos de otros. Allí me he recreado volviendo a saborear el gusto de los primeros amores, el color de mi calle triste y antiguamente aristocrática, el dolor por la ausencia de mis padres cuando se fueron de viaje en aquella etapa en que yo más los necesitaba, las amistades que hoy no están pero que fueron en aquel momento ejemplo y diversión, el despunte de mi cuerpo como un arma poderosa de la que no tenía conciencia por entonces, el sexo al final de todos los caminos, para siempre a partir de ese momento.
Ahora que conozco los códigos no haría la mitad de las cosas que hice entonces, pero haría otras en su lugar, quizás por eso sueño en las noches, intento recuperar esa vida que tenía y que con el tiempo se va yendo, vida por sueño, acción por literatura, pasión contra sabiduría, y poco más.

Santiago Feliu-Buscame

No se le ve la cara, pero al menos se le escucha (todavía).

La necesaria libertad de los amantes

El amor
no es el sentido de posesión,
no es el cómodo escalón en que subirse
para alcanzarlo todo de un abrazo.

El amor
es darse cuenta de la inutilidad del egoísmo
de todo gesto que limite
la necesaria libertad de los amantes.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Domingo rojo

Me he levantado a trabajar, sí, como lo oyen, a las 7.40 de la mañana no he podido seguir durmiendo (y eso que me había acostado como a las 2) porque tengo que entregar un reportaje que se me resiste, y vuelvo a la carga.
Anoche me entretuve (siempre me pasa, me entretengo con la primera mosca que pase) mirando blogs, hay tantos... y de cubanos unos cuantos, toda una comunidad.
Me duele la espalda, pero más me duele el alma, y es que últimamente ando un poco sensible, y pensar que mañana empiezo en un trabajo nuevo... no me apetece, me siento vulnerable, nerviosa, pero qué se le va a hacer, no hay más ná. Pero no creo que pueda poner cara de ejecutiva agresiva y mucho menos negociar temas monetarios, aunque esos ya están negociados, pero siempre quedan los malos entendidos, lo que entra y lo que no entra en tu contenido de trabajo, etc. Esas cosas hay que dejarlas claras desde el principio, y yo no me siento con fuerzas de discutir. Necesito un coach a domicilio, una inyección de energía, de optimismo.
No soporto los horarios, las rutinas, soy una indisciplinada social, pero hay que hacerlo (levantarse temprano, ser normal).
De todos modos puedo agradecer que durante un par de meses he podido ir a mi bola, acostarme bien tarde, levantarme menos temprano y trabajar bastante en mis cosas, sentirme feliz, creativa, útil, y ya está bien, no se le puede pedir tanto a la vida.
Ya no podré ser la envidia de mis amistades, la mujer más realizada del planeta, pero tengo fe, esto de los horarios será temporal, yo no soy un ser de horarios, ¿o sí?
Bueno, lo mejor es que volveré a las lecturas del periódico por las mañanas, con el café con leche, y a hacer dieta, al fin y al cabo, ser normal no es tan malo, ni mi futuro trabajo, dicho sea de paso. Que soy una llorona, (y me duele la espalda, y en el fondo estoy un poco acojonada).

Filminuto coctelera

¿Se acuerdan de los filminutos?

POLITO IBÁÑEZ

Creo que yo estaba en ese concierto, me gustaba mucho Polito, no sé qué estará haciendo ahora. Ah, como extraño el Karl Marx, esa sensación de estar ahí, eufóricos, de que el teatro sea a la vez salón de baile y que apenas suene un poco de música con ritmo, la parte de delante se transforme en discoteca. Eso es un teatro para mí, algo asequible al bolsillo y que se pueda recorrer, donde se pueda salir a ligar un poco al lobby si una parte del espectáculo te aburre, jajaja.
Ojo a la interpretación a capella de Polito, es un gran intérprete con una voz impresionante.

viernes, 31 de agosto de 2007

Gracias, Manuel

Mi exprofesor del curso de publicidad que hiciera hace un par de meses ha escrito un artículo en su blog "Apuntes de bolsillo" y me ha citado (qué ilusión).
Estoy sinceramente agradecida por ello, si quieren ver el artículo vayan al link.

