miércoles, 31 de octubre de 2007

La muerte

Pensar que la muerte es eso: un estar y luego no estar más de las personas queridas. Un día de mucho frío y dudas (¿quién nos queda?), y luego un ir penando entre recuerdos por el descuido de no haber vivido bien.
Hay que ver cómo adornamos la vida con artificios, cosas intrascendentes, todo con tal de no darnos cuenta de la esencia, esas deudas de amor que contrajimos desde la cuna (somos el resultado de los besos de toda esa gente buena que olvidamos). Y no hay culpa en este hecho de olvidar, así está escrito: cada beso del mundo será devuelto a otra persona, y cada bofetada. Es pura matemática.

3 comentarios:

Amiga Atlántica dijo...

"somos el resultado de los besos..."
Me ha llegado al alma esta reflexión. Yo personalmente la refiero a los besos de la niñez, con los que crecemos, esos tan ricos de nuestros padres, nuestros abuelos, hermanos, etc...

Ivis dijo...

Pues sí, a esos mismos me refiero, pero también a los de mayores, esos besos y caricias simbólicos de la vida cuando las cosas nos salen bien porque (aunque no lo sepamos) alguien, un amigo anónimo, se ha ocupado de abrirnos el camino. Eso merece nuestro agradecimiento.
Un saludo, amiga.

General Electric dijo...

huy! esa bofetada última dolió...