viernes, 29 de agosto de 2008

Las estaciones

Nos sorprendían
las estaciones
con lluvia pertinaz que se colaba
por los zapatos
y humedecía el recuerdo y las campanas
de nuestros pantalones.

Nos sorprendió el café que, surgido de la nada,
acogedoramente nos mostró
que los otoños son para recogerse.

El frío nos paralizó más tarde
nos abrazamos para mitigarlo.
Bajo las finas sábanas hicimos el amor enfurecidos:
no sabíamos qué hacer
nadie nos advirtió del frío.

Corrimos a comprarnos los abrigos
y anduvimos -más de lo aconsejable-
entre pieles ajenas,
pieles que se llevaron nuestros sueños.

Pero antes de eso padecimos frío y rabia
y encierro y soledad tras las ventanas
viendo nieve caer y maldiciendo
la suerte de emigrar, de no ser nadie.

Comiendo, recordando, entrando en los comercios
con música y calor casi humanos
esos que tanta falta nos hacían.
Y acabamos comprando, acumulando
artículos de feria
para nosotros y para la tribu.

Nos sorprendió la primavera con su moda
como un secreto a voces
cuando empezábamos a sentirnos
cómodos en las pieles.

Nos sorprendió el verano descarado;
imposible verano
en esta tierra oscura y desolada.

Y vimos que la vida
podía ser amable
y enseñar la raíz
pero a nosotros
se nos había congelado el alma
y -desconfiados- mirábamos de reojo
por si volvía el frío.

Hoy ya no me sorprenden los veranos
sin embargo me angustio
y aunque es agosto sé
que ya viene el otoño,
lo presiento.

8 comentarios:

Al Godar dijo...

Muy bonito.
Aunque el cambio de las estaciones ha sido tema hasta el aburrimiento, siempre que se diga bien, como aqui, vuelve a sorpender por su increible fuerza. Si viene además convoyado por el dolor del exilio, como aqui, tiene entonces un efecto impactante.
Y eso que dices que no eres profesional!
Saludos,
Al Godar
Ah, tienes un premio por allá.

Ivis dijo...

¡Muchas gracias, Al! Luego paso a recoger mi premio.
Me alegro de que te guste, a mí me parece que es un tema que tiene mucha tela por donde cortar.
Un saludo.

Yo soy Medea dijo...

Muy cierto... tan cierto que da tristeza, como los buenos poemas, nos sirven de espejos a nosotros mismos.

Ivis dijo...

Tristeza y alegría de haber pasado ya por esa etapa. Al final las estaciones son todas nuestras, y todas, absolutamente, hay que disfrutarlas, ¿no crees, Mede?
Un besote.

Ernesto G. dijo...

Me gusta mucho. Fluye muy bien.

Ivis dijo...

Gracias, Ernesto. No te tengo en mis links, paso a enlazarte.
Un saludo.

Aguaya Berlín dijo...

Ah... qué lindo, Ivis!!!!!

Betty dijo...

yo también...lo presiento.