Un saludo,

Ivis.

jueves, 30 de agosto de 2007

Un ejemplo

Este poema lo escribí estando en Cuba este enero de 2007, valga para ejemplificar la frustración de no ser considerada más de allí.


A mi gente

Yo era como ustedes,
reía y caminaba como ustedes,
me pintaba las uñas y pedía
botella en las esquinas.

Creía ciegamente
que nuestro vino amargo,
nuestra caña de azúcar,
los habanos
(que aunque no soportaba por su olor
siempre sacaba en cajas clandestinas)
eran lo más sublime de esta tierra.

Me sabía el manual del buen cubano:
que si las playas, que si los paisajes,
que no había verdor como el de Cuba
ni arenas como las de Varadero,
y por supuesto estaba convencida
de que mi educación era la máxima
y que no había médicos competentes
ni hospitales tan buenos
como los de mi Cuba.

Con ese presupuesto,
sintiéndome orgullosa y millonaria
me alejé de mi centro
a una distancia donde no veía
el Malecón, el Morro, el Capitolio,
todo el anecdotario nacional,
ese muro invisible que no deja
mirar al horizonte.


Desde aquella distancia
Cuba era un punto minúsculo en el mapa,
una noticia al mes,
unas ofertas
de hotel con desayuno
y caras de mulatas sonrientes
bajo los cocoteros.


Tengo que confesar que me dolía
renunciar a mi esencia, a esos esquemas
que, poco a poco, fueron pareciendo
ingenuos, desfasados, fantasmales,
lejanos en el tiempo
y acaso ensoñaciones.


¿Qué hacer con mis nostalgias de boleros
y actos de patriotismo?
¿Cómo circunscribir tanta entropía
a un medio frío y austero?


La indigestión duró casi un quinquenio
en el que cometí varios dislates:
me aficioné a la música local
y puse en un altar a Silvio y Pablo
junto a David Calzado y los Van Van.


Con gusto sospechoso
creyendo que al hacerlo me llevaba
un pedazo de isla
adquirí souvenires de la feria:
(negritas con tabacos, tumbadoras,
maracas y bohíos con palmeras)
y decoré mi casa con aquellos
sucedáneos de arte nacional.

Me empeñé en cocinar arroz, frijoles
y esos tamales que nunca cuajaron.
Mi casa fue embajada y yo activista
de aquel estereotipo de supuesta
cubanía.

Pero nada es eterno como dicen
y a mí me fue picando poco a poco
el bicho venenoso de la duda.
Y comenzaron las comparaciones
en las que, hay que decirlo,
mi pequeña isla amada
quedaba en evidencia
o al menos en incómodo silencio.

Quizás fueron el tiempo y la distancia
que todo lo destruyen,
quizás fue poco a poco darme cuenta
de que sin mi moneda y mis regalos
mi familia apenas sobrevivía.
De que las teorías leninistas
no daban de comer, y para colmo
estaban desfasadas.

Y por más que quería conservar
esa idea romántica del pueblo
generoso y desinteresado,
solidario e internacionalista
los hechos se imponían dolorosos:
50 cuc de entrada al aeropuerto,
la cordial bienvenida,
el precio del soborno por dejarme
pasar mis baratijas,
pedacitos de amor empaquetados
con olor a jabón capitalista.
Media familia aquí y la otra parte
desparramada por la geografía.
Pero, ¿quién necesita de familia
si hay dignidad, salud y educación?

El mejor país del mundo reniega de sus hijos,
ese país que un día fue real
ahora vive de recuerdos y esperanzas,
subsiste de remesa familiar,
de ese dinero malo
que gano con sudor y con tristeza.

Si la doble moral alimentara
no haría falta luchar contra el bloqueo,
no harían falta inyecciones de dinero
sucio y capitalista.



La verdad es que aquí me quedé porque se me hizo un nudo en la garganta. No es un buen poema, lo sé, es una catarsis, otra más, ya estoy casi curada de mi rabia.
Saludos,

Silvio Rodriguez - El sol no da de beber

Una de las pocas veces que he visto a Silvio (lo de ver es un decir porque la calidad de la imagen es mala) haciendo de actor. No sé a ustedes pero a mí me encanta. Nunca le agraderé lo suficiente por sus canciones.

Dos borrachas (de vida)



Esta es Marcela, argentina, astróloga y escritora de teatro, una bohemia integral, un personaje iluminado. La de la izquierda es una servidora. Esto fue hoy en una calle del casco antiguo de Palma.
Les dejo con más fotos que tomé en el casco antiguo, espero puedan sentir la atmósfera decadente que se respira en sus calles estrechas. Son siglos de historia.
El niño es el hijo de Marcela, Santiago.


miércoles, 29 de agosto de 2007

Francisco Umbral Quiere Hablar De Su Libro

Para que vean uno de sus momentos memorables. Para troncharse de la risa, era muy bueno, único.

Muerte de Francisco Umbral


Este blog está de luto por la muerte de un coloso. Ya nunca más podremos leer sus ingeniosos artículos. Dicen de él que fue "el poeta de la prosa", yo estoy de acuerdo.

Vaya aquí mi sencillo homenaje para quien me alegraba las mañanas.

Orgullo y dignidad

Ya van varias veces que tengo que quedarme callada cuando alguien menciona la escandalosa pérdida de valores éticos y morales que se nota en la sociedad cubana actual. Lo mismo he tenido que hacer cuando me llegan quejas sobre ciertas actitudes deshonestas de compatriotas que se aprovechan de la buena voluntad de los turistas para estafarles o contarles miserias que, aunque reales (qué duda cabe), dejan en mal sitio el tan reconocido orgullo cubano, esa gallardía que siempre nos caracterizó y que hoy parece escasear en la isla.
Y aquí sé que me estoy metiendo en un berenjenal, porque este tema tiene mucha tela por dónde cortar y muchos culpables, incluyendo los que estamos fuera y nos hemos desentendido un poco del curso de las cosas dentro de la isla, que es mi caso y el de muchos emigrantes que preferimos enajenarnos a observar impotentes el deterioro general del país.
Hasta hace poco mi impulso natural habría sido el de justificar estas actitudes, invitando a mis interlocutores a ponerse en nuestro pellejo, explicándoles que, ante una situación difícil como la que se vive allá, con escaceces y restricciones disímiles, todo se relaja, incluyendo la educación formal, un valor, por cierto, en franca decadencia desde que a los ideólogos revolucionarios les dio por hacer creer que todos éramos iguales, tal y como dictaba la teoría marxista-leninista (¿mala interpretación?, ¿mala filosofía?).
Lo peor fue que ese igualitarismo, esa igualdad forzada, se erigió sobre una base mediocre y de mal gusto, desechando todo cuanto oliera a refinamiento por considerarlo -vaya idea equivocada- "rezagos pequeño burgueses". El resultado de aquel experimento, lo digo para quienes no conocen mucho de Cuba, fue una sociedad en la que florecieron la doble moral, la envidia, la vulgaridad, etc. Vamos, lo más facilito, ¿para qué complicarle la vida a las masas populares que ya bastante entretenimiento tenían con la lectura de El Capital? Y entre tanto el "hombre nuevo" agonizaba en el vientre de su madre (porque nunca llegó a nacer, que yo me enterase).
Como iba diciendo, antes yo solía justificar con condescendencia tales actitudes ("la justificación es la prostitución del espíritu", me viene ahora a la mente una consigna, para variar). Mientras vivía en Cuba, y aún cuando estaba recién llegada, no veía nada malo en tener un poquito de doble moral, pero es que ni pensaba que ese replegamiento en función de las circunstancias fuera doble moral, ni siquiera sabía distinguirla. Tan deformada estaba, que no era capaz de ver estos dobleces que en mí misma se manifestaban (aún continúan manifestándose, aunque cada vez menos desde que me he propuesto erradicar esta rémora. Cuesta bastante porque la doble moral es muy cómoda y si uno la deja ella pervive ahí, agazapada pero presente, por los siglos de los siglos).
Últimamente cada vez me cuesta más dar por buenas determinadas cosas de nuestro país, y me siento más y más indignada cuando sufro, directa o indirectamente las consecuencias de tantos desmanes, tanta desidia, tanta acumulación de mierda.
Ya no se trata de problemas máso menos sencillos como que el pueblo llano no sepa hablar y mucho menos pensar por su propia cabeza mientras nos siguen vendiendo el cuento de que la educación que tenemos es la mejor de latinoamérica (además de la salud, claro), esos atrasos, en definitiva, los padecen casi todos los países latinoamericanos, aunque jode el embuste. Tampoco se trata de que se se hayan perdido (o al menos mi generación no conozca) ciertos detalles como las buenas maneras, las frases de agradecimiento, la cortesía en el trato, sobre todo en los servicios. Ya no se trata de que el pueblo se la pase enajenado bebiendo ron y jugando dominó (una opción muy válida, pero definitivamente no la única), de que, a falta de otras diversiones, todo se resuma en el sexo, omnipresente y enfermizo, o que el mal gusto esté generalizado en una población que hace lo que puede por sobrevivir entre tanta miseria.
No se trata sólo de eso. Se trata de cosas más profundas y dolorosas. Se trata de los miles de cubanos y cubanas que se han convertido en ladrones de guante blanco, embusteros por necesidad, que van acostumbrándose a hurtar aquí y allá, en los centros de trabajo, en cualquier sitio, da igual lo que sea, porque todo hace falta, y que no sé yo si llegado el momento sabrán poner fín a tan mala costumbre.
Se trata de esas mujeres y hombres que se prostituyen cada vez con más facilidad, y yo no soy moralista sino que creo que cada cual debe hacer con su vida lo que quiera, pero pienso en los malos ratos, en el gravísimo error de tomar la excepción como norma, y en esos adolescentes que crecen viendo este fenómeno con naturalidad. Pienso en el excesivo amor a las cosas que he podido constatar en una sociedad que se decía socialista y que hoy es víctima del consumismo más feroz, un consumismo de pacotillas, pero consumismo al fín y al cabo.
Pienso en el daño moral que nos ha hecho esa falta de seriedad de un gobierno caprichoso, extravagante e improvisado, que ha creado seres traumatizados, ya sea sin personalidad o con múltiples personalidades, sospechosamente adaptables, ambiguos, escurridizos, holgazanes, lerdos, informales, vulgares, incapaces, en fín.
Creo que me he pasado un poco con las críticas de una manera incómoda incluso para mí, pues todo esto me afecta directamente, pero este exorcismo va contra los que engendraron al Frankenstein que es hoy el pueblo cubano, no contra el pueblo que, en definitiva, es quien sufre las consecuencias.
Todo esto venía a cuento de que un amigo español que conoce mucho Cuba y ha ayudado en varias ocasiones a cubanos me comentara que lo que más le llama la atención es que los cubanos tenemos mucho orgullo, ese patriotismo absurdo que nos han inculcado, pero, dice mi amigo, que a ese orgullo no lo acompaña la misma dosis de dignidad, entendiendo por eso la dignidad de toda la vida: pagar las cuentas, no pedir por pedir, mantener la palabra, etc. No sé si darle la razón o discutir, quizás estoy un poco acomplejada por estas opiniones y me he pasado al lado hipercrítico, pues para que critiquen otros, critico yo.
Me duele tener que escribir esto, teniendo en cuenta que parte de mi familia, una parte muy cercana, vive en Cuba y temo por que puedan sentirse mal al leer esto, pero ellos saben que no va contra ellos, yo conozco su calidad humana, pero espero que etiendan que es imposible tapar el sol con un dedo y todo esto que he dicho es de sobra conocido.
Por último, para ser justa, quiero decir que los cubanos también tenemos muchos valores destacables, algunos de ellos (la solidaridad y el compañerismo, el humanismo) precisamente estimulados por la Revolución, ya se sabe que las cosas no son nunca en blanco y negro.

lunes, 27 de agosto de 2007

Más poemas adolescentes

Maldita indecisión

Inconforme que soy, que aún teniendo
el mundo entre mis manos no me sacio.
Las nubes con que sueño
me impiden ver el sol.

Estoy enferma
de grandes sueños,
de melancolía,
y de amor.

Camino y pienso
mientras camino
cómo sería mi vida,
si no hubiese sido
tal como es hoy.

Y cada paso que doy
lleva un paso arrepentido.

A veces miro atrás,
otras regreso
a buscar lo que dejé
en el camino.

Fama y aplausos

Hagamos algo que sirva para todos,
algo multipropósito, por ejemplo:
un poema de amor,
un cuento de relajo,
una peli de acción,
un artículo de belleza,
una dieta,
una receta de cocina,
un solo de decoración,
una reseña deportiva,
una historieta,
un editorial,
un anuncio masivo, masivo, masivísimo,
una concentración.

Solo así pasaremos al salón de la fama
que es el nombre secreto
del cuarto del olvido.

La mueca

Una mujer camina por las calles
luciendo su mejor sonrisa
como un juguete de vidriera
que pide a gritos ser comprado.

Hay sonrisa para todos,
está la diplomática,
la sonrisa seductora,
la de niña inocente,
y la de convencer a quien sea necesario.

Pero lo cierto de todo es
que tras de la sonrisa hay una mujer triste,
una mujer extraña,
que por este motivo no encaja
ni aún en su propio cuerpo.

Esa mujer sonrisa es como un pozo
de infinita tristeza,
un volcán en peligro de erupción
que nunca se sabe cuándo y cómo estalla.

El llanto la sorprende sin quererlo
en medio de una fiesta,
o en la calle
mientras hace las compras
cualquier día del año
(da igual que sea festivo).

Y la sonrisa que sigue pegada
a su cara,como una careta,
le desfigura el rostro en una mueca,
le desvirtúa el llanto
en una risa histérica.

Pobre mujer que no puede llorar,
que anda de risa en risa tras el llanto.

Y cuando llora
entonces se transforma
ya no en un arcoiris,
ni siquiera un Pierrot,
sino en una grotesca,
triste,
inexplicable
caricatura.

Nueva campaña de la DGT

La Dirección General de Tráfico ha iniciado una nueva campaña en la que desaconseja rotunda y enfáticamente practicar el sexo (cualquier clase de sexo) mientras se conduce. Bajo el lema “Si sexo no conduzcas, si conduces, no sexo” ha lanzado una campaña contra la líbido interprovincial.
La agencia publicitaria encargada de realizar el spot ha tenido que presentar varios proyectos ante la dificultad de los creativos para ponerse de acuerdo sobre cómo enfocar este delicado asunto con la sobriedad requerida.
El primer spot no pasó la censura. En él aparecían fotografías reales de accidentes, pero las expresiones de los conductores en el momento del accidente no resultaban demasiado impactantes. Entonces un experto, tomando como base esta idea pero evitando que se vieran las caras, realizó un spot más dramático y aconsejó emitirlo en horario nocturno.
Lejos de concienciar a los conductores, este spot significó un auténtico fenómeno de rebote: cientos de miles de parejas se lanzaron a probar el sexo en marcha. Ante el aumento sin precedentes de tan temeraria conducta, los directivos de la DGT decidieron instalar luces en todas las carreteras oscuras, así como cámaras dotadas de un potente sistema de infrarrojos para grabar las 24 horas y castigar con multas a los calenturientos conductores.
Esta medida resultó, sino efectiva, al menos una rica fuente de ingresos para este organismo, que ya andaba escaso de fondos.

sábado, 25 de agosto de 2007

Chega de saudade - Gal Costa

Ve, tristeza mía y dile a ella que sin ella no puede ser... Así empieza esta bella canción de Antonio Carlos Jobim, más bonita aún en la voz dulce de Gal Costa.
"Chega de saudade" o Basta de tristezas , aunque saudade significa muchas cosas en portugués: nostalgia, melancolía... como la que me invade a mí esta noche. Difrútenla.

Tras la puerta

Terminó de bañarse con la última estrofa de la canción que se le había pegado aquella tarde. Comenzó a secarse lentamente: el cabello, los brazos… cuando la asaltó una duda: ¡Pero no, no puede ser! ¿En qué cabeza cabe? Solamente en la suya, retorcida como rama de árbol seco.
Era imposible, concluyó. No obstante aceleró el procedimiento: los pies, el cepillo, el dentífrico, casi estaba terminando de cepillarse los dientes cuando se miró al espejo: “simplemente estás loca ¿cómo se te ocurren esas ideas?”- se dijo mientras sonreía incrédulamente.
Unos pocos metros la separaban de la habitación; y la simple hoja de una puerta para entrar en cualquier momento. Podía tocar antes, para no tropezar con imprevistos o, de lo contrario – si se atrevía – abrirla y entrar como si nada, con naturalidad, como una turista japonesa. Luego, si no le gustaba el panorama, salir y punto. Lo peor ya habría pasado.
Mientras vacilaba de ésta manera continuaba mirándose al espejo: se gustaba de veras: “no estás nada mal ¿verdad? No eres de portada de Vanidades, pero tampoco de caricaturas”. Todo eso estaba perfecto… pero regresando al tema que la preocupaba: ¿qué haría? ¿Traspasaba el umbral de la puerta, o no?
Suponiendo que su sospecha fuera fundada tendría dos reacciones probables: una – la más convencional – cerrarla de inmediato, por pudor, y luego mandarlo todo a la mierda, de una forma elegante y sin perder la clase, tal y como recomienda el manual de buenas costumbres para futuras señoritas reprimidas.
La otra reacción conllevaba ya un despliegue de histrionismo: buen tono de voz – sin temblores inoportunos – y una adecuada carga emotiva en cada una de las frases. Si ese era el camino, irrumpiría bruscamente en la habitación derribando adornos y dispuesta a cualquier cosa… Pero no lograba imaginarse en esa posición de mosquetera, decididamente no iba con su estilo.
Pensándolo mejor llegó a la conclusión de que le quedaba una tercera opción: entrar a hurtadillas y decir que iba en son de paz, y, tal vez disfrutar del espectáculo; quién sabe si también el valor le alcanzara para formar parte. Después de todo, eso pasa en las mejores familias.
Mirándolo fríamente descubrió que no sentía incomodidad alguna. Por más que escarbara no lograría encontrar malestar. "Es gente muy querida" –se dijo, reflexionando sobre la delgada frontera entre amor y amistad. "¿Acaso la amistad no será el amor disfrazado?"- se preguntó.
"No existe malestar", concluyó, y dicho esto abrió la puerta de la habitación, decidida a encontrar una respuesta.

viernes, 24 de agosto de 2007

Amo al árbol




Amo al árbol que yace junto a mí
porque es de roble
bueno y noble.

Amo a ese árbol
no sé por qué motivo.
Quizás porque me escucha y desde su silencio
sé que me entiende
y aunque no pueda decirlo
lo veo en sus hojas verdecidas,
lo veo en su sombra acogedora.

Un día le hice daño, sin quererlo
rasgué su tronco fuerte y poderoso,
con manos miserables.

Lo creí viejo y seco,
pero nunca fue el fruto más sabroso,
y nunca mi conciencia más amarga.

Quizás estaba escrito
que yo habitara un árbol como éste
en esta vida.
No un pájaro, no un pez, un árbol fuerte.
Admirable volumen de músculos y nudos.
Más frágil si más recio.

Bello y fuerte como un felino en guardia.
Seco y dulce como un hombre de antes.
Silencioso.



jueves, 23 de agosto de 2007

Puesta de sol en Montüiri




Hola chicos:

Hoy estuve en las fiestas de San Bartolomé, o Sant Bartomeu, como se dice en catalán, que son típicas de Montuiri, un pueblo de Mallorca, precioso pueblecito donde tuve la oportunidad de contemplar una puesta de sol sobre las montañas, un espectáculo que hacía mucho tiempo no observaba, (es lo que tiene vivir en la ciudad).
Las fotos no son excepcionales pero reflejan en parte esta escena bucólica: el campo mallorquín, que tiene su encanto, y los tonos rojizos (tan característicos de los ocasos cubanos).
La que contempla la puesta de sol es Marga, una amiga.
Por cierto que no pude ver a los cossiers, que son los que bailan con sus trajes típicos y que lo hacen pocas veces al año, en especial en estas fiestas, yo fui a verlos por un lado y ellos se fueron por otro, pero bueno eso me da un pretexto para ir el año próximo.
Cada vez me gusta más el campo y la gente de campo, son más auténticos, menos rebuscados.
En fín, que disfruten de esta puesta de sol como yo la he disfrutado.
Hasta pronto,
Yo.




martes, 21 de agosto de 2007

Viaje al centro de mí misma

Quería hacer una crónica de mi viaje a Barcelona, pero luego me dí cuenta de que en realidad no ví Barcelona, sino que esta ciudad, como hubiera podido ser cualquier otra, fue el pretexto para realizar un viaje interior y, de paso, como quien no quiere las cosas, ver mundo. Pero sólo de soslayo, con los ojos entrecerrados.
Este viaje me sirvió para pensar y poner orden a mi vida. El efecto de viajar, dicen, es dar la sensación de que el tiempo se detiene, tomar distancia de tu realidad, distancia física que de algún modo simbólico se transforma en distancia mental, y ver las cosas claramente.
Yo ví mis problemas despejarse incluso antes de salir. Escéptica como soy siempre desconfié de la idea del viaje como solución mágica. Siempre me he opuesto a quienes piensan que viajando van a escapar de sus problemas. Pero ahora que lo he experimentado en carne propia tengo que decir que sí que ayuda, sino a encontrar la solución a los problemas, al menos a actuar con mente fría.
Lo mejor de mi viaje fueron los amigos nuevos que hice, amigos que ya son imprescindibles para mí, como Fabien, Yoyi y María, los compañeros de piso de Faby: Pedrito (cubano), Marco (italiano) y Verónica (uruguaya), quienes hicieron mi estancia más agradable y me brindaron su cariño desinteresado.
Claro que no fueron esas las únicas personas con las que interactué, también conocí a otras, algunas muy interesantes, por cierto, entre ellas a Jorge Ferrer, autor del blog El tono de la voz. Con él y con Jorge Pérez, esa mente sensible detrás del blog Segunda Naturaleza estuvimos hablando de todo un poco en un bar del barrio de Gracia (atestado a causa de las fiestas), por supuesto que el tema de Cuba y su futuro salió a colación, pero eso será otra crónica.
Cataluña me mostró su lado más amable, fue mi anfitriona sin hacerse notar demasiado, no ostentó sus riquezas, que las tiene, y me dejó recorrerla sin rumbo definido. Ya sabe ella que volveré porque lo que entreví me pareció atractivo, y esta visión ya fue suficiente para saber que la amaré por mucho tiempo.
En fín que la pasé muy bien y que ya estoy deseando volver, pero ahora hay que sentar cabeza, es lo que corresponde a esta etapa, que esperemos que no dure demasiado, ya que el orden y yo no tenemos nada que ver.
No obstante, qué bien se está en casita.









Amigos en la fiestas del barrio de Gracia.


Barcelona es poderosa, Barcelona tiene poder


Hola chicuelos calurosos (o no) de este agosto raro raro:
He estado en Barcelona, les dejo con unas fotos de esta ciudad poderosa, como dice Peret en su rumba catalana.
Saludos,
Ivis.















Pronto subiré más, si esto no fuera tan desesperante subiría muchas, pero es muy lento.
Abrazos y besos,
Ivis.