jueves, 25 de octubre de 2007

Louis Armstrong - When the saints go marching in


No encontré la canción que aquí se cita, pero encontré esta otra que está bien marchosa. Ah, cuánto daría por estar ahora en París junto a una chimenea fumando (no fumo, pero se me antoja emocionante y hablando un poco de mierda intelectual). Claro que todo eso lo puedo hacer aquí (qué otra cosa sino estoy haciendo ahora) pero no es lo mismo.
Ah, la bohéme!

Capítulo 13 Rayuela


Envuelto en humo Ronald largaba disco tras disco casi sin molestarse en averiguar las preferencias ajenas, y de cuando en cuando Babs se levantaba del suelo y se ponía también a hurgar en las pilas de viejos discos de 78, elegía cinco o seis y los dejaba sobre la mesa al alcance de Ronald que se echaba hacia adelante y acariciaba a Babs que se retorcía riendo y se sentaba en sus rodillas, apenas un momento porque Ronald quería estar tranquilo para escuchar Don`t play me cheap.

Satchmo cantaba
Don`t you play me cheap
Because I look so meek.

y Babs se retorcía en las rodillas de Ronald, excitada por la manera de cantar de Satchmo, el tema era lo bastante vulgar para permitirse libertades que Ronald no le hubiera consentido cuando Satchmo cantaba Yellow Dog Blues, y porque en el aliento que Ronald le estaba echando en la nuca había una mezcla de vodka y sauerkraut que titilaba espantosamente a Babs. Desde su altísimo punto de mira, en una especie de admirable pirámide de humo y música y vodka y sauerkraut y manos de Ronald permitiéndose excursiones y contramarchas, Babs condescendía a mirar hacia abajo por entre los párpados entornados y veía a Oliveira en el suelo, la espalda apoyada en la pared contra la piel esquimal, fumando y ya perdidamente borracho, con una cara sudamericana resentida y amarga donde la boca sonreía a veces entre pitada y pitada, los labios de Oliveira que Babs había deseado alguna vez (no ahora) se curvaban apenas mientras el resto de la cara estaba como lavado y ausente. Por más que le gustara el jazz Oliveira nunca entraría en el juego como Ronald, para él sería bueno o malo, hot o cool, blanco o negro, antiguo o moderno, Chicago o New Orleans, nunca el jazz, nunca eso que ahora eran Satchmo, Ronald y Babs, Baby don`t you play me cheap because I look so meek, y después la llamarada de la trompeta, el falo amarillo rompiendo el aire y gozando con avances y retrocesos y hacia el final tres notas ascendentes, hipnóticamente de oro puro, una perfecta pausa donde todo el swing del mundo palpitaba en un instante intolerable, y entonces la eyaculación de un sobreagudo resbalando y cayendo como un cohete en la noche sexual, la mano de Ronald acariciando el cuello de Babs y la crepitación de la púa mientras el disco seguía girando y el silencio que había en toda música verdadera se desarrimaba lentamente de las paredes, salía de debajo del diván, se despegaba como labios o capullos.

-Ça alors –dijo Etienne.

-Sí, la gran época de Armstrong –dijo Ronald, examinando la pila de discos que había elegido Babs-. Como el período del gigantismo en Picasso, si quieres. Ahora están los dos hechos unos cerdos. Pensar que los médicos inventan curas de rejuvenecimiento... Nos van a seguir jodiendo otros veinte años, verás.

-A nosotros no –dijo Etienne-. Nosotros ya les hemos pegado un tiro en el momento justo, y ojalá me lo peguen a mí cuando sea la hora.

-La hora justa, casi nada pedís, pibe –dijo Oliveira, bostezando-. Pero es cierto que ya les pegamos el tiro de gracia. Con una rosa en vez de una bala, por decirlo así. Lo que sigue es costumbre y papel carbónico, pensar que Armstrong ha ido ahora por primera vez a Buenos Aires, no te podés imaginar los miles de cretinos convencidos de que estaban escuchando algo del otro mundo, y Satchmo con más trucos que un boxeador viejo, esquivando el bulto, cansado y monetizado y sin importarle un pito lo que hace, pura rutina, mientras algunos amigos que estimo y que hace veinte años se tapaban las orejas si les ponías Mabogancy Hall Stomp, ahora pagan qué sé yo cuántos mangos la platea para oír esos refritos. Claro que mi país es puro refrito, hay que decirlo con todo cariño.

-Empezando por ti –dijo Perico detrás de un diccionario-. Aquí has venido siguiendo el molde de tus connacionales que se largaban a París para hacer su educación sentimental. Por lo menos en España eso se aprende en el burdel y en los toros, coño.

-Y en la condesa de Pardo Bazán –dijo Oliveira, bostezando de nuevo-. Por lo demás tenés bastante razón, pibe. Yo en realidad donde debería estar es jugando al truco con Traveler. Verdad que no lo conocés. No conocés nada de todo eso. ¿Para qué hablar?

6 comentarios:

General Electric dijo...

descorazonadoramente bueno. Si no se puede escribir así (no) vale la pena hacerlo...? Es increible cómo el puro lenguaje crea las atmósferas... sin necesidad de descripciones... el pibe argentino se roba el show, como de costombre

Ivis dijo...

Bueno, tampoco tan calvo, sino apaga y vámonos, mañana se cierra el blog.
Es una maravilla, todo el libro lo es, ¿y sabes qué es lo que más me gusta? Su sentido del humor.

Al Godar dijo...

Coño!
Hacia rato que no venia por aqui y ahora lo estoy pagando.
He tenido que leer una pila de cosas, afotunadamente, todas buenas.
No se porque dices que eres microbiologa: Eres divina.

Ivis dijo...

Me recordaste a "La bailarina española".
Mil gracias, Al Capone, ya te caigo por allá.

Té la mà Maria - Reus dijo...

a parte de buen gusto musical eres muy buena narradora, felicidades

besos de tus amigos de Reus

Ivis dijo...

Bueno, espero que no lo digas por este texto de debajo, que es de Cortázar. Por lo demás, aún me queda mucho por aprender, pero vamos caminando